45 Jayce
Susurros
Sigo frente a la pizarra, leyendo lo que Ava acaba de escribir.
La he escuchado caminar por la casa hace unos minutos y ahora sé que no era casualidad. Igual que yo, tampoco podía dormir. También tenía esto en la cabeza.
Ha leído mis notas y las ha respondido. Interesante juego. Aunque… esas notas me producen malestar.
Jefe, hundida, su carrera se va a la mierda, necesita quirófano…
¡Mierda! Eso suena fatal.
Entiendo que esa excedencia le ha pasado factura. Ahora entiendo su deseo de salir de aquí para luchar por ello.
Salgo del despacho y entro en la casa con una idea rondándome la cabeza. Quizá no deba esperar a mañana para contarle algo que, aunque no sea importante, puede servirme como excusa para acercarme a ella. Debo reproducirle el mensaje que me ha enviado su padre esta noche.
Abro la puerta despacio. Oscuridad. Silencio. Distingo el bulto de Ava bajo las sábanas cuando la luz del pasillo se cuela unos centímetros en la habitación. Mantengo la mano en la puerta, preparado para cerrarla y huir a la mínima protesta.
Atravieso el amplio dormitorio y, cuando adapto mi vista a la oscuridad, consigo sentarme en el borde de la cama, pegado a ella, que está de lado, completamente tapada.
Me inclino y le susurro.
—He recibido la documentación que me permite ejercer en este estado.
Significa que oficialmente soy tu abogado, doctora Halstead.
Significa que oficialmente eres mi representada.
Significa que tienes al mejor abogado y que ya puedes celebrarlo.
Significa que te sacaré de aquí y… significa que sigues estando prohibida…
Espero unos segundos, pero no reacciona. Me levanto lentamente y salgo del dormitorio.
Vuelvo al mío, apago la luz, me meto en la cama. Espero.
Deseo que sea un juego y que Ava decida jugarlo conmigo.
Su respuesta llega exactamente diez minutos después. Se abre la puerta, entra algo de luz, se acerca, finjo estar dormido, siento el movimiento del colchón cuando se sienta en el borde.
Se inclina sobre mí.
Susurra.
—Significa que lo celebro, «mejor y oficial» abogado. Significa que te has comprometido a sacarme de aquí. Significa que tú también estás prohibido… o quizás debería decir «algo más que prohibido».
Guardo silencio mientras siento cómo un millón de escalofríos me recorren todo el cuerpo.
Su voz, esa alusión a lo prohibido.
Algo más que prohibido…
Y el problema es que tiene sentido.
Y… se va.
Se levanta sigilosamente, pero solo da unos pasos. Retrocede, se vuelve a sentar y yo sigo sin ser capaz de moverme ni de hablar.
—Significa que esta escena está contaminada, capullo. Significa que ahora deberías haber tirado de mi brazo, como las otras veces… y no callarte y quedarte quieto.
Se detiene. Sigo guardando silencio. Disfruto de ello.
Se levanta de nuevo y, antes de que se aleje, tiro de su brazo más bruscamente de lo que me habría gustado.
Se queja. En pocos segundos me incorporo y la impulso torpemente para sentarla de lado sobre mi regazo.
—Doctora Halstead, ¿acaba usted de instar a un abogado «algo más que prohibido» a saltarse las normas?
—Así es, letrado. ¿Te ha gustado el nombre?
Suelto una carcajada cuando veo el cambio en su rostro. De seductor a infantil. Todo en una sola frase, en una tan corta.
Y entonces la beso de una manera que… no sé si ella sabrá distinguir. Espero que no, no quiero estar más perdido de lo que ya sospecho que estoy.
Apenas tres días en este lugar y… la beso sin ansia, sin prisa.
La deseo despacio, sabiendo que mañana volveré a buscarla.
Debería escribir en la pizarra la palabra «perdido».
Porque lo estoy.
Esta doctora insoportable, complicada y peligrosamente prohibida me está perdiendo.