Jayce. Algo más que prohibido 32 ​​ Jayce
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Es guapo

La clínica resulta mucho más acogedora de lo que esperaba.

Pequeña, sí, pero cuidada hasta el último detalle.

Nada que ver con los centros fríos e impersonales de Boston.

Aquí hay plantas naturales junto a las ventanas, cuadros antiguos, lámparas cálidas y pequeños arreglos florales repartidos por la recepción y los pasillos.

Incluso el olor es distinto. Café recién hecho, madera limpia y desinfectante suave.

Todo transmite exactamente la misma sensación que la casa: historia.

Es sábado. No debería haber nadie en la consulta.

O eso es lo que creía Ava. Se ha llevado una sorpresa al descubrir que estaba casi todo el equipo.

Le ha informado el médico de mediana edad que nos ha recibido.

Él ha sido el encargado de decirle a Ava que la enfermera está haciendo una cura y el otro médico encerrado en su despacho.

Por suerte, me ha hablado de todos ellos de camino.

—¿Por qué no me habéis avisado? —le recrimina Ava molesta.

—No era necesario, Ava. He aprovechado para ordenar unos informes. Si la próxima semana es como la pasada, no tendré tiempo de hacerlo. Y Scott ha atendido un par de urgencias.

—¿De qué se trataba?

—Una caída, un par de puntos y una gripe que aparentemente era mortal.

Ava sonríe, pero noto que está incómoda. Me mira.

—Scott, te presento a Jayce Merrick, un buen amigo de Boston. Acaba de llegar y pasará aquí un tiempo.

—Scott Jensen —dice estrechándome la mano—. Encantado.

No parece especialmente interesado en mí. O debe de estar demasiado acostumbrado a que la gente entre y salga de aquí.

Ava sonríe otra vez, aunque sigue algo tensa.

—Tengo que irme. Si hay alguna urgencia, atiende Ethan.

—¿Quién hay en la sala seis?

—Leanne. Debe de estar recogiendo, ha atendido unas curas —dice saliendo por una puerta trasera. La principal está cerrada.

—¿Un buen amigo, doctora Halstead? —le pregunto haciendo referencia a su presentación.

—Nadie que me conozca se creería que voy a usar «novio» para presentar a nadie. No es mi estilo, amor mío.

Mientras resoplo, aparece la mujer que han nombrado.

—Ava… cariño, ¿qué haces aquí?

Sale de una puerta situada en el fondo del pasillo. Mediana edad, rasgos muy dulces. Parece alegrarse sinceramente de ver a Ava. Fue la mejor amiga de su madre durante toda la vida. Ava le tiene un cariño especial, por lo que me ha contado.

—Pensaba que hoy no aparecerías por aquí —añade besándola en la mejilla. Después me mira y me sonríe.

—He venido a enseñarle la clínica a él —dice mirándome—. Leanne, él es Jayce Merrick, es… un buen amigo… Ya sabes… —añade con una sonrisa torpe.

Tengo ganas de reírme, pero me contengo.

—Jayce, ella es nuestra enfermera, la mejor. Ya te he hablado de ella.

—Encantado, Leanne. Ava me ha hablado mucho de ti.

—Encantada, Jayce. Pero si te ha hablado de mí, seguramente te haya dicho que me quito veinte años siempre que me preguntan la edad, así que tutéame, por favor —dice estrechándome la mano—. Así que un buen amigo… No me habías contado nada, amiguita.

—Lo iba a hacer, pero… ya sabes que he estado un poco… ocupada —le dice Ava muy metida en el papel.

—Lo sé, cariño, lo sé… —responde volviendo a acariciarle el brazo—. Ava, ¿por qué no venís Jayce y tú un día a cenar a casa?

—Yo… No sé, quizás… —titubea Ava mientras me mira.

—Será un placer, Leanne —me adelanto ante la mirada atenta de mi novia.

—¿Cuándo quieres que vayamos? —pregunto.

—¿Mañana? —propone Leanne claramente feliz.

—Mañana —repite Ava.

—Debo prepararme para salir. Me acercaré a casa del señor Main, se ha hecho una herida.

—¿Grave?

—No, se la podría haber curado su hija, esa insoportable mujer, pero ha hecho demasiado drama y prefiero acercarme.

—Pues dile que hoy es sábado y que no atendemos dramas, sino urgencias de verdad —suelta la doctora sacando el genio al que me tiene acostumbrado.

Leanne se echa a reír.

—Después vete a casa, Leanne —le ordena Ava con ternura.

—Lo haré —dice mientras se aleja, pero algo la detiene y vuelve a acercarse—. Ava, no he querido molestar a Blake… Supongo que no se sabe nada…

—No, Leanne, nada de nada —responde Ava afligida—. ¿Quién hay con Scott? ¿Un paciente? Escucho voces.

—Blake. Ha venido hace un rato —nos informa mientras empieza a alejarse de nuevo.

Ava me mira sin ocultar su sorpresa.

—¿Blake? —pregunta como si yo tuviera la respuesta.

—¿No es habitual que esté aquí?

—No suele venir mucho, solo cuando está su padre.

—¿A él se refería Leanne cuando te preguntaba si hay noticias nuevas?

—Sí. Leanne lo está pasando mal, le tiene mucho aprecio a Daniel. Formaban un buen equipo. Está muy afectada. Sabe que yo también me iré… Mi madre murió hace poco y eran inseparables… Todo se le ha venido encima. Por cierto —dice bruscamente—, ¿por qué has aceptado esa cena?

—Porque el concepto de socializar con tu entorno parece que no te ha quedado claro, doctora Halstead…

—No sé qué vas a obtener de Leanne…

—Cotilleos.

—Leanne no es cotilla.

—Nunca se sabe. Tú tampoco lo pareces y bien que metiste las narices en una conversación en el club.

—Definitivamente eres idiota, abogado.

Me echo a reír, más para provocarla que otra cosa, y me alegro de hacerlo. Es la estampa perfecta para que los dos hombres que se acercan nos observen.

—Te estaba esperando —le recrimina Ava a Blake sin esperar siquiera a que estén a nuestra altura.

—Pasé a saludar a Ethan —se defiende fingiendo asustarse.

El tal Ethan sonríe como un tonto y no deja de observarme, aunque enseguida vuelve a centrarse en Ava. Es un médico joven, de mi edad, y guapo.

—¿Qué haces aquí? Lo creas o no, nos las ingeniamos sin ti, Ava —le dice el médico guapo con la misma sonrisa absurda.

Se cuelga de su brazo en un gesto demasiado íntimo.

Ava sonríe mientras fulmina a su primo con la mirada.

—Hola, Jayce —dice el primo tendiéndome la mano—. ¿Cómo estás?

—Hola, Blake. Volvemos a vernos.

—Sí, pero esta vez no necesitamos presentaciones.

—Así es —le digo esforzándome por sonreír.

Blake me mira de la misma forma que lo hizo ayer, cuando llegué: con curiosidad y desconfianza.

Blake es un hombre alto, atractivo, de los que abusan del gimnasio. Sus gestos denotan seguridad. Abraza a Ava y consigue que a ella se le olvide el reproche.

—¡Oh! Ethan, te presento a Jayce. Es un amigo… especial de Boston —dice Ava.

—Hola, encantado —me saluda el médico guapo.

La sonrisa tonta ha desaparecido.

«Este está colado por Ava», pienso mientras lo observo. No le ha gustado mi presencia.

Unos minutos después, Ethan se despide.

—Blake, he venido a enseñarle la clínica a Jayce. Deberíamos hablar. Podemos volver a mi casa, si quieres.

—Claro, me dirigía hacia allí.

¿Por qué le ha sorprendido que Blake estuviera en la clínica?

Por suerte, Ava se ofrece a enseñármela al completo mientras Blake sale al exterior e indica que nos espera fuera.

Tengo tiempo para pensar qué quiero preguntarle después a Blake y también qué quiero aclarar con Ava.

—Así que ese es tu primo Blake… —comento con un tono irónico que no parece captar. Está pensativa.

—¿Te preocupa algo?

—No me siento cómoda mintiéndole a Leanne. Nos ha invitado a cenar y… seguir con esto no me gusta.

—Algún día podrás aclarárselo, Ava.

Asiente con la cabeza.

Después de un rápido recorrido por la clínica y pedirle al médico guapo que se encargue de cerrar, salimos a toda prisa.

Su primo no está por ninguna parte, así que decidimos dirigirnos a casa.

—Compórtate con Blake, abogado —me suelta con un tono despectivo que me saca de quicio.

—¿Qué coño quieres decir con eso?

—Yo aguanto las preguntas, pero él… es diferente. No lo atosigues, no lo molestes si no es necesario. Está muy afectado por todo.

—Eh, doctora. Eres tú quien ha querido que esté dentro, que no se pierda nada… Que participe en todo. Tomaste la decisión de no dejarlo al margen, a pesar de lo que eso puede suponer, así que no pongas condiciones. Le preguntaré todo lo que necesite.

—¿Se puede saber qué te pasa?

«Que no me gusta tu primo ni el médico guapo», pienso, pero me abstengo de decírselo.

Mucho menos que sean amigos como parece que son.

Hay algo en esos dos que no me gusta.

Y lo peor es que ni siquiera tengo claro por qué coño me molesta.