39 Ava
Equilibrio
—Dory Sue… deséame suerte —le digo después de enviarle un mail a mi jefe pidiéndole que reconsidere apartarme definitivamente del equipo de cirugía.
No tengo demasiadas esperanzas, pero necesitaba hacer algo.
El correo ha sido prácticamente una súplica explicándole mi situación y recordándole que pienso volver en cuanto termine la excedencia.
Quizá sea tarde y debería haber reaccionado antes, pero llevo meses viviendo en una realidad demasiado extraña como para pensar con claridad.
El abogado está en el despacho del jardín, escribiendo algo en la pizarra que acaba de estrenar.
Un esquema, según él, con los puntos que más le llaman la atención del caso.
Me lo ha comentado durante el desayuno, el intercambio de palabras más largo que hemos tenido esta mañana aparte de los buenos días.
Porque, por algún motivo, los dos estamos fingiendo que ayer no pasó absolutamente nada entre nosotros.
La ducha que compartimos ayer parece que no ha existido.
Ni tampoco que se colara en mi dormitorio para aclararme que la noche que lo conocí en el club estaba equivocada con él.
O yo en el suyo para hablarle de Andrew.
Y eso me descoloca más de lo que debería.
Salgo de mi dormitorio y suspiro con fuerza, como si con ello todo pudiera cobrar sentido.
Rose acaba de irse hace unos minutos. Ha venido cargada con recipientes de comida, y para comprobar que me encuentro bien.
Su nueva vida parece gustarle, pero no renuncia a traerme esos recipientes con manjares que siempre halago tanto.
Aunque he protestado, alegando que no debe hacerlo, sé que lo hará hasta que me marche; como si fuera su forma de poner un punto y final a su trabajo en la casa Halstead.
Jayce no ha desaprovechado la ocasión de hablar con Rose y confirmar algo que ya sospechábamos todos: que mi tío era una fuente constante de disgustos para mi abuelo. No creo que haya sacado mucho más de ella. Rose adora demasiado a esta familia como para empezar ahora a airear secretos.
Blake aún no ha llegado, así que termino dirigiéndome al despacho del jardín para descubrir qué demonios está escribiendo el abogado en esa pizarra y para avisarle de que tengo que ausentarme un rato.
En cuanto entro, él se da la vuelta y me mira fijamente. Parece un detective obsesionado. O quizás es eso lo que prefiero creer. La opción de que vuelva a ser el abogado frío que mide las palabras no me gusta tanto.
Observo sus gafas, su pelo despeinado, como siempre, y me cuesta centrarme.
En la pizarra hay una sola frase escrita con una letra demasiado perfecta.
Blake no se ha mostrado colaborador.
—¿Esa es la idea que quiere destacar?
—Solo es una nota, no he terminado. ¿Me ayudas a desarrollarla?
—Blake llegará dentro de poco…
—Bien, pero tenemos tiempo. Además, he pensado que hablemos en el salón, para que se sienta más cómodo. Este lugar parece una comisaría y quiero que esté relajado y dispuesto a colaborar.
—Me alegro de escuchar eso, abogado.
—Podemos empezar nosotros. Tengo algunas preguntas.
—Tengo que ir a la clínica, una urgencia. Me uniré después a vosotros, tardaré poco.
—Bien… pero…
—No pongas peros, por favor. Tengo que hacer una sutura importante. Me recuerda que sigo siendo cirujana y lo necesito.
—¿Necesitas recordarlo?
—Sí. Más de lo que me gustaría.
Me mira con una expresión más suave.
Nos interrumpe la voz de Blake.
—¡Buenos días! —dice deteniéndose en la puerta del despacho.
Me alegra verlo. Tiene buen aspecto y está relajado, a juzgar por esa sonrisa que tanto conozco. Pero desaparece en cuanto fija la mirada en la pizarra.
Mierda.
—Blake, llegas pronto —le digo mientras acepto su beso en la mejilla.
—¿Interrumpo algo? —pregunta con un tono distinto.
—No, claro que no. Te estábamos esperando —indica Jayce desprendiéndose de su habitual frialdad.
—Así que Blake no colabora… ¿A qué crees que se debe? —dice Blake sin apartar la mirada de la pizarra.
—No lo sé, Blake, tendrías que decírmelo tú —dice sonriendo.
—¿Marcharme ayer algo afectado lo llamas no colaborar?
No sé si debo o no intervenir.
Dudo.
La situación es tensa y puede llegar a serlo más. Conozco a Blake y también las sonrisas del abogado.
Mi móvil nos sobresalta a todos.
Me alegro de que haya una interrupción, aunque al comprobar que es mi jefe quien me llama, el corazón me sube a la garganta.
Ambos me miran con curiosidad.
—Es importante… —les aclaro saliendo del despacho hacia el jardín.
Mientras escucho a mi jefe, me doy cuenta de que Blake me observa desde la puerta del despacho.
No sé ni cómo puedo pensar en eso. Quizá porque estoy escuchando a un robot fingiendo alegrarse de hablar conmigo mientras me deja claro, con muchísimo tacto, que debería ir acostumbrándome a mantenerme lejos de un quirófano.
No hay puesto en el equipo de cirugía.
Solo Urgencias.
O pediatría.
Y tras unas buenas palabras de ánimo, un falso compromiso de incorporarme a cirugía en cuanto vea la más mínima posibilidad y un deseo de verme cuanto antes… se despide.
Cada vez tengo menos salida. Y yo sigo atrapada aquí sin ni una posibilidad de luchar, por difícil que sea.
Antes de guardar mi móvil, leo el mensaje de Leanne donde me confirma que el paciente ya ha llegado a la clínica. El corte se lo ha producido en la montaña y, tal y como he calculado, ya está llegando. Debo darme prisa.
Vuelvo al despacho para despedirme de ellos, todavía con fuerzas para observar si hay o no tensión, aunque cada vez me quedan menos.
—¿Todo bien? —pregunta Blake, que sigue en la puerta.
—Sí, solo un trámite del hospital de Boston sobre la excedencia, nada importante.
—¿Te marchas? —me pregunta al ver mis intenciones.
—Sí, tengo que ir a la clínica. Vuelvo pronto.
Asiente con la cabeza mientras me doy la vuelta.
Solo he dado dos pasos cuando escucho a Blake.
—Espero que esto sea breve, Jayce, no tengo todo el día.
Y esas palabras de Blake me hacen frenar de golpe.
Respiro hondo. Debo marcharme, pero… no puedo.
Vuelvo sobre mis pasos y entro de nuevo en el despacho.
Jayce me mira muy serio, pero no dice nada. Blake se acaba de sentar.
Me inclino levemente hacia mi primo y le hablo con calma.
—Sí, Blake, sí tienes todo el día, y los que hagan falta.
Contesta a todas sus preguntas, a todas, y dale toda la información que te pida, to-da, absolutamente to-da.
Y lo vas a hacer para ayudarme, para que yo pueda volver pronto a Boston y recuperar mi trabajo.
No quiero más obstáculos y necesito salir de aquí. ¿Crees que podrás hacerlo?
No contesta y baja la mirada.
Me enfrento a la de Jayce, que parece más suave.
Los ojos se me llenan de lágrimas. Así que salgo antes de que alguno de los dos pueda verlo.