47 Jayce
El prometido
La clínica muestra una imagen muy distinta a la que encontré hace dos días. Nada más entrar, a la derecha, hay una sala de espera con unas seis u ocho personas esperando su turno para ser visitadas por el equipo médico.
Todas las miradas se giran hacia nosotros y la doctora Halstead se viste con su mejor sonrisa, a pesar del mal humor que mostraba durante el corto trayecto desde la casa hasta aquí.
—Compórtate, detective —me ha dicho antes de entrar, en el momento preciso en el que sabía que no obtendría réplica.
Leanne apenas se da cuenta de nuestra presencia, atenta a las tres personas que esperan a que les atienda. Aun así, levanta la mirada brevemente y me sonríe. Es sincera. Es una buena persona. Hasta ahí me han llevado mis intuiciones.
Blake no está a la vista, pero su coche estaba aparcado fuera, por lo que, tal y como ha anunciado, debe de estar en alguna parte de la clínica. ¿Haciendo qué?
Ava se acerca a Leanne y aprovecha para hablar con varias personas que le dicen algo que no puedo entender. Les sonríe abiertamente y hasta tiene un gesto cariñoso con una de ellas, que no deja de frotarle el brazo.
Cuando vuelve, me informa de que tiene que ocuparse de dos pacientes que tardarán poco en llegar.
—Cuando lleguen, te largas —me ha dicho con «dulzura».
La clínica es grande y cuenta con dos pasillos, ambos llenos de puertas cerradas.
Seguimos uno de ellos y pasamos por otra sala de espera, también con varias personas aguardando para ser atendidas.
Le paso la mano por la espalda a la doctora y se sobresalta, como si estuviera encañonándola con un revólver.
—¿Qué coño haces?
—Ser tu novio, Ava. Ya te dije que removieras el avispero.
—Pero… eso es una estupidez. Estoy trabajando. Esta gente está aquí porque tiene alguna dolencia…
—Doctora Halstead —dice alguien a nuestra espalda.
Ava se gira y yo con ella, sin retirar la mano de su espalda, a pesar del discreto movimiento que hace para intentar deshacerse de mi cariñoso y cercano gesto.
—Señora Ford…
Se trata de una mujer de mediana edad que parece alegrarse mucho de hablar con Ava.
—¿Cómo está, querida?
—Bien. ¿Cómo se encuentra usted? El doctor Jensen me puso al corriente de su estado.
—Estoy encantada con sus atenciones —dice alegre, mirándome continuamente de reojo y posando la vista sobre mi brazo—. Pero, claro, echo de menos al doctor Halstead. Todos estamos muy afectados. ¿Se sabe algo de él? Tengo entendido que no hay noticias suyas.
—Lamentablemente no, señora Ford, pero no perdemos la esperanza. Seguro que muy pronto tenemos buenas noticias.
—Eso espero… Esta clínica ya ha sufrido muchos cambios…
La señora Ford no tiene fin y Ava lo nota. Para ser médico es increíble la poca paciencia que tiene.
—¿Quién es este joven tan guapo? —pregunta olvidándose del tío Daniel. En realidad, tengo claro que le importa poco.
Ava me mira con dulzura, pero sé que está fingiendo. En cierto modo me divierte.
—Jayce Merrick, señora Ford. Soy el prometido de Ava. Encantado de conocerla.
—¡Oh! Lo mismo digo, señor Merrick —me dice mientras mira a Ava y le sonríe como si acabara de darle su aprobación—. No le he visto antes por aquí…
—Soy de Boston, señora Ford.
—¿Y qué le trae por nuestro pequeño pueblo?
—Hace tiempo que quería conocerlo. Ava siempre habla de él, aunque esperaba hacerlo en otras circunstancias.
—Señora Ford, tengo que seguir trabajando.
—Pero… ¿usted va a seguir en la clínica o no?
—De momento, sí.
Buena respuesta. Ava está aprendiendo.
Dejamos a la señora Ford decepcionada por no poder seguir hablando un par de horas más.
—Quítame la mano del hombro, abogado —susurra mirando a su alrededor.
—Deja de protestar o te besaré.
—Atrévete, capullo.
—¿Qué hacen los novios? Mostrarse cariñosos.
—El mío no. El mío no se atrevería a hacer esas gilipolleces en público —dice muy alterada—. Así que ahora eres mi prometido… Serás hortera.
—Me he subido la categoría, ¿algún problema?
—No, estoy encantada. Dos minutos siendo tu prometida y… desaparecen mis problemas.
—Estás enfadada porque se ha cumplido lo que te dije. Alguien se ha interesado por saber quién era el joven tan guapo que te acompañaba…
—Idiota…
Me echo a reír, pero por poco tiempo. En cuanto entra en su despacho, me blinda el paso y me impide entrar.
—Búscate un entretenimiento, abogado.
Quizás sea lo mejor. Necesito alejarme de Ava Halstead.
He disfrutado demasiado de ese papel de prometido insufriblemente perfecto.