59 Jayce
Visita productiva
La mujer que se le insinuaba a Daniel está descartada de mi lista de asuntos importantes. Ava me ha hablado de ella y no ha habido nada especialmente llamativo. Según ella, todo lo que pudiera molestar a Daniel, Leanne lo hacía propio.
Pero no estoy de acuerdo. Hay algo más y lo noto en la forma en que ha reaccionado hoy, mucho más incómoda que con cualquier otro cotilleo que me ha contado sin reparos.
La tarta que ha preparado para Ava es espectacular.
No la he probado porque, supuestamente, solo he venido a recogerla, pero estoy terminando un pedazo de otra de mantequilla, almendras y canela mientras intento sonsacarle algo más.
Es increíble la obsesión que tiene la gente de este pueblo con la dichosa canela.
—Entonces ¿no hay nada que hayas recordado que te llamara la atención? —le pregunto cuando más relajada la veo.
Llevo días insistiendo para que intente recordar cualquier detalle que pueda ayudar a encontrar a Daniel. Por supuesto, no puedo hablarle de la declaración ni de hasta qué punto Ava sigue bajo el punto de mira.
—No, Jayce. Ya te dije que aquel día Daniel estaba bien y luego… desapareció. Me llamó Ava cuando empezaron a buscarlo.
—Y el día anterior…
—Todo normal —responde apartando la mirada.
—No es seguro, pero puede que esa noche volviera a casa sobre las dos de la madrugada…
Se encoge de hombros y empieza a quitar una inexistente pelusa de su jersey.
Aquí pasa algo.
—Leanne… Daniel era tu mejor amigo. Seguro que sabes más de él que nadie.
—No es para tanto… No me lo contaba todo.
—¿Ni siquiera dónde pasaba algunas noches? Ethan dice que a veces no volvía a casa.
—No lo sé, Jayce. Saldría con algún amigo.
—O con una pareja. Alguien con quien tuviera una relación sentimental.
—No, no tenía pareja.
—Ya… entonces espero que la policía investigue eso a fondo. Me parece un detalle importante.
Levanta la vista demasiado rápido. Nerviosa. He dado en el clavo.
—Espero que aparezca pronto, Jayce.
—Leanne —le digo colocando mi mano sobre la suya—. Tienes que contarme la verdad. Si quieres encontrarlo, hay que buscar bien. Por él, por Ava, por su hijo. Sé que ocultas algo y no tienes por qué tener miedo. Confía en mí.
Leanne se levanta afectada y tarda un rato en volver a sentarse.
—Jayce… Daniel y yo… ya sabes.
—Estabais juntos.
—Pero no quiero que nadie lo sepa. Así se lo pedí y ahora ya no tiene sentido contarlo.
—¿Por qué se lo pediste? ¿Eras tú la que no quería que se supiera?
—Al menos al principio. No pensaba ocultarlo toda la vida, pero necesitaba más tiempo y Daniel lo entendió.
Esto es un pueblo pequeño. Nancy y yo éramos muy amigas y la gente habría hablado, incluso Blake.
Daniel no hizo las cosas bien con Nancy ni con su hijo y yo viví todo aquello en primera fila.
Me daba vergüenza. Por Ava, por Blake… por todos.
—¿Hace mucho tiempo?
—Dos años.
—Es mucho tiempo.
—Lo sé, pero creo que ya estaba preparada para contarlo. —Se cubre el rostro con las manos.
—¿Nadie sospechaba?
—No, éramos muy cuidadosos. Cuando venía a casa entraba por la puerta trasera del garaje… Solo Maren lo sabía y le encantaba. No dejaba de decirme que dejara de esconderme y le pedía a Daniel que no me hiciera caso. Íbamos a contarlo, pero murió Maren, luego el abuelo… y todo se complicó.
—¿Te hablaba del tesoro?
—Alguna vez lo comentó, pero nunca pensé que fuera importante. Me enteré después, por Ava. A mí jamás me dijo que estuviera obsesionado ni nada parecido. Lo mencionaba como una anécdota. Daniel era muy divertido, le encantaba bromear.
Leanne habla en presente, igual que Ava. Aunque eso no significa necesariamente nada. A veces sí, desde un punto de vista policial. Otras es simplemente una forma desesperada de mantener viva la esperanza.
—La noche que desapareció, ¿no vino a visitarte?
Leanne suspira. Cuando levanta la vista, el miedo ya no se puede disimular.
—Confía en mí, Leanne. No te va a perjudicar contármelo.
—Sí, vino a visitarme. Fue después de mi jornada en la clínica.
No lo había visto desde la mañana. Estaba muy raro.
Nunca lo había visto así. Parecía nervioso.
Me contó poco. Dijo que había discutido con Ava y que Blake estaba enfadado con él, pero no explicaba nada con claridad.
Intenté tranquilizarlo y al final lo conseguí.
Estuvo un buen rato tranquilo y no hablamos del tema.
Pensé que lo retomaríamos después y me contaría lo ocurrido, pero recibió una llamada de Blake y volvió a ponerse nervioso.
—¿Te contó qué le dijo?
—No. Se alejó para que no le escuchara. Cuando volvió me dijo que tenía que marcharse.
Eso es todo. Le pregunté, pero solo me dijo que había sido un mal día y no era buena compañía, que al día siguiente se sentiría mejor y hablaríamos.
Estaba muy raro, él no era así. Y… después, bien entrada la noche, volvió.
Yo estaba en el salón de la planta de arriba.
Era tarde. Entró por el garaje, como siempre, y me dio un buen susto.
Me dio un beso y me dijo que no quería que me preocupara por nada, que todo estaba bien.
Dijo que había quedado con Blake y se marchó.
—¿Había quedado con Blake?
—Eso dijo, pero ya sé que no llegaron a verse. Quizá me mintió. Tal vez quería estar solo y utilizó esa excusa. Creo que sabía que estaba preocupada y quiso tranquilizarme. Así era Daniel.
—Puede ser. ¿No se lo contaste a la policía?
—No, Jayce. ¿Crees que eso puede perjudicarme? Yo no quería que nadie supiera lo nuestro. Pensé que, cuando él volviera, ya lo contaríamos y… no tiene importancia. Solo vino a verme y después se marchó. Yo no sé qué pasó después ni por qué no aparece.
—De acuerdo, tranquila. No debes preocuparte por eso.
Ahora mismo no puedo hacer mucho más que tranquilizarla. Más adelante tendré que pedirle que cuente la verdad cuando declare ante fiscalía, o incluso que hable con Pierce, pero este no es el momento. Necesito tiempo para hablarlo con calma.
Cuando la noto algo más tranquila y doy la conversación por terminada, me pregunta por Ava y por Alexander.
—Tú le conoces bien, ¿no?
—Sí, Leanne. Y es un buen hombre. No debes preocuparte. Tienen buena relación y Alexander la adora. Van poco a poco, intentando recuperar parte del tiempo perdido, pero es un buen hombre.
—Pero nunca será como un padre de verdad.
—Bueno… eso solo lo dirá el tiempo.
—Se ha perdido demasiadas cosas de ella. Y ahora, de repente, aparece convertido en padre… y además en un buen padre.
Hay algo en su tono que no encaja.
—¿Qué ocurre, Leanne? ¿Hay algo que te preocupe?
—No, no. Solo quiero que Ava esté bien. Es lo que quería Maren cuando decidió llamar a Alexander y pedirle que conociera a Ava.
—¿Te pareció una buena idea?
—Si te soy sincera, no. Pero respeté la decisión de Maren. Ella no quería que Ava estuviera sola en el mundo. Me tiene a mí y a Blake, pero entiendo que no es lo mismo.
—Maren quiso contarle la verdad a su hija. Es normal. Estaba muy enferma y seguramente no quiso seguir ocultándoselo.
—Era arriesgado. Alexander podía haberse negado otra vez. Pero Maren fue valiente. Ella…
Se detiene de golpe.
Ese «otra vez» ha salido por accidente.
—Leanne, ¿qué pasa? Hay algo que no me cuentas.
Se lo piensa durante un largo minuto.
—¿Tienes mucha confianza con tu jefe, Jayce?
—Sí, pero no a nivel personal.
—¿Conoces la historia de Maren y Alexander?
—Sí, eso sí me lo contó.
—¿Qué sabes?
Le hago un resumen rápido y asiente despacio.
Necesito que se abra de una vez. Hay algo más detrás de todo esto y lo noto cada vez que habla de Alexander. Quizá tenga que presionar un poco más.
—¿Sabes, Leanne? Me alegra que Maren decidiera contárselo. Ava podría haber pasado toda la vida sin saber quién era su padre y Alexander sin conocer a su hija. Habría sido una pena, viendo que se llevan bien y que todavía pueden construir algo juntos.
—Claro…
Vuelve a cerrarse. Empiezo a pensar que quizá me estoy equivocando y que no hay nada más detrás de todo esto. La tranquilizo respecto a Ava y a Alexander y me dispongo a salir cargando con la tarta que tanto le va a gustar a mi devoradora de arándanos favorita.
—Él ya sabía que tenía una hija y nunca se preocupó por ella. Espero que ahora sí lo haga.
La tarta está a punto de escaparse de mis manos. Leanne mantiene la cabeza alta, desafiante, como si llevara demasiado tiempo conteniendo eso.
—Que Dios me perdone y que me perdone Maren también, pero no me parece justo.
Y Maren se equivocó. Las veces que he hablado con Ava me ha dejado claro que no entiende por qué su madre le ocultó la verdad durante tantos años.
Sé que eso se le ha quedado dentro y no voy a permitirlo, incluso después de haberle prometido a Maren que jamás se lo contaría.
—¿Qué fue lo que pasó, Leanne?
—Alexander sabía que estaba embarazada cuando ella volvió a Silver Bay y le dijo que no podía hacerse cargo.
Que su vida no se lo permitía. La dejó sola.
Maren se enteró después de que tenía novia y de que iban a casarse.
Se casó con otra, con la mujer que sus padres querían para él.
Fue un cobarde y nunca quiso realmente a Maren.
No se preocupó ni de ella ni de su hija.
Cada frase me cae peor que la anterior.
—Maren volvió a llamarlo cuando Ava tenía seis años.
Pensó que quizá algo habría cambiado. Quería que Ava tuviera un padre en su vida, que supiera quién era…
pero él volvió a negarse. Le dijo que creía que había perdido al bebé y que, si no lo había hecho, él no tenía la culpa.
Nunca habían hablado de perderlo. Nunca —me confiesa con una voz que ya no suena enfadada. Suena rota.
—Por eso me duele que Maren quisiera seguir ocultándolo —continúa—. Aunque la entiendo… claro que la entiendo. Pero no puedo permitir que Ava crea que fue su madre quien le falló. Si va a querer a ese hombre y llamarlo padre, merece saber la verdad.
—Claro… lo entiendo. Pero no le cuentes nada todavía, por favor. Dame un poco de tiempo para pensar en todo esto, ¿de acuerdo?
Leanne duda unos segundos y finalmente asiente.
—De acuerdo…