33 Ava
Psicología
—Blake, Ava ya te ha puesto al corriente de lo que estamos haciendo aquí… ¿correcto? —pregunta el abogado directamente.
Ni siquiera intenta suavizar el tono. Va al grano desde el primer segundo, como si quisiera empezar cuanto antes y terminar todavía más rápido.
Conozco a Blake lo suficiente como para saber que está nervioso.
Aunque sonría y actúe con normalidad, su regreso a Silver Bay le ha afectado más de lo que admitiría jamás.
Los días del operativo de búsqueda de su padre fueron un infierno y, cuando volvió a Duluth, consiguió tomar algo de distancia.
Ahora Richard, su jefe y uno de sus mayores apoyos, prácticamente lo ha obligado a quedarse unas semanas en Silver Bay y trabajar desde aquí. Así evita pasar tantas horas solo y solo se desplaza a la oficina cuando es realmente necesario.
Nos encontramos en el salón de mi casa. He preferido este lugar a la casita del jardín. Aquí hay más espacio y una vía de escape mucho más fácil para cualquiera que decida salir corriendo.
Y sospecho que los tres lo necesitamos.
Blake está afectado. Yo sigo sintiéndome extraña desde la llegada del abogado, como si todo hubiera ocurrido demasiado rápido. Y él… sinceramente, no sé qué le pasa.
Desde que hemos salido de la clínica ha vuelto a encerrarse en esa versión fría y distante de sí mismo. La reacción que ha tenido cuando le he pedido comprensión me ha descolocado más de lo que esperaba.
Porque, aunque siga siendo insufrible, ya había empezado a detectar algunas grietas en su fachada.
—Así es —contesta Blake—. Me lo explicó todo ayer. Me dijo que ibas a representarla en la declaración y a investigar todo lo relacionado con la desaparición de mi padre.
—Correcto. Y voy a ser sincero contigo. La idea inicial era fingir también contigo que soy la pareja de Ava.
—¿En serio? —se sorprende Blake mirándome.
Ahora es cuando estrangularía al abogado.
¿Era necesaria esa explicación?
Cuando intento intervenir, él se adelanta.
—Aún no conocía vuestra dinámica. Ava me habló de lo unidos que estáis y de la relación de confianza que tenéis, así que entendí rápidamente que no tenía sentido mantenerte al margen de esto.
Vale. Ahora ya no lo estrangularía.
Lo dejo respirar.
—Habría sido raro, sinceramente. Ava y yo tenemos la mala o… buena costumbre —comenta Blake mientras me mira y me sonríe— de contarnos prácticamente todo lo que pasa en nuestras vidas, así que un novio repentino me habría descolocado bastante. Pero entiendo que intentéis ser prudentes.
—Entonces entenderás también la importancia de que esa versión no se desmonte por un comentario improvisado o un despiste.
—No pasará —dice Blake con seguridad.
Observo el movimiento constante de sus manos.
Sigue incómodo.
Y sé que está haciendo un esfuerzo enorme por aparentar normalidad.
Ojalá esta situación no existiera. Sigo pensando que todo esto es excesivo.
—Cuéntame algo sobre vuestra relación últimamente —pregunta el abogado con la misma frialdad de siempre.
El cambio en Blake es inmediato.
La sonrisa desaparece. Baja la mirada y vuelve a frotarse las manos.
—Jayce… pensaba que querías centrarte en la desaparición exclusivamente.
—Y lo estoy haciendo. Pero antes necesito entender el contexto. Cómo estabais ahora. Si hablabais, cuánto os veíais, si seguían existiendo tensiones…
Blake baja la cabeza y luego se enfrenta a Jayce con una mirada fría.
Guarda silencio, uno que a mí se me hace largo. Al abogado, por lo visto, no le afecta. No expresa absolutamente nada.
Decido no intervenir, de momento.
—No sé si me apetece hablar de eso ahora mismo —dice Blake por fin.
—No necesito que entres en detalles íntimos. Solo entender cómo era vuestra relación antes de que desapareciera.
Blake mantiene la mirada fija en él unos segundos más.
—Todo lo que ocurrió ya se lo conté a la policía. Puedo hablarte de eso si quieres, pero lo que había entre nosotros es… asunto nuestro.
—De acuerdo. Pero tarde o temprano voy a necesitar entenderlo.
Blake se levanta. Está más nervioso de lo que esperaba.
—Blake… —digo levantándome también—. Esto solo es…
—Lo siento, Ava. Lo siento, Jayce, pero ahora mismo no puedo hablar de esto.
—Blake, entiendo que… —empiezo a decir, pero de nuevo me interrumpe.
—Necesito estar solo. No tengo nada que decir.
Miro a Jayce buscando su apoyo, que haga algo para retenerlo y calmarlo, pero permanece inmóvil.
Como si ya esperara esta reacción.
Salgo tras Blake.
—Blake… espera.
—Ava, lo siento. Yo… no puedo. Yo… solo necesito saber dónde narices se ha metido, joder. Te llamo después.
No debo insistir. Lo conozco y necesita espacio. Blake tiene una capacidad de autocontrol impresionante, pero ahora no es él.
Entro en mi casa con los ánimos por los suelos.
El abogado sigue sentado cómodamente en el sillón, hojeando un documento. Levanta la vista.
—¿Está bien?
—¿Tú qué crees? —le respondo, molesta por esa frialdad que se ha vuelto a instalar en él.
—No parecía estar bien.
—Te lo he advertido antes y parece que te ha molestado, pero precisamente era esto lo que quería evitar.
—¿Qué me estás recriminando exactamente, Ava? Le he hecho unas preguntas. ¿Te han parecido ofensivas?
Lo pronuncia con ese tono de altivez que tanto me molesta. Inexpresivo. Distante. Como si todo esto pudiera analizarse desde fuera.
—Podías haberte esforzado más, sinceramente. Está mal, abogado. Y no creo que fuera necesario decirle que también habías pensado engañarlo con lo de ser mi novio.
—Creo que eso se lo he aclarado correctamente. Y necesitaba hacerlo para pedirle discreción. No le he dicho nada que pudiera molestarle. De hecho, he intentado dejar claro justo lo contrario.
—Pues podías habértelo ahorrado.
—Sigo sin entender qué esperabas.
—Para ti esto es una investigación —continúo diciendo—, un asunto legal, declaraciones, fechas, protocolos… pero para él es su padre. Es recordar su relación, su desaparición… todo.
—Y precisamente por eso tengo que preguntarle. ¿Qué pretendes? ¿Que hablemos primero de la gastronomía de Minnesota, de los mejores lagos para pescar y… poco a poco introduzca el tema de su padre?
—¿No eras el mejor abogado? Y al parecer también eres un gran investigador privado, pero te falta entender algo tan básico como cuándo una persona está al límite. Se llama psicología, Jayce. Entender cuándo una persona no puede más.
Se levanta despacio y vuelve a mirarme igual que ayer.
Con esa mezcla insoportable de control y superioridad.
—¿Psicología? ¿Qué psicología? ¿La infantil?
—¿Infantil? Es que no te enteras de nada.
—Entonces explícame qué quieres exactamente. Porque no le he preguntado nada que no le preguntara la policía. No creo que a ellos les montara el numerito de «no puedo, me cuesta, estoy demasiado afectado para responder, necesito estar solo».
—Pero tú no eres policía, joder.
—Pero sí soy la persona que quiere ayudarte, a ti, a «su hermana», a su confidente, a su amiga, a la persona que le confiaría la vida.
Se lo preguntó la policía, se lo preguntará el fiscal.
Él también tiene que declarar. Recuérdale que es eso lo que yo estoy haciendo, preparar esa maldita declaración.
Antes de desaparecer en dirección a su dormitorio, sentencia la conversación.
—Tú también estás afectada por muchas cosas —continúa—.
Has perdido a tu madre, a tu abuelo y estás atrapada aquí esperando que esa declaración te permita recuperar tu vida.
Y aun así has contestado preguntas incómodas.
A regañadientes, sí, pero lo has hecho. Él podría haberme dicho cualquier cosa, hacer pausas, incluso mandarme a la mierda si le hacía sentir mejor. Pero largarse…
—Que hoy no haya podido no significa que no vaya a hacerlo —susurro completamente agotada.
—Bien. Entonces dejemos el tema aquí.
De toda esta conversación de locos, lo que más escalofríos me produce es escuchar esa palabra: fin. Ahora mismo no soy capaz de verlo, de ver un fin. Ahora mismo siento que estoy en tierra de nadie, que no puedo pensar por mí misma. Y necesito hacerlo.
Salgo de casa. Necesito sacar esta mierda de dentro.