13 Ava #2
—Quiero que vendas la casa; tendrás tres o cuatro compradores.
Dejo a tu elección los que consideres que mejor la van a cuidar.
Las ofertas económicas son parecidas y todos los que te la querrán comprar son buenas personas dispuestas a seguir con este legado.
Pero no él. Él la convertirá en un amasijo de escombros.
No le interesa, tiene su propia casa. Quiero vivir en la eternidad sabiendo que mi nieta no ha podido continuar en este lugar, pero se ha encargado de que otros la quieran por ella.
—Y… ¿qué se supone que tengo que hacer?
—Abrir el testamento, impedirle el acceso bajo ningún concepto y vender la casa.
—¿Mi madre conocía esta historia?
—Sí, algo sabía, pero no las dimensiones del problema.
Daniel compartió algunos detalles con ella y tu madre empezó a notar que aquello no era una simple manía.
Por eso, antes de morir, le pidió que dejara ese asunto, que dejara de insistir con la casa.
Se lo hizo prometer. Aunque no conocía el alcance de sus intenciones, sabía que acabaría yendo a más si no lo frenaba.
Y él se lo prometió, Ava. Le prometió que abandonaría esa absurda idea del tesoro, que jamás tocaría un ladrillo de la casa.
—¿Ella sabía que me dejarías la casa a mí?
—Sí. Me pidió que le dejara la clínica a él y la casa a ti.
—Pero has dicho que…
—La clínica será para los dos, Ava. El fruto del trabajo de mi padre, mío y de tu madre no lo va a recoger sin más. Él la dirigirá, como hasta ahora. Tú seguirás siendo propietaria de tu parte. Tú no estarás presente en la clínica, pero sí disfrutarás de las ganancias del cincuenta por ciento.
—Abuelo, yo…
—¿Tienes claro lo que debes hacer?
Me tomo unos segundos y le miro. Sé que necesita paz.
—Enterrarte, abrir el testamento, vender la casa e impedirle a mi tío que entre en ella. Volver a Boston, triunfar y recoger las ganancias de la mitad de la clínica.
—Eres muy lista; no sabes lo tranquilo que me quedo.
—¿Y a Blake qué le dejas?
—Ya se encargará su padrastro de dejarle algo.
—Abuelo… es tu nieto —le digo en un tono que no es el más adecuado para un hombre enfermo, octogenario, que está hablando de su última voluntad, por idiota que sea.
Pero es lo que se merece, y más, por hablar así de Blake.
Toda una vida luchando por ese estúpido concepto de la sangre y el apellido me saca de quicio.
Blake no es hijo legítimo de mi tío Daniel, entró en su vida cuando él tenía tres años, pero el único que utiliza los conceptos hijastro y padrastro es él.
Siempre lo ha tratado correctamente, pero nunca lo ha aceptado como nieto y ha mantenido siempre una distancia con él.
—Ava, no quiero discutir eso a estas alturas de mi vida. No entiendo cómo no os ha quedado claro a todos. En términos sociales, le tengo aprecio; en términos familiares no es nadie. Es el hijo biológico de un delincuente que murió en una prisión y que tu tío decidió adoptar.
—Blake es más que eso, es mi mejor amigo y sabes que le quiero como a un hermano. No entiendo cómo puedes hablar así de él.
El abuelo desvía la mirada y adopta esa pose altiva a la que suele recurrir siempre que quiere pronunciar la última palabra, o sea, siempre.
—He dejado dispuesto que reciba dinero suficiente para que no tenga quejas.
¿Contenta? Blake es un buen chico, le tengo aprecio y siempre lo he tratado con respeto; pero no intentes convencerme de que es mi nieto.
No pinta nada en mi familia, pero tu madre me pidió que lo incluyera y no voy a faltar a mi palabra.
No voy a conseguir que lo trate como un miembro de la familia, no a estas alturas, después de una vida discutiendo con él sobre ello; así que me conformo con que lo haya tenido en cuenta. Blake no necesita ese dinero para vivir, se gana bien la vida, pero a nadie le sobra el dinero.
—De acuerdo —le digo de mala gana—. ¿Blake sabe algo de esto?
—¿Del testamento?
—Me refiero a lo de su padre.
—No, claro que no. Sabe que tiene desvaríos con el tesoro, pero desconoce toda la historia. Cuando me muera se la cuentas. Así entenderá por qué le impides el paso a su padrastro.
—Se lo impediré cuando se presente con una pala y un mazo…
—No hace falta que llegue a eso. Intentará entrar de cualquier manera, Ava.
Escúchame bien: no puede franquear esa puerta bajo ningún concepto.
No dejes que se instale, no le permitas quedarse ni un solo minuto.
En cuanto leas el testamento, mantente atenta y, en cuanto Daniel dé un paso, actúa.
Acude a las autoridades si es necesario.
Mi amigo Richard está avisado. Te ayudará si es necesario, pero recurre a él solo si no tienes otra opción.
No quiero escándalos. Si puedes solventarlo tú sola, mejor.
—Abuelo, no te voy a decir que lo entiendo porque me está costando, aunque he comprendido perfectamente la historia, por idiota que me parezca. Pero ese proceso del que hablas, esa custodia, esa venta… lleva tiempo y yo…
—No, Ava… Sé lo que estás pensando, pero créeme si te digo que no te voy a tener atada aquí. Todo llegará antes de lo que crees. Es cuestión de pocas semanas, Ava… se acerca el momento. Y cuando llegue, no tendrás margen para dudar.
Esas palabras me atraviesan el alma. Otra parte de mi vida que está a punto de romperse. Y será antes de lo que pensaba.
Ese anciano gruñón al que quiero con locura no me está mintiendo. Me está preparando para una partida inminente. Y me deja un encargo surrealista.