Jayce. Algo más que prohibido 41 ​​ Ava
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Complicidad

La sutura me ha relajado, aunque no se puede decir lo mismo del pobre Michael, que es el paciente que la ha sufrido.

Creo que ese mínimo contacto con mi trabajo me ha devuelto algo de aire.

La sensación de seguir siendo yo. Y esa sensación aumenta todavía más cuando llego a casa, entro en el salón y me encuentro a Jayce y a Blake sentados frente a la mesa de centro, rodeados de barras caseras de arándanos y nueces, varios sándwiches calientes y dos tazas enormes de café que Rose ha dejado antes de marcharse.

Han cambiado el escenario. Del despacho al salón. De los papeles y las preguntas incómodas a comida caliente y conversación tranquila.

Y, sorprendentemente, parece haber funcionado.

—¿Hay paz? —pregunto nada más entrar.

—Hay paz —me contesta Blake.

—¿Qué tal la sutura? —pregunta Jayce.

—Bien. Una obra de arte.

—¿Te unes? —me pregunta señalando una silla—. Hemos asaltado la cocina con todo lo que ha traído Rose.

—Ella siempre está convencida de que cualquier problema del mundo mejora con azúcar, mantequilla y una taza de café hirviendo —comento para informar a Jayce, que es el único que todavía no la conoce bien.

—Y tiene razón —añade Blake mientras levanta su taza.

—Leanne también me ha obligado a comerme medio arsenal de dulces de la clínica. Cuando estoy disgustada, como.

Jayce levanta apenas las cejas.

—¿Estás disgustada?

—Ahora que os veo más relajados, no.

—Entonces podemos incluirte en la conversación —sugiere Jayce.

—¿De qué quieres que hablemos? —le pregunto tomando asiento.

Jayce deja lentamente la taza sobre la mesa.

—¿Qué tal si me habláis del tesoro?

Blake y yo nos miramos al mismo tiempo, poniendo los ojos en blanco y resoplando casi a la vez.

—Alguien me dijo que incluía una leyenda —dice Jayce mirándome y levantando las cejas—. Alguien que prometió contármela y se le olvidó.

Capto su indirecta.

—Llevas aquí dos días, abo…gado —le digo lamentando que Blake haya escuchado la forma en que me dirijo a él—. ¿Acaso me vas a dar la alegría de marcharte mañana y dejar de hacer preguntas?

—¿Eso quisieras? Vaya, me acabas de dar un disgusto tremendo.

—¡Oh, no! Una pelea de «novios» no voy a poder soportarla. Voy a hacer más café. Si vamos a hablar del puñetero tesoro, necesito estar más despierto.

Ambos sonreímos. Blake ha pronunciado esas palabras con un toque exageradamente teatral, frotándose la frente y mirando al techo…

Nos quedamos solos unos instantes. La cocina está lo suficientemente alejada para darnos algo de privacidad.

—¿Qué tal la charla con Blake? ¿Tienes elementos nuevos que escribir en la pizarra? ¿Algo que te haya llamado la atención?

Es mi manera de obtener un poco de información sobre lo que han hablado para asegurarme de que esa paz es real.

—Sí, tengo algo que anotar, algo que me ha llamado la atención y espero resolver.

Miro en dirección a la cocina. Blake tardará unos minutos.

—¿Algo importante?

—Todo lo es.

—¿Grave?

—Define grave.

—Algo que pueda complicarlo todo.

Jayce reflexiona unos segundos.

—No estoy seguro de que sea grave hasta ese punto.

—¿Qué ha dicho que te haya llamado la atención?

—No se trata de Blake, sino de ti.

—¿De mí? ¿Qué es lo que vas a escribir de mí en tu pizarra?

—Ava recibe llamada, palidece, afirma que es importante. Después no es importante, es un simple trámite del hospital. Está nerviosa. Presiona a su primo para que colabore. Expresa deseo de abandonar Silver Bay.

—¿Todo eso vas a escribir, abogado? Es un poco largo.

—La pizarra es grande.

—¿Siempre trabajas así?

—La pizarra de mi despacho es más sofisticada, pero… sí.

—Eso es muy de película policiaca.

—Es parecido.

—¿Qué te llama la atención exactamente?

—Quién te llama y qué te dice que te afecta tanto.

—¿Quién dice que me afecta?

—Tu cuerpo.

—Lenguaje no verbal… entiendo —le digo asintiendo.

—A veces, el mejor. Nunca miente.

—¿Qué te dice ahora ese lenguaje sobre mí?

—Que no quieres contestar.

—Pues no falla, no.

Mantenemos la mirada demasiado tiempo.

Y eso nunca termina bien entre nosotros.

Me analiza, lo analizo, y… me gusta.

Maldita sea, me gusta mucho tener toda su atención.