Jayce. Algo más que prohibido 43 ​​ Jayce
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La cena

La cena con Leanne ha resultado ser muy agradable. Ambos lo necesitábamos. Después de la escena con Blake, necesitábamos un respiro. Ella más que yo.

Blake se marchó poco después, bastante más calmado. Alegó que estaba cansado. Ava también, pero ella utilizó como excusa unos documentos pendientes de la clínica.

—Mientras la clínica esté a mi cargo, no puedo desentenderme. Tengo que revisar algunos informes.

Sé que no era cierto y que solo buscaba un poco de privacidad, así que no comenté nada.

Yo también necesitaba estar solo y he aprovechado toda la tarde para hablar con mi familia, con mis padres y con Aiden y Cassidy.

A todos les he dicho que el mundo es maravilloso, que estoy perfectamente y encantado con mi nueva misión.

Excepto Aiden, todos creen que estoy trabajando en un caso para un cliente importante de Boston con sede también en Minnesota. Menos explicaciones, más tranquilidad para todos.

Con Aiden, sin embargo, no puedo fingir demasiado.

Nunca le miento, aunque le cuente poco. Solo cuando es necesario nos desahogamos el uno con el otro como si nos fuera la vida en ello.

Y hoy, aunque tampoco era una cuestión de vida o muerte, hablarle de estas cuarenta y ocho horas tan intensas en Silver Bay era una necesidad imperiosa para mí.

—El Jayce que yo conozco —ha vuelto a decir el muy pesado— no se hubiera acostado otra vez con ella.

—Es guapísima, está cerca y esto es tremendamente aburrido. ¿Qué esperabas?

—Es tu cliente. Es la hija de Alexander. Te ha jurado que te matará si la tocas. La otra vez, en el club, ignorabas todo eso, pero ahora no tienes excusa. Y eso dice mucho.

—¿Qué coño dice?

—Que esa chica, Ava, te gusta demasiado. Y eso te está descolocando. No añadiré más.

—Mejor. Para lo que has dicho, casi prefiero que te calles.

Y con esa frase me ha dejado. Pero no pienso darle más vueltas, no me lo puedo permitir.

Prefiero convencerme de que son cosas de Aiden, que puede ser tremendamente intenso cuando se lo propone, especialmente desde que se casó con Brooke, un auténtico torbellino emocional, y también una mujer a la que admiro y adoro a partes iguales.

Claro que Ava me gusta, pero sé que él ha querido ir más lejos con ese comentario y no pienso perder el tiempo analizándolo.

Y para olvidarme de sus teorías, me he dedicado a ordenar el caso y toda la información que tengo.

Incluso he escrito en la pizarra lo que le comenté a Ava que me inquietaba sobre ella.

Espero que lo vea. Es solo una forma poco sutil de decirle que sigo esperando respuestas.

Quiero saber qué demonios la ha hecho palidecer cuando ha recibido esa llamada.

Después de mi sesión improvisada de detective he acudido a casa de Leanne, después de que Ava me llamara para darme las instrucciones y recomendarme que fuera caminando por la cercanía entre ambas casas.

Ha sido agradable conocer a alguien que aprecia tanto a Ava y que además cocina tan bien.

Leanne me ha hablado de la influencia de las culturas nórdicas en la gastronomía de Minnesota mientras servía salmón asado del lago, verduras de raíz con mantequilla y eneldo, pan negro caliente y una tarta casera de arándanos deliciosa.

Cuando volvemos a casa, nada más entrar, Ava me pregunta por mis impresiones sobre Leanne.

—Todo. Quiero saberlo todo. Resume. Modo pizarra.

—Leanne es encantadora. Cocina espectacularmente bien. Echa de menos a tu madre. Está afectada. Le gusta su trabajo. Echa de menos a Daniel. Lo prefería como médico. Ethan y Scott no le gustan tanto. Te quiere mucho. Y siente cierto recelo con la figura de tu padre en tu vida.

—Estoy de acuerdo en todo menos en lo de mi padre. No es recelo, es protección. Teme que esa relación no prospere y me haga daño. No era lo que mi madre deseaba.

—¿Por qué piensa eso?

—Instinto protector, fidelidad a los deseos de su gran amiga. Miedo por tener miedo, típico de las personas.

—Miedo por tener miedo… Interesante frase. ¿A qué tienes miedo tú, Ava?

—A que seas una mierda de abogado.

—Eres tan dulce y sutil… Pero no temas, soy el mejor.

—¿Algo más sobre Leanne, mejor abogado?

—Me ha sorprendido que preguntara hasta en dos ocasiones cuánto tiempo tiene que pasar para que a alguien desaparecido se le dé por muerto.

—Eso te lo puedo explicar. No quiere perder la esperanza de que mi tío vuelva, quiere que sigan buscándolo.

A mí también me lo ha preguntado alguna vez.

Cree que van a olvidarse de él. Ella lo adoraba, como mi madre.

Y trabajar con Scott, que es una tumba, y Ethan, que choca mucho con ella, no le gusta.

—¿Chocan?

—Ethan es joven y tiene ideas distintas. Leanne es más conservadora, sigue llevando la clínica como lo hacían mi madre y mi abuelo.

—Bueno, espero haberla tranquilizado.

—Pero… si no le has aclarado nada. Ella quería saber cuánto tiempo debe pasar para darlo por muerto, oficialmente.

—Le he dicho que hay que esperar a ver cómo avanza la investigación.

—Eso y no responderle es lo mismo.

—¿Qué ocurre? ¿Te interesa a ti también saberlo, Ava?

—Sí, mucho —dice enfadada.

Me mira de forma extraña. Poco a poco su rostro se va volviendo sombrío.

—Anótalo en tu pizarra, abogado. Ava parece sospechosamente interesada en saber eso. Y debajo añade: Firmado… Un capullo.

Antes de desaparecer me regala una mirada fulminante que me produce escalofríos.

Tengo que aprender que provocar a Ava siempre acaba volviéndose contra mí.

Es un placer que tiene consecuencias.

Como toda ella.

Y, aun así, sigo buscándolo.