Jayce. Algo más que prohibido 17 ​​ Jayce
21%

17 ​​ Jayce

La deuda

​​ Un mes después

No es la primera vez que visito a Alexander en su casa, pero sí la primera que me recibe en el salón.

Hace tres semanas que se incorporó al trabajo, pero todos los contactos con él, las constantes videollamadas y las dos visitas anteriores se han realizado desde su despacho.

Muestra esa expresión que tanto conozco; la de los asuntos importantes donde el tiempo no juega a nuestro favor.

—¿Qué tienen de malo las videollamadas? ¿Ya te has cansado? —le pregunto con la ironía a la que solemos recurrir.

—Se trata de un asunto delicado, requería tu presencia.

—¿Tan delicado como para recibirme en el salón?

—Es personal.

Esa palabra me indica que me enfrento a algo distinto. Alexander y yo compartimos el amor por la abogacía, por el bufete, por los triunfos en los tribunales y por los buenos restaurantes de sushi. Pero ni él ni yo compartimos nada personal.

Conozco a su padre, a su abuelo, a su hermano y a su mujer, pero por la sencilla razón de que todos son abogados y forman parte del bufete. Unos ya retirados, como su padre y su abuelo; otros activos, como él, su hermano, al frente de mercantil, y Victoria, al frente de familia.

Él conoce a mis hermanos. A Cassidy porque me ha visitado en el bufete; a Aiden porque trabajó para el bufete durante años. Nunca bajo su mando directo, por pertenecer a mercantil, pero sí bajo su dominio como dueño del «imperio» Pembroke es evidente. Pero todavía le queda un largo camino por recorrer. Se apoya en las muletas para dar cada paso, con más seguridad que hace unas semanas, aunque aún le esperan meses hasta recuperar la normalidad.

—¿De qué se trata, Alexander?

—De mi hija. Quiero hablarte de mi hija.

De todas las respuestas que esperaba, esta es, con diferencia, la más improbable.