66 Ava
Otros interrogantes
—¿Ya no está interesado Blake en comprar la casa? —me pregunta el abogado con total tranquilidad mientras estamos estirados en el suelo del salón mirando al techo después de habernos dado un homenaje de sensaciones bajo el chorro de agua caliente de la ducha.
Es lo que hacíamos en la casa de Duluth. Pero, claro, aquel salón tenía unas vistas espectaculares y una alfombra bastante más mullida. Libre de ácaros, según la disparatada teoría del abogado, que, por lo que veo, sigue empeñado en encontrar microorganismos asesinos en cualquier parte.
—No hemos vuelto a hablar del tema, pero tampoco hace falta. ¿De verdad crees que alguien puede seguir interesado en esta casa después de todo lo que ha pasado aquí?
—No sé por qué lo dices. Ahora tiene más valor. Historia macabra incluida. La de Amityville se queda pequeña.
Me echo a reír, como siempre que dice ese tipo de barbaridades con absoluta naturalidad.
—Esta casa no la voy a vender nunca. Todavía no me atrevo ni a pensar en todo lo que ha pasado aquí dentro.
—¿Qué es lo que más te inquieta?
—Saber que hay una historia horrible en la que mi abuelo y mi tío participaron de alguna manera.
Aunque todavía no sepa hasta qué punto estuvo implicado cada uno ni qué ocurrió realmente.
Pero siento vergüenza… y bastante asco. Y luego está Blake, que está pagando algo que no ha hecho, viendo cómo se rompe su relación con Richard por una verdad que le está destrozando. ¿Sigo?
—Solo si necesitas desahogarte.
—Ya lo he hecho muchas veces, abogado. No pienso torturarte más.
—No sé si lo has hecho suficiente. Quizás necesites…
Se detiene.
—¿Explotar? —continúo yo—. ¿Te refieres a explotar como hice hace unos días contigo? Puede ser, pero de momento prefiero intentar gestionarlo de otra manera. Quizás mañana. Ahora solo quiero que todo se calme un poco más y volver a Boston dentro de dos semanas. ¿Seguro que serán solo dos?
—Confirmado. Pero ya te he dicho que esa visita a fiscalía ha perdido bastante fuerza.
Ahora mismo están centrados en Ben y Agnes.
Buscan respuestas ahí, y Daniel ha pasado de desaparecido a investigado por homicidio o cómplice de homicidio.
Pero no se confunda, doctora, sigue necesitando un abogado. Y necesita al mejor.
Me acurruco sobre su pecho.
—¿No tienes ganas de volver a Boston?
—¿Y aguantar a tu padre? No. Prefiero aguantarte a ti un poco más. Eres bastante insufrible, pero al menos das menos órdenes.
Me echo a reír. Últimamente mi padre se ha convertido en el centro de casi todas nuestras bromas.
Sé que Jayce lo hace para distraerme, pero agradezco muchísimo las historias y anécdotas que me cuenta sobre él.
Sigue siendo un desconocido para mí y, de alguna manera extraña, escuchar hablar de él a Jayce consigue que lo sienta un poco menos lejano.
—Me siento muy halagada por los motivos que te hacen alegrarte de quedarte, abogado.
—¿Y por qué iba a alegrarme? Asesinatos, dolor, pérdidas, un pueblo aburrido y una casa embrujada… —hace una pausa teatral—. Ah, claro. Puede que tenga algo que ver una doctora orgullosa y bastante pesada que, cuando se lo propone, puede llegar a ser una compañía decente.
—Me refiero exactamente a eso —le digo sonriendo.
Confieso que durante unos segundos hasta me había emocionado pensando que iba a hacer una descripción algo más profunda. O más íntima. O más exclusiva.
Pero yo tampoco hablo nunca con él en esos términos.
Es como una especie de pacto silencioso que ninguno de los dos ha pronunciado jamás.
Hasta hace unas semanas yo habría salido corriendo solo de pensar que esos términos pudieran interesarme, pero ahora…
ahora me atraen, joder. No sé si es que todo esto está avanzando demasiado rápido o si Jayce tiene razón y esta casa está embrujada y me obliga a pensar demasiado y en cosas que probablemente no necesito.
—Ava… Debió de ser muy impactante para ti cuando tu madre te habló de tu padre, ¿cierto?
No entiendo hacia dónde ha ido su cabeza de pronto, pero supongo que intenta cambiar de tema.
—Sí, lo fue. Toda la vida creyendo que fue alguien pasajero en su vida, que prácticamente no existía, sin saber dónde vivía, cómo se llamaba o a qué se dedicaba… Y, de repente, descubrir que hasta quería conocerme. Sí, fue impactante, lo confieso.
—Tu madre te lo ocultó mucho tiempo. Tendría sus razones.
—Sí, pero no debió hacerlo.
—¿Estás enfadada con ella?
—No, claro que no. ¿Cómo voy a enfadarme?
Yo… la echo muchísimo de menos. Pero no me atrevo a pensar demasiado en ella, Jayce, porque me hundo cuando lo hago.
Tuve tiempo para asimilar su muerte, para despedirme, pero aun así duele tanto que no soy capaz de mantener su recuerdo en mi cabeza más de un minuto seguido. Me desgarra.
—Lo siento. No quería remover todo eso.
—No importa. Antes o después tendré que enfrentarme a ese sentimiento, pero ahora mismo no puedo.
De todas maneras, creo que se equivocó ocultándonos la existencia del otro.
A veces pienso que simplemente tuvo miedo a perderme.
Mi padre vivía en Boston y quizás creyó que, si él entraba en mi vida, tendría que compartirme con él y la distancia acabaría convirtiéndose en un problema. Puede que fuera eso.
—¿No te lo explicó claramente?
—No. Hablaba de miedo, de la distancia, de que eran jóvenes… Muchas teorías, pero creo que ni ella misma sabía realmente por qué tomó esa decisión.
—¿Y tu padre te ha hablado de ello?
—Sí, alguna vez. Siempre dice que nos hemos perdido demasiados años por culpa de aquella decisión y supongo que tiene derecho a sentirse así. Pero ya no se puede cambiar nada. Y no pienso enfadarme con mi madre. Aunque no esté de acuerdo con lo que hizo, voy a respetarla siempre.
Jayce se levanta de pronto y durante unos segundos pienso que lo estoy aburriendo. Permanece frente a la ventana en silencio, mirando hacia fuera como si acabara de recordar algo importante.
Vuelve un par de minutos después.
—Ava… Me ha llamado Victoria —dice mientras tira suavemente de mi brazo para que me incorpore.
—¿Victoria? ¿Para qué?
—Quería saber cómo iba tu caso. O, mejor dicho, quería saber lo que tu padre no le cuenta.
—¿Y por qué no se lo cuenta?
—Según ella, porque Alexander sigue convencido de que tiene algún problema contigo. Me ha dicho que no es cierto, que, por más veces que se lo diga a tu padre, él sigue creyéndolo. Al principio le costó aceptar que aparecieras en su vida, pero que eso ya es pasado.
—Bien. Pues que lo hable con él. Ese es asunto suyo.
—También quería saber si vas a volver pronto o si piensas quedarte aquí.
—Ya… —murmuro, algo sorprendida.
—El caso es que…
—¿Qué pasa, Jayce?
—Primero contéstame una cosa. Luego lo entenderás.
—Adelante.
—¿Le has contado alguna vez a tu padre lo que pasó con el hospital? Lo de tu vuelta después de la excedencia y el puesto al que te relegarán.
—No. Él no sabe nada. Cree que cuando termine la excedencia volveré a incorporarme con normalidad, pero nunca le he contado absolutamente nada.
—¿Y le dijiste que habías probado suerte en otro hospital? ¿Que te rechazaron?
Lo recalca como si necesitara asegurarse.
—No, nada de nada, Jayce. ¿Por qué?
—Porque Victoria me ha preguntado si ibas a quedarte en Silver. Y cuando le he dicho por qué ibas a hacer algo así, me ha respondido que se le había pasado por la cabeza porque las cosas en tu trabajo no parecían ir demasiado bien…
—¿Cómo sabe eso?
—No lo sé.
—¿Lo sabía tu amiga Sloane?
—Sí. Le hablé del tema aquella noche en el club, aunque no entré en demasiados detalles.
Me mira fijamente. Sé exactamente lo que está pensando.
—Y… ¿Sloane sabía que habías solicitado plaza en otro hospital?
—Le comenté que llevaba tiempo rondándome la cabeza. De hecho, hasta me animó a hacerlo.
—Entiendo…
—¿Qué te ronda la cabeza, abogado?
—Que es raro que Victoria tenga tanta información.
Si tu padre no sabía nada de tus problemas laborales, no tiene mucho sentido que ella sí.
A no ser que alguien se lo haya contado.
Una amiga suya, quizás. Una a la que vi abrazarla en el hospital antes de fingir que no se conocían y que, casualmente, parece saber demasiadas cosas sobre ti.
—Es raro… Algo pasa.
—Eso creo yo también.
—Ya basta de investigaciones. Acabas de revolverme el estómago otra vez. Hablaré con mi padre. ¿Y cómo le explico la escena del hospital que presenciaste sin involucrarte a ti?
—Ya pensaremos algo, doctora. Ahora mismo tengo una misión mucho más importante.
—¿Cuál?
—Que me lleves a cenar sushi a alguna parte.
Sus cambios de tema me siguen fascinando. Puede pasar de una posible conspiración familiar a una propuesta de cena en la misma frase sin despeinarse.
Me echo a reír y, durante unos segundos, consigo olvidarme de Victoria, de Sloane y de cualquier cosa rara que estén ocultando.
Porque algo ocultan.
Y pienso averiguarlo.