Jayce. Algo más que prohibido 48 ​​ Jayce
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Haciendo amigos

Me dirijo a la salida, quizás Leanne esté menos ocupada y pueda observar algo interesante, pero la voz de Blake me detiene.

Me golpea el hombro de forma cercana y, sin decir nada, me conduce hasta una sala de descanso donde me ofrece un café que acepto.

—Voy a tener que volver al trabajo —me dice mientras los sirve en un vaso grande desechable.

—¿Te vas a Duluth?

—No, trabajo desde casa. No quiero que se acumule.

—¿Por qué estás en Silver?

—¿Más preguntas?

—Eso parece. Pero son sencillas, Blake, deja de quejarte.

Sonríe y me ofrece el vaso.

—Richard creyó que sería buena idea que pasara un tiempo aquí mientras esperamos noticias de mi padre.

Yo no estaba muy convencido. Por un lado, quiero disfrutar de Ava mientras siga aquí; por otro, necesito trabajar.

Así que encontré la forma de hacer ambas cosas.

Descanso, por un lado; trabajo telemático, por otro.

—Richard parece un buen jefe.

—Es más que eso, Jayce. Él es mi segundo padre. En él he encontrado muchas cosas que ni mi padre ni mi abuelo me dieron.

—Creía que con tu padre tenías una buena relación.

—Nuestro mejor momento ha sido esta última etapa, desde que se trasladó a Silver. Pero antes no teníamos una relación tan estrecha como deberíamos. La distancia, los problemas del pasado… La vida es así de cruel, Jayce. Justo cuando empezábamos a entendernos mejor, desaparece…

—No debes perder la esperanza, Blake. Puede que todo esto termine quedándose en un mal recuerdo y exista una explicación para su ausencia —le digo intentando que me considere alguien de su lado.

—Eso es difícil, Jayce. Son demasiados días sin saber nada de él. Ni rastro.

—Háblame de Richard. Sé que era el mejor amigo de tu abuelo.

—Eran como hermanos. Supongo que sabrás que perdió a un hijo…

—Sí, Ava me lo contó.

—Mi abuelo estuvo a su lado en los peores momentos, y Richard hizo lo mismo con nosotros. Éramos una familia. En Acción de Gracias nos reuníamos todos. La familia de Richard y la nuestra. Excepto mi padre, que solo estuvo en la última.

—Richard es un gran apoyo para ti.

—Lo es todo. Es la persona que más me ha ayudado, más me ha enseñado y más ha confiado en mí. Se lo debo todo, a él y a su familia, que también considero la mía.

—¿Qué puesto ocupas en la empresa de Richard?

—Soy vicepresidente de operaciones en Kensington Timber, la empresa maderera más importante del North Shore —afirma orgulloso—.

Richard me incorporó muy joven, después de terminar Economía, y con el tiempo me convirtió en una de las personas de mayor confianza para él. No pienso fingir modestia con eso.

—Entiendo… ¿Richard tiene más hijos?

—Dos. Uno también trabaja en la empresa.

Dirige la explotación forestal junto a su hijo, el nieto de Richard, un buen amigo mío.

Ellos prefieren trabajar sobre el terreno; yo me decanto más por las finanzas, como Richard.

Y tiene otra hija, una que llegó mucho después de Ben, el que desapareció.

Pero ella eligió otro camino. Es médica y trabaja en un centro sanitario de Duluth.

—Me gustaría conocer a Richard.

El semblante de Blake se transforma, más sombrío, aunque hace esfuerzos por disimularlo.

—Eso lo veo complicado, Jayce. Ahora está atravesando un momento muy delicado. La pérdida de su amigo Thomas le está afectando muchísimo.

—Claro, quizás más adelante…

—Exacto —me dice satisfecho al ver que me conformo, aunque no sea verdad.

Solo hablamos un rato más. De cosas banales. Hasta que vuelve a llamar toda mi atención.

Me habla de su visita a Ethan, el médico guapo. El motivo: una jornada de pesca.

—¿Es de Silver?

—No, Ethan es de Minneapolis. Trabajó allí con mi padre. Él lo llamó cuando mi tía empeoró y necesitaban refuerzos. En un principio vino por poco tiempo, se alojó con él en la casa de los médicos, donde hemos comentado esta mañana que vivía mi padre.

—Entonces ya lleva tiempo aquí.

—Sí, vino para ayudar, pero ahora se ha quedado. Le gusta más este trabajo.

—¿Sigue alojándose en esa casa?

—Sí, de momento no tiene nada más, pero quiere buscar algo. Cuando todo esté más calmado…

Necesito hablar más sobre esa casa y todo lo relacionado con la herencia, pero ahora no es el momento.

—Supongo que no le has revelado nada sobre mi identidad…

—Esa duda resulta molesta, si me permites ser sincero y no andarme con rodeos.

—Te lo permito y te lo agradezco, pero no debes ofenderte. Solo intento que todo ocupe su lugar, sin que nada se altere. Como sois buenos amigos, me ha surgido la duda.

—No exactamente. Tenemos buena relación porque él la tenía con mi padre y está afectado por su desaparición.

—Bien, entonces aclarado. Siento que no puedas decirle la verdad, supongo que para él tiene que ser duro.

—¿Por qué?

—Me pareció, corrígeme si me equivoco, que tenía un especial interés por Ava.

Me escudriña con la mirada, pero no va a encontrar nada más que lo que quiero ofrecerle.

—No te lo negaré, pero quizás sea bueno que crea que Ava tiene novio.

—¿Por qué?

—Ava vive en Boston y… no tiene ningún interés en él.

—Entiendo…

—¿Te sientes mejor ahora, Jayce?

—¿Mejor?

—He pensado que Ethan no es el único que tiene un interés especial en Ava.

—Y no te has equivocado. Tengo mucho interés en Ava, y uno muy especial, también.

—No me refiero al trabajo…

—Blake, para hablar conmigo, dispara directamente, no des vueltas. ¿Quieres saber algo en concreto?

—Sé que estuvisteis liados en Boston… —dice con una sonrisa que estaría encantado de borrar.

—Bien, ahora ya sé lo que sabes, ¿alguna pregunta directa?

—Venga, Jayce, solo bromeaba. No estoy para tonterías, tengo mejores cosas en las que pensar.

—En eso te doy toda la razón —le digo, riéndole la absurda gracia, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no decirle dónde puede meterse sus curiosidades personales.

Admito que el hecho de enterarme de que Ava le ha contado lo del club no me ha gustado y me reprendo por haberme dejado llevar. Esta situación debería estar bajo control.

—¿Te caigo mal, Jayce?

Mierda. Debo rectificar. Esta situación no me favorece. De momento, no puedo espantar al primito, por imbécil que me parezca.

—En absoluto, Blake. Lamento haberte hecho pensar eso. Sé que estás pasando un momento muy delicado. A veces puedo parecer seco, pero no lo tengas en cuenta. Ava habla maravillas de ti y sé que los dos os hacéis mucho bien. Tiene suerte de contar con un amigo como tú.

Eso parece complacerle y su expresión desafiante desaparece.

—Yo también tengo suerte. Ava es mi única familia, la única que me queda.

Asiento con la cabeza. De nuevo, a su padre lo da por perdido. Pasado.

—Blake, ahora que somos amigos otra vez —le digo provocando que se eche a reír—, necesitaría tu ayuda. Es un simple acercamiento a Ethan sin que suene demasiado forzado.

—¿Quieres hablar con él de…?

—De nada en especial. Está en la lista de personas que frecuentaban a tu padre, más aún ahora que he sabido que vivían juntos.

—¿No lo sabías? Vaya, quizás se nos pasó contártelo a Ava o a mí. No es un secreto. Pero dudo que puedas sacar nada interesante de él.

—Solo es una charla.

Me mira con interés, pero sé que no se atreve de nuevo a cuestionar lo que hago y accede a mi petición.

—¿Cómo quieres hacerlo?

—De momento, pídele que me reciba, que se tome un descanso si es posible. Y si me recibe, sígueme el juego; luego puedes marcharte.

Por un momento, creo que me va a poner pegas en cuanto a quedarme a solas, pero no lo hace.

Media hora después, me encuentro en el despacho de Ethan, tras esperar a que atendiera a unos pacientes. Se ha tomado unos minutos de descanso porque Blake se lo ha pedido.

—Ethan, Jayce quiere preguntarte algunas cosas sobre mi padre. Ya sabes… es abogado y no sabe parar quieto —dice Blake antes de dejarnos solos.

—Gracias por dedicarme unos minutos.

—No hay problema, pero no entiendo muy bien qué necesitas.

—Ava y Blake están preocupados. Tenemos la sensación de que la investigación se ha enfriado un poco y quiero revisar todo lo relacionado con Daniel. Cualquier detalle que pueda ayudarnos a entender qué ocurrió antes de desaparecer.

Ethan asiente lentamente.

—Ojalá pudiera ayudarte. A veces pienso que todo tendrá una explicación y aparecerá en cualquier momento, pero otras… no sé qué pensar.

—¿Cómo era Daniel?

—Complicado. Se desmoronaba con facilidad y sufría mucho por todo. La muerte de su hermana y de Thomas le afectaron muchísimo.

—¿Teníais buena relación?

—Sí, aunque empezó siendo profesional. Lo conocí en Methodist Hospital, en Minneapolis. Supervisó parte de mi residencia y seguimos en contacto después de que se trasladara aquí.

—¿Y acabaste viniendo a Silver Bay?

—Sí. Yo no atravesaba mi mejor momento en el hospital y Daniel necesitaba ayuda en la clínica después de la muerte de su hermana. Me propuso venir unos meses. En teoría era algo temporal.

—Pero te quedaste.

—Este lugar terminó gustándome más de lo que esperaba. Además, Daniel insistió bastante en que necesitaban a alguien fijo aquí además de Jensen y de él. Decía que Ava acabaría marchándose tarde o temprano y que la clínica necesitaría estabilidad.

Puede que sea sugestión, pero el médico guapo habla de la marcha de Ava con una tristeza que no termina de disimular.

—Háblame del día que desapareció Daniel. Lo que recuerdes.

—Veamos… ya se lo conté al sheriff, no creo que pueda decirte nada nuevo.

—Cuéntamelo. Nunca se sabe… algún detalle…

—El día anterior a que notáramos su ausencia, se fue pronto, por la mañana.

Le surgió algo urgente con su hijo —eso dijo— y me pasó a mí sus pacientes.

Ava no estaba, había ido a Duluth a hacer unas gestiones.

Era un día tranquilo. Pensé que volvería por la tarde, pero no fue así.

Me quedé todo el día aquí porque surgieron algunas urgencias.

Volví a casa tarde y él no estaba, pero no le di importancia. A veces pasaba la noche fuera.

—¿Con quién?

—No lo sé. Nunca le preguntaba por su vida privada a menos que él quisiera contarme algo, pero jamás me habló de nadie.

—¿Cuándo te diste cuenta?

—Al día siguiente —se detiene unos segundos—.

El caso es que he pensado mucho en ello y…

no estoy seguro, pero creo que, de madrugada, a la una, o quizás las dos, pudo entrar en casa.

Escuché ruido y en ese momento pensé que era él, pero no le di importancia.

Después, cuando desapareció… pensé que quizá me lo había imaginado.

—¿Se lo dijiste al sheriff?

—No. Tenía demasiadas dudas y no quería complicar más las cosas con algo de lo que ni siquiera estoy seguro. A veces creo que entró en casa y volvió a marcharse… y otras veces pienso que solo escuché un ruido cualquiera y di por hecho que era él.

—Quizá el sheriff debería saberlo.

—No, Jayce. Bastante complicado es todo ya. No voy a remover más las cosas si no estoy seguro de lo que escuché.

Asiento lentamente, aunque por dentro deseo que Ethan tenga razón. Si Daniel había vuelto a casa de madrugada, seguía vivo muchas horas después del enfrentamiento con Ava. No es una prueba, ni siquiera una certeza, pero sí algo importante. Muy importante.

—Quizá sí que entró en casa y volvió a marcharse temprano, antes de que te levantaras tú —sugiero.

—No lo creo. De haber dormido en casa habría preparado café, como siempre. Además, su cama estaba sin deshacer. Pero no me fijé en eso hasta después, cuando empezamos a sospechar que podía haberle ocurrido algo.

—¿Echaste de menos algo en casa? ¿Algo que se pudiera haber llevado?

—No. Él tenía su cuarto y yo el mío, pero todo estaba allí. Tengo entendido que su cartera y su móvil no los han encontrado. Y tampoco su coche.

—¿Cuándo empezaste a pensar que algo podía haber pasado?

—Cuando lo esperé en la clínica y no apareció.

Era sábado y habíamos quedado para acudir solo él y yo.

Cubriríamos las urgencias si surgían y habilitaríamos una sala que queríamos ampliar con unas máquinas nuevas.

Al no acudir, le llamé varias veces y no contestaba.

El teléfono estaba apagado. Esperé y esperé, pero empezaron a llegar urgencias y terminé llamando a Ava.

Ella vino enseguida. Se sorprendió mucho y me pidió que volviera a casa para comprobar si esta vez estaba allí.

Lo hice y el resultado fue el mismo. Blake acudió a la clínica y ellos siguieron intentando localizarlo.

Asiento mientras Ethan guarda silencio.

Daniel había desaparecido, sí.

Pero cuanto más hablaba con las personas que convivían con él, menos me parecía alguien que hubiera planeado marcharse voluntariamente.