Jayce. Algo más que prohibido 25 ​​ Jayce
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Realidad

Estoy cansado de esta situación y apenas llevo una hora en esta casa. No solo tengo que alojarme en un palacio abandonado, monstruoso, escalofriante, sino que pretende ponerle condiciones a todo y cuestionarlo todo.

Sinceramente, me estoy planteando marcharme. No sé si tiene sentido pasar tres semanas cuestionando cada palabra con esta insufrible mujer.

Se acerca lentamente a mí. Mis palabras le han provocado alguna reacción porque su expresión es extraña.

Incluso su tono de voz, calmado, pero firme, es distinto.

—Escúchame atentamente, abogado, porque voy a hablarte de realidad —me dice alzando ligeramente las cejas, con un brillo extraño en la mirada—.

Realidad son estas casas. Su historia. Y también mi madre y mi abuelo, que hace nada estaban aquí y ahora ya forman parte de esa historia.

Realidad es entrar en estas estancias sabiendo que no volverán a recorrerlas ni a recibirme nunca más.

»Realidad es la clínica, que está a la deriva, sin nadie sujetando el timón.

Más historia. La de mi familia. Ninguno está.

Unos muertos. Otro desaparecido. Y yo no tengo ni planes, ni fuerzas ni ganas de ponerme al frente.

El que debía hacerlo parece que se lo ha tragado la tierra y no tenemos ni puta idea de dónde está… y eso también es realidad, abogado.

»Realidad es que su hijo está destrozado, imaginando lo peor.

Y yo, que ni siquiera tenía el mismo apego hacia él, también estoy deseando que aparezca y entre por esa puerta de una vez.

Probablemente porque así desaparecería esa otra realidad que tú y mi padre os empeñáis en meterme en la cabeza.

Esa en la que todo puede explotar, salir mal y arruinarme la vida.

Y quizás entonces podría volver a Boston y alejarme de todo esto que duele.

»Y realidad es mi trabajo. Ese al que voy a volver y que probablemente no me permitirá ver un quirófano ni desde la puerta porque alguien ha decidido que dedicarle un año a mi madre hasta su muerte tenía un precio.

Realidad es lo mucho que deseo que todo este maldito proceso, la investigación, la declaración o como quieras llamarlo, quede atrás de una vez.

Poder entrar en mi apartamento y sentir que sigo teniendo una vida.

»Realidad es que acabo de estrenar un padre después de veintiocho años creyendo que no existía. Uno al que creo que quiero, pero del que ni siquiera sé qué se supone que debo sentir todavía. Un padre al que llamo «papá» más por él que por mí, porque a mí la palabra aún me resulta extraña.

»Y realidad es que tengo un padre que dice quererme con locura, pero que sigue escondiéndome de su mundo mientras espera el momento adecuado.

Realidad es que, a ese padre, al que le prometió a mi madre que me cuidaría, le estoy agradecida, muchísimo.

Por su tiempo, por su protección y por enviarme aquí a su mejor ayudante.

Pero en medio de todas esas realidades, la única persona que de verdad ha estado siempre conmigo es Blake.

Mi mejor amigo. Mi confidente. Mi familia. Y no voy a dejarlo al margen de esto.

»Mi padre y tú os empeñáis en hablarme de una realidad que a mí todavía me parece lejana.

Oscura. Trágica. Y, sinceramente… no consigo verla.

Discutí con mi tío. Sí. Quería echarlo de mi casa y convencerlo de que dejara de aparecer aquí constantemente.

Eso es todo. Y ahora, de repente, tengo abogados, estrategias, investigaciones y escenarios horribles sobrevolándome la cabeza.

»Entiendo por qué estás aquí. Y también entiendo que no he estado acertada contigo desde que te he reconocido.

He reaccionado mal. Muy mal. Pero no voy a mentirte: guardo una mierda de recuerdo de aquella noche.

De ti. De todo. Hay lagunas, vergüenza y una sensación asquerosa de no recordar cosas que debería recordar.

No funciono bien cuando siento que pierdo el control, cuando siento que juego con desventaja.

Y eso es exactamente lo que me pasó contigo.

»No te soporté entonces y tampoco me resultas especialmente agradable ahora, pero entiendo la inmensa putada que te ha hecho mi padre enviándote a un pueblo perdido a jugar a los detectives conmigo.

Así que, si te sirve de algo… gracias por venir.

Aunque siga pensando que todo este «despliegue» es exagerado.

»Y una vez aclaradas todas estas mierdas de realidades, Blake va a saber la verdad.

Va a participar en todo y va a estar al corriente de todo.

Eso no es negociable, abogado. Así que tienes dos opciones: mentirle a mi padre o decirle simplemente la verdad.

Puedes decirle que se me ha escapado y no he sabido mantener el secreto. A mí me da igual. Lo que prefieras.

»Y ahora, si me disculpas, voy a hablar con Blake y a aclararle todo esto. Y… por supuesto, voy a decirle que él no está al margen.

Se dirige hacia la salida, pero se detiene antes de cruzar la puerta mientras yo sigo impactado por todo lo que acaba de soltarme.

—Ese de ahí es mi dormitorio. De los otros dos, elige el que más te guste. Puede que la broma de alojarte en el museo ya deba terminar. Y… si no te gusta la realidad de Blake y no piensas aceptarla, no hace falta que deshagas las maletas.

—Las desharé —le digo. Es lo único que soy capaz de pronunciar.