49 Ava
Por fin
Cuando salgo de la ducha, completamente relajada, dispuesta a disfrutar del abogado mejor y oficial, lo encuentro en el salón, concentrado en unos recipientes con comida sobre la mesa ya dispuesta.
Leanne me ha comentado antes de salir de la clínica que Jayce se había interesado por algún lugar en Silver donde poder encargar algo de cena y ella le ha recomendado el pequeño restaurante de su sobrino, donde sirven un pescado excelente.
Cuando he llegado, hace más de una hora, el abogado se encontraba en el despacho, pero mi prioridad era una ducha, así que aún no hemos hablado después de que se marchara de la clínica, harto de que no pudiera atenderlo.
Además, entrar en el despacho significa enfrentarme a la pizarra que, hoy, prefiero dejar a un lado, al menos de momento.
Y a las gafas… si entro y lo veo con las gafas, me pierdo.
—Vaya, abogado. ¿Le has hecho caso a Leanne?
—Siempre. Es mi amiga. Pero era una sorpresa… ¿te lo ha contado?
—Se le ha escapado. Nunca le cuentes un secreto.
—Vaya, pues llegas tarde. Le he dicho que quiero casarme contigo.
—¿Que le has dicho qué? —pregunto soltando una carcajada incrédula mientras dejo la toalla sobre una silla.
—¿Qué se supone que hace un novio? Darle la mano a su novia y expresar sus deseos de casarse con su novia.
—Está bien que finjas ser mi pareja, pero deja ya el juego de intentar cogerme de la mano, presentarte como si fueras mi prometido y hablar de boda. No abuses.
—Es divertido, nunca he tenido novia.
—Escúchame bien, abogado…
—¡Eh! Alto. Que era una broma. Es que yo tampoco bromeo nunca. Silver me está cambiando. ¿Pescado? Es un salmón recién pescado. Esta tarde a las cinco, según me ha dicho Tom, el sobrino de Leanne.
Levanta la tapa de uno de los recipientes y el olor invade el salón al instante.
No intervengo. Ahí está, diciendo tonterías y comportándose como una persona normal. ¿Qué le pasa?
—Creo que prefiero al abogado estirado…
—Y yo. No te preocupes, que llegará enseguida. Esto no es para mí.
—Yo estoy agotada —pronuncio en un intento de no echarme a reír.
—Yo también. Entre las entrevistas en la clínica, la espera, la charla con Leanne y un nuevo interrogatorio de la señora Ford…
Sonrío mientras me lanzo sobre el pescado. Está exquisito. Está acompañado de unas verduras, pan con mantequilla y frutos rojos. Todo muy nórdico y tradicional en este estado.
Sus perfectos modales son exasperantes. La servilleta, la colocación de los cubiertos, la manera meticulosa de separar el pescado…
Aún no ha probado el primer bocado y yo ya he devorado medio pez.
—¿Qué has averiguado hoy? ¿Algo interesante?
—No mucho. Pero tengo algunas dudas. —Se limpia las manos con la servilleta y se recuesta ligeramente en la silla, preparado para empezar el interrogatorio.
—No sé si aguantaré otra sesión de preguntas, hoy he visitado al menos a diez «señoras Ford».
—Eso es terrible, pero… solo serán pequeñas preguntillas que me ayudarán a no perder el hilo.
—Venga, ¿qué dudas tienes? —suspiro dejándome caer sobre el respaldo de la silla.
—Háblame de la herencia.
—¿De mi abuelo?
—Sí, claro.
—Es que también está la herencia de mi madre.
—Pues de las dos.
—Mi abuelo me dejó esta casa, en su totalidad, y la mitad de la clínica. Mi madre, todos sus ahorros y su coche. No tenía patrimonio. Y mi abuelo… también me dejó unos ahorros.
—¿Y al resto de la familia?
—Al tío Daniel, la otra mitad de la clínica, la casa de los médicos y otra parte de sus ahorros. Y a Blake… una parte de ahorros.
—¿Esa es toda la herencia?
—Una parte de sus ahorros también fue destinada a su funeral, a su estatua y a una residencia para niños sin hogar que hay en las afueras de Silver. Ya está.
—Buen reparto —dice mientras juguetea con el tenedor entre los dedos, demasiado concentrado para alguien que solo está cenando.
—Yo no diría eso. Creo que Blake debió heredar como lo que era, su nieto.
—Pero él no lo consideraba como tal.
—No, pero era injusto.
—Blake me ha hablado de su relación con Richard.
—Richard es de la familia, pero para él, es más.
—Me gustaría hablar con él, conocerlo.
—Te lo presentaré.
—Así, ¿sin poner pegas?
—¿Pegas? —dejo el tenedor sobre el plato y lo miro con cansancio—. Si vas a ser mi novio, lo mínimo es que te presente a Richard y a su esposa. Si se entera, no me lo perdonaría.
—Blake me ha dicho que estaba muy afectado.
—Todos lo estamos.
Me mira de una manera extraña. ¿Qué le pasa?
—¿Has terminado?
—No.
—Sigue.
—¿Dónde estabas cuando desapareció tu tío?
—Y yo qué sé. ¿Sabes cuándo desapareció exactamente?
—En un tribunal sería una buena respuesta, pero dejémoslo para otro día, ya ensayaremos. ¿Qué hiciste después de que se marchara de aquí? Tengo entendido que se lo llevó el sheriff…
Inclina ligeramente la cabeza mientras me observa sin apartar los ojos de mí. Es desesperante la atención con la que escucha absolutamente todo.
—Sí, lo llevó a su casa. Yo no volví a verlo. Blake habló con él después para ver cómo se encontraba y estaba más tranquilo.
—¿Qué le dijo exactamente?
—Blake me contó que estaba arrepentido, pero estaba bien. Al día siguiente, Ethan me llamó porque no se había presentado en la clínica y fui a ver qué ocurría. Eso me pareció muy raro. Y ya no apareció más.
—Después de denunciar la desaparición, ¿Blake se quedó contigo?
—Se quedó aquí varios días, desde la noche en que me enfrenté a su padre hasta que volvió a Duluth, un par de semanas después.
—Háblame de tus amigas.
—¿Amigas? —repito frunciendo el ceño.
—Tus amigas. Yo te vi con ellas en el club.
—¿Y qué pintan ellas?
—Háblame de las que tienes aquí.
—No tengo.
—Te criaste aquí.
—Sí, pero también hace mucho tiempo que me marché.
—¿Alguna de la infancia?
—¿A qué viene esto? —pregunto ya irritada, apartando el plato.
—Ava, si te investigan van a querer saber todo sobre ti. Tus amigas, las de aquí, las de allí, novios y hasta el color de tu ropa interior. Y antes quiero saberlo yo.
—Si me investigan… Joder, abogado. Si querías que la cena fuera una mierda, ya lo has conseguido.
Me levanto bruscamente.
—Ava, ¿qué ocurre?
—Que quiero acabar con esto y solo escucho palabras que me inquietan más y más. Siento que llevo días reviviendo lo mismo una y otra vez. Estoy agotada.
Salgo a toda prisa en dirección a mi dormitorio. Necesito estar sola.
Eso creo…