Jayce. Algo más que prohibido 69 ​​ Jayce
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Frustrante

Si tuviera que describir las últimas veinticuatro horas, solo podría decir que han sido desesperadamente frustrantes.

No dejo de darle vueltas al mensaje que me envió Alexander después de nuestra discusión.

¿Qué hizo exactamente después de hablar conmigo? ¿Fue directamente a hablar con Ava?

Probablemente sí, pero ella ni siquiera lo ha mencionado.

Y eso significa que, si escuchó algo, no debió de ser demasiado importante.

He repasado mentalmente toda la conversación varias veces y sé que la parte más delicada no pudo oírla.

Estábamos en el jardín y Ava no estaba cerca.

El problema llegó después, cuando entré en el despacho y seguí hablando allí.

En ese momento ya no podía controlar si estaba escuchando detrás de la puerta.

Pero no es eso lo que me inquieta.

Lo que no consigo sacarme de la cabeza es el mensaje de Alexander.

Lo he leído tantas veces que ya casi podría recitarlo de memoria. Y cada vez me revuelve más el estómago. Cada vez me enfada más.

Pero leerlo una vez más no va a empeorar nada.

Quizás la vez número mil quinientas seis consiga entender qué coño pretende realmente.

He hablado con Ava.

Quiere que vuelvas a Boston. Te lo propondrá. Estoy seguro.

Solo tienes que mostrar entusiasmo por quedarte.

Y, por supuesto, ignorarlo.

No he hablado contigo. Se lo he prometido.

No metas la pata. Sal de esta como puedas.

Después del mazazo intenté llamarlo varias veces, pero no quiso atenderme.

Y cuanto más intentaba entender qué demonios estaba haciendo, más confundido terminaba.

Le pregunté también por mensaje:

¿Qué significa que quiere que vuelva a Boston?

Y la respuesta me dejó completamente clavado al suelo.

Quiere que todo vuelva a la normalidad.

Considera que ya no debes estar en Silver.

Cree que la declaración no es importante.

Quiere volver a su vida y ella seguir con la suya.

Quiere que yo te exija que vuelvas.

Le he pedido que no te diga nada.

Pero lo hará. La conozco.

Si es así, lo arreglas. Y lo arreglas bien.

Termina la declaración. Vuelves.

Y vuelves con ella.

Más claro imposible.

No hemos hablado.

Si no te dice nada, olvida esta conversación.

Y deja de cogerle cariño. El justo. Estás trabajando.

Es mi hija.

No sé qué me dolió más, si esas palabras cargadas de prepotencia, el hecho de que no se molestara en darme una explicación cuando intenté hablar con él por teléfono o esa maldita frase de que Ava quiere que vuelva a Boston.

Sí lo sé. Lo último es lo que realmente me destrozó.

Sé que la conversación que tuvimos sobre contarle la verdad a Ava lo trastornó y que muchos de esos mensajes están escritos desde la rabia.

Ya le conozco. Son demasiados años trabajando a su lado.

Y entiendo perfectamente que lo que le dije lo haya colocado en una situación incómoda.

Pero sigue sin cambiar lo importante: mentiras.

Y eso, por mucho que lo admire, lo aprecie y le deba prácticamente mi carrera entera, y hasta la vida, no puedo justificarlo.

Ava merece conocer la verdad. No puede seguir creyendo que su madre tomó una mala decisión ocultándoles la verdad a los dos. No puede seguir viendo a Alexander como una víctima inocente que jamás supo que tenía una hija.

Ellos tienen derecho a construir su relación, claro que sí. Pero deberían hacerlo sobre la verdad, no sobre una versión cómoda de la historia.

Ava merece saber quién fue realmente su madre.

Y también quién fue realmente su padre.

Pero ni siquiera eso es lo que más me preocupa ahora mismo.

Lo que no dejo de preguntarme es por qué Ava quiere que vuelva a Boston.

¿Por qué no me ha dicho nada?

¿Es realmente eso lo que quiere?

No encaja con nada de lo que he vivido con ella estos días.

Aunque, siendo sincero, ayer hubo momentos que me hicieron dudar.

Volvió mucho más tarde de lo acordado alegando que se había entretenido visitando a Blake.

Durante la cena en Two Harbors estaba rara. Más callada de lo habitual. Ausente, incluso.

Y cada vez que le preguntaba qué le pasaba respondía lo mismo: que sentía que la cabeza le iba a explotar con todo lo ocurrido.

Y yo tampoco estaba precisamente en condiciones de animar a nadie porque las palabras de Alexander me habían partido en dos.

Durante la cena hablamos de la declaración, de que se había pospuesto, e incluso intenté bromear con ello.

«Voy a tener que cobrarle muchísimo más a tu padre por soportarte dos semanas extra».

Ella se rio y contraatacó como siempre hace.

Pero había algo raro en ella, sobre todo después de la cena.

Ni ella ni yo parecíamos tener demasiadas ganas de continuar con nuestros juegos nocturnos y, por primera vez en mucho tiempo, terminamos retirándonos cada uno a su dormitorio.

Y eso sí me dejó completamente jodido.

Confieso que esperé como un idiota a que apareciera en el borde de mi cama para susurrarme cualquier tontería, pero no ocurrió.

La noche se hizo eterna. Y las dudas, todavía más.

Estoy agotado de darle vueltas a todo esto.

Necesito respuestas. Y voy a conseguirlas.

El único problema es que la doctora lleva fuera todo el día, en la clínica, y hace apenas unos minutos me ha enviado un mensaje diciendo que llegará tarde porque Blake la necesita.

Y yo voy a seguir aquí, esperando como un auténtico imbécil.