40 Jayce
Satisfecho
Si estuviera en otra situación, le habría mostrado al gilipollas del primo lo satisfecho que me siento con la intervención de Ava, pero no me interesa. Como dijo Aiden, debo reconducir esto si quiero obtener algo.
—Blake, antes que nada, quiero decirte que entiendo…
—Espera, Jayce, déjame decirte algo. Yo… quiero disculparme. Déjame hablar, por favor —dice incorporándose levemente en la silla.
—Adelante.
—Siento haberme marchado ayer. Siento si te di la sensación de no querer colaborar o de tener algún problema con tu trabajo.
Vine dispuesto a contarte todo lo que necesitaras.
Ava me había puesto al corriente de todo, pero cuando empezamos a hablar de mi padre…
no sé, simplemente me bloqueé. He pasado unas semanas fuera intentando despejarme y ayer, al volver y encontrarme otra vez con todo esto, me desbordé.
Lo siento, de verdad. Sé que quieres ayudar a Ava.
—Bien, Blake, es comprensible. Es una situación muy complicada.
Ava y tú lleváis una temporada enfrentándoos a noticias muy malas.
Su madre, vuestro abuelo, ahora tu padre…
Pero no queremos que esto se complique y por eso necesito que me ayudéis a tener toda la información y estar preparado para cualquier problema que pueda tener Ava.
—¿De verdad crees que puede perjudicarle? Solo tiene que declarar, igual que yo.
—No tiene por qué pasar nada, Blake. Y precisamente por eso quiero llegar preparado. Cuanto más entienda todo antes de esa declaración, más fácil será evitar problemas innecesarios y que Ava pueda volver a su vida cuanto antes. Lo quiero saber todo, por eso os molesto con tantas preguntas.
—De acuerdo, no volveré a cuestionarte, de verdad. Pregunta lo que quieras.
—¿Podrás hablarme de tu padre y de tu abuelo? ¿Te sientes hoy con fuerzas?
—Sí, sí, lo que necesites saber.
Vaya, el primito ha cambiado. Sinceramente, no sé si ha venido tan dispuesto como afirma o simplemente ha visto que Ava no estaba de su lado y ha querido rectificar a toda prisa. Pero, sea lo que sea, lo sabré.
—Háblame de tu padre, de tu relación con él.
—Nuestra relación ha pasado por etapas complicadas.
Él no era mi padre biológico, pero apareció en mi vida cuando tenía dos años y siempre lo he considerado mi padre.
Todo se torció cuando se marchó, justo antes de que yo cumpliera once años.
Un día se fue sin avisar. Mi madre descubrió que se había llevado sus cosas y durante unos meses no supimos nada de él directamente, aunque la familia sabía que vivía en Minneapolis y que estaba bien.
Después contactó con mi madre para decirle que necesitaba cambiar de vida y alejarse de todo.
A partir de ahí retomamos el contacto. Yo vivía con mi madre, pero algunos fines de semana me marchaba con él. Lo habitual en padres divorciados.
—¿Volvió a casarse o a tener pareja?
—No que yo conociera. De hecho, no.
—¿Tuvisteis una buena relación?
—Fue mejorando. Al principio yo estaba enfadado por habernos abandonado, pero mi madre se esforzó para que tuviera un buen trato con él. Conseguimos llevarnos bien y que todo lo malo quedara atrás.
—¿Y la relación de él con tu madre?
—Inexistente. Solo hablaban por teléfono de vez en cuando sobre mí, pero si podían evitarlo, mejor.
Y así estuvimos varios años hasta que me fui a la universidad.
Seguimos en contacto, pero menos porque siempre que tenía permiso lo aprovechaba para ver a mi madre.
Especialmente en Navidad, Acción de Gracias…
Hasta que ella murió. Y creo que eso nos unió un poco más.
—¿Qué pasó cuando él volvió a Silver Bay?
—Yo vivo en Duluth y trabajo allí también, así que, al principio, nos veíamos poco. Pero cuando Ava se mudó por lo de su madre, sí que visitaba el pueblo con frecuencia. Venía los fines de semana, casi todos. La enfermedad de mi tía Maren hizo que nos uniéramos todos un poco más.
—¿Con tu abuelo también?
Blake se toma un tiempo para hablar.
—Jayce, no sé si te lo ha contado Ava, pero mi relación con mi abuelo nunca fue la de un abuelo con su nieto.
No como la que tenía con Ava, por ejemplo.
Él nunca terminó de verme como parte de la familia porque no llevaba su sangre y tampoco hizo demasiado esfuerzo por esconderlo.
Cuando era pequeño me costaba entenderlo.
Veía cómo trataba a Ava, cómo la abrazaba o aparecía con regalos, y entendía que conmigo siempre existía cierta distancia.
Nunca fue cruel conmigo, pero tampoco cercano.
Supongo que con los años aprendí a aceptar que aquello era lo máximo que él podía darme.
Y los demás también lo aceptaron. Sé que lucharon por ello, pero lo dejaron por imposible.
—¿Antes de morir fue igual tu relación con él?
—Sí, pero un día me llamó para decirme que estaba enfermo y para pedirme que cuidara a Ava cuando él muriera. Ese día era distinto, más cercano.
—¿Cuidar a Ava?
Me entusiasma que la haya nombrado. Quiero aprovecharme del interrogatorio para saber más sobre ella.
—Es una forma de hablar. Quería pedirme que me ocupara siempre de ayudarla en lo que necesitara. Él sabía que se moría y quería que Ava no se sintiera sola.
—¿Ava y tú os veis con frecuencia?
—Últimamente sí, pero no cuando vivía en Boston, aunque hablamos casi a diario.
Le prometí al abuelo que la cuidaría, pero supongo que ya te habrás dado cuenta de que Ava no necesita que la cuiden.
Ava es fuerte. Aunque la voy a echar de menos, solo quiero que se largue y recupere su vida. Lo ha pasado muy mal…
—Tú también, Blake. La muerte de tu tía, la ausencia de noticias de tu padre… Y tu abuelo, que, aunque no hayáis tenido una relación idílica, ya no está. Supongo que a tu manera también lo echas de menos.
—Claro —dice de forma seca.
—Te confieso que tu abuelo es una persona que llama mi atención.
—¿De qué forma? —me pregunta a la defensiva.
Creo que he dado en un punto delicado, más de lo que pensaba.
Guardo silencio con la intención de que sea él quien se pronuncie.
Se levanta y camina lentamente por el despacho.
Se acerca a la mesa de nuevo y apoya las manos en ella.
—Jayce… ahora que no está Ava, quiero decirte algo. No te confundas… no dejes que te confundan. Mi abuelo era un cabrón al que solo le importaban él, su imagen y su puñetero apellido.
No oculto mi sorpresa; de hecho, quiero que la vea claramente.
—Mi padre fue una de tantas víctimas de Thomas Halstead.
A él solo le importaban su imagen, su reputación como médico.
Presionó a sus hijos de todas las maneras posibles para que siguieran con su legado, con esa puñetera clínica.
Mi tía Maren fue una decepción. Apareció embarazada y la obligó a abandonar la residencia para terminarla aquí, en un hospital mediocre.
Le hizo la vida imposible porque había manchado su precioso apellido con un bebé de padre desconocido.
Intentó por todos los medios que no siguiera adelante con el embarazo, pero mi tía era más fuerte que mi padre y él acabó claudicando.
¿Y qué vida tuvo después? No volvió a tener pareja jamás.
Solo vivía para la clínica, para Ava y para este pueblo.
Y mi padre, otra decepción. Mi madre y yo éramos una vergüenza para él.
¿Sabes cuántas veces me recordó que mi padre biológico había sido un delincuente? Yo era un niño, joder.
—¿Y con Ava? —le pregunto tras esperar unos segundos a que se calme.
—También intentó que siguiera su legado, pero mi tía luchó para que no fuera así.
Supongo que ya era más mayor y tenía menos fuerza, así que le prometió a su hija, en su lecho de muerte, que haría lo posible para que Ava siguiera con su vida lejos de aquí.
De todas maneras, con ella no hubiera podido.
Ava no se habría dejado manipular. Su madre la crio para que fuera todo lo que ella no fue: fuerte, decidida, dispuesta a perseguir sus sueños al precio que fuera.
Y conmigo hizo lo mismo. Maren fue una segunda madre para mí.
—Blake, te voy a preguntar algo delicado. Quiero que seas sincero. ¿Qué crees que le ha pasado a Daniel, a tu padre?
—Creo que se quitó la vida, Jayce.
Es la segunda vez que me sorprende Blake, más de lo que habría podido imaginar.