61 Jayce
Interrupción
Convencer a Ava de que golpeáramos una pared de la casa familiar no ha sido precisamente sencillo. Y, sinceramente, lo entiendo.
Porque una cosa es fantasear con pasadizos, tesoros y estructuras ocultas mientras revisas planos antiguos y otra muy distinta plantarte delante de una pared con herramientas reales dispuesto a destrozarla. Especialmente en una familia como esta.
Ava lleva veinte minutos caminando detrás de mí entre el museo y la casa nueva mientras repite variantes de:
«Esto es absurdo».
«No podemos ir rompiendo paredes porque sí».
«Al final voy a acabar igual que mi tío…».
«Como no haya nada o aparezca una tubería, te denuncio».
Y yo llevo veinte minutos ignorándola porque sé que tengo razón. Hay algo detrás de esa vitrina.
No sé si es un hueco, una cámara, un pasillo o el escondite favorito de un asesino obsesionado con los secretos familiares, pero algo hay. Y cuanto más reviso los planos, más sentido tiene. Llevo casi dos días con este asunto y he revisado todo lo que tenía.
Dejo el mazo junto a la mesa de la cocina de la casa nueva, donde nos encontramos, y vuelvo a comprobar la linterna.
—Jayce, de verdad… No sé.
—¿Qué perdemos?
—Hacer lo mismo que intenté impedirle a mi tío con una escopeta y por lo que me he convertido en sospechosa de… desaparición o asesinato o lo que sea.
—Ava, tu tío prácticamente se dejó la espalda intentando mover esa vitrina. Tu abuelo no quería que nadie cavara ahí. Los planos muestran un solapamiento extraño justo en esa pared…
—¿Y si no hay nada?
—Pues mala suerte. Volvemos a colocar la vitrina y el que compre la casa que se lo encuentre.
—Jayce… —dice con tanta seriedad que me deja claro que se acabaron las bromas.
—En diez minutos lo comprobamos. ¿Qué es lo que realmente temes?
—Me siento ridícula porque toda esa historia del tesoro ha generado demasiados problemas y ahora soy yo la que va detrás de una pared con un mazo. No me cabe en la cabeza que, si hubiera algo ahí, mi abuelo no lo supiera.
—Hay muchas posibilidades… Pero si no quieres hacerlo, la casa es tuya. Tú decides.
—Es que… todo lo que has dicho tiene sentido. Al menos algo de sentido.
—¿Y bien?
Resopla y cruza los brazos mientras la observo. Porque no está enfadada. Está asustada. Y creo que ambos sabemos que no tiene nada que ver con la pared. Tiene miedo de que realmente encontremos algo.
—Venga, vamos a ello —dice cogiendo aire, momento que aprovecho para besarla.
—Como no haya nada, el mazo lo utilizo en tu cabeza…
—Espero que en la declaración te muestres menos agresiva, doctora. Das miedo.
Me clava ligeramente el palo del mazo en el estómago y se encamina hacia la casa antigua, pero algo la detiene. El timbre.
Cierro los ojos.
—Perfecto —murmuro—. Justo ahora.
Ava me mira con una sonrisa breve.
—Quizá es una señal divina para que no lo hagamos.
—O quizá es tu primito con bollos de canela y una propuesta de pesca.
Yo la sigo refunfuñando y me detengo cuando ella mira por la mirilla.
—Son Richard y Blake.
—¿Qué?
—Corre, guarda los mazos y lo demás.
Hago lo que me dice mientras maldigo el don de la oportunidad que tiene ese hombre. Poco después me reúno con ellos en el salón. ¿Qué coño querrán?
No necesito más de dos segundos para darme cuenta de que algo va mal. Blake tiene los ojos enrojecidos y una expresión extraña, agotada.
—¿Qué ocurre? —escucho decir a Ava nada más entrar.
—Siento aparecer así, chicos, pero… creo que Blake necesita deciros algo —explica Richard mientras le da una palmada en el hombro.
Ava y yo nos miramos sin decir nada. Ella les pide que se sienten y ambos obedecen. Ava toma asiento en una silla y yo me quedo detrás de ella.
—¿Tienes noticias nuevas? ¿Sabes algo de tu padre? —le pregunta Ava.
Eso mismo he pensado yo también, que hayan venido a darnos noticias sobre Daniel, pero Blake niega lentamente con la cabeza.
Richard vuelve a darle una palmada suave.
—Vamos, hijo.
Blake inspira hondo.
—Hay algo que no os conté sobre la noche que desapareció mi padre.
Noto cómo Ava se tensa.
—Yo declaré que hablé con él por teléfono después de que el sheriff lo llevara a casa —continúa—. Eso es verdad. Pero… no conté cómo fue realmente esa conversación.
Se pasa las manos por la cara.
—¿Qué quieres decir, Blake? —pregunta Ava inquieta.
—Que estaba enfadado con él. Muy enfadado. Llevaba muchos días pidiéndole que te dejara en paz, Ava, que dejara de obsesionarse con la casa, con el maldito tesoro… Y aquella noche explotó todo.
Ava baja lentamente la mirada.
—Le dije cosas horribles —añade con la voz rota—. Le dije que estaba enfermo. Que aquella obsesión lo estaba destruyendo. Que daba pena verlo así. Que me avergonzaba…
Richard nos mira y nos hace un gesto con los hombros.
—Y él… —Blake se detiene de nuevo—. Él me dijo que estaba cansado. Que ya no podía más. Que lo mejor era desaparecer.
Richard cierra los ojos.
—Incluso llegó a decir que a veces pensaba que todos estaríamos mejor si se quitaba de en medio… Y luego me dijo: «Adiós, hijo».
—Blake… —dice Ava levantando la cabeza de golpe.
—No fui a buscarlo, Ava —dice mirándola por fin—. ¿Qué clase de hijo escucha decir eso a su padre y decide ignorarlo? Me convencí de que solo estaba dramatizando, como siempre. Y ahora no puedo dejar de pensar que quizá aquella noche hizo una locura.
Nadie dice nada durante un minuto. Ava termina acercándose a él y Blake acaba derrumbándose del todo.
Richard suspira y me mira.
—Está atormentado con esto. Le dije que debía contároslo. Pero también le he dicho que, si Daniel hizo algo así, no es culpa suya. Nadie se quita la vida por una discusión. Si ocurrió algo, sería por muchas cosas que ya arrastraba.
—Sí, es cierto, Blake —dice Ava acariciándole el brazo—. Richard tiene razón. No puedes culparte así. Daniel no estaba bien y, si pasó algo, no fue porque tú te enfadaras con él.
Richard vuelve a mirarme. Vaya. Me toca.
—No te atormentes, Blake. Hiciera lo que hiciera tu padre, no fue por esa discusión.
Parece relajarse un poco. Quizá necesitaba decirlo en voz alta más que escuchar que no fue culpa suya.
Poco después Richard anuncia que deberían marcharse y Blake asiente. Pero no puedo dejar que esto termine así.
—Blake… No olvides contarle esto a Pierce. Puede ayudar mucho en la investigación. ¿Me entiendes?
Blake asiente despacio y mira a Richard.
—Yo mismo lo acompañaré a hablar con él —asegura Richard.
Cuando la puerta se cierra, Ava vuelve lentamente hacia mí.
—Pobre Blake…
—Pierce tendrá que valorar esa posibilidad ahora.
—Lo sé. Por eso le has dicho que hable, ¿verdad?
—Sí. Es importante que considere todas las opciones. ¿Y ahora qué?
Ava me mira unos segundos.
—Ahora más que nunca quiero saber qué mierda buscaba mi tío… Vamos, abogado.
Nadie consigue desconcertarme como ella.
Es que no hay nadie tan contradictorio, claro.