Jayce. Algo más que prohibido 6 ​​ Ava
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6 ​​ Ava

Te escucho

El escalofrío no me abandona, sigue recorriéndome el cuerpo en todas direcciones.

Andrew está delante de mí. Le han servido otro cóctel y hasta me ha contado su aventura con el tráfico de Boston por Storrow Drive.

Y yo sigo recreando en mi mente ese «No follo en el baño».

Me esfuerzo en concentrarme en Andrew, pero empiezo a sentir que…

o he perdido el juicio o el cóctel está contaminado, no solo de alcohol.

No me creo que le haya soltado todo eso al del hoyuelo.

Sí, soy algo impulsiva a veces, suelo disparar cuando algo me afecta, pero… de ahí a entrometerme de esa manera…

Con mantenerme entretenida me tendría que haber bastado.

—Ava… necesito tu atención.

Esas palabras me devuelven a la realidad.

¿Es una forma de introducir el tema «serio» o se ha dado cuenta de que estoy ausente?

De todas formas, es culpa suya. ¿Por qué me habla del tráfico? Cualquiera en mi lugar preferiría pensar en el del hoyuelo susurrando un «follo» escalofriante que escuchar relatos sobre atascos, bocinas y conductores malhumorados.

—La tienes —le digo recostándome en el asiento.

Me esfuerzo en recordarme con quién estoy y a qué hemos venido. Debo pensar en que… la conversación de ayer debemos borrarla de nuestras mentes y hablar de nuestra situación.

—Te pido que me escuches. Por favor, no te levantes y te marches como hiciste ayer. No me dejes con la palabra en la boca. Hablemos. Escúchame.

Confieso que la Ava orgullosa está disfrutando de ver cómo me pide que le escuche. Es mejor que el ultimátum.

—Te escucho, Andrew —le digo con calma. Ya estoy libre del escalofrío y soy capaz de concentrarme en él.

—Ava, llevamos ocho meses separados. Tuviste que marcharte cuando estábamos en un momento precioso y… por supuesto lo hiciste por un motivo muy importante. Yo mismo te animé a hacerlo. ¿Cierto?

—Cierto —le digo, aunque lo de «momento precioso» no sé si se ajusta a la realidad. Era un momento como cualquier otro.

—Nos hemos visto solo cuatro veces en estos últimos ocho meses y, aunque hemos hablado mucho por teléfono… no es lo mismo. Yo… te he echado mucho de menos.

Empiezo a desarmarme y a deshacerme. Tiene razón.

Asiento con la cabeza.

Vaya, eso de que me ha echado de menos suena muy bien.

—Cuando me dijiste que volvías a Boston, me hice ilusiones. No esperaba que solo estuvieras unos días y te marcharas de nuevo. Lo recibí como un jarro de agua helada.

—Andrew, nunca te dije que fuera a quedarme. Te dije que viajaba a Boston, solo eso.

—Pero era lo más lógico, Ava. Te marchaste por unas razones de peso, lo sé, pero ahora no tiene sentido.

Confieso que la manera en que lo plantea me parece demasiado superficial, teniendo en cuenta los motivos por los que me fui, pero voy a intentar mantener la calma y escucharle como me he comprometido a hacer.

—Entiendo que lo veas de ese modo, pero ya te dije que tengo motivos para volver.

Ahora es cuando él se preocupa por los detalles de esos motivos y yo le hablo de mi abuelo.

—¿Y se supone que tengo que esperar cuatro meses más?

Pues no, no se preocupa.

Me pregunto si debo responderle. Me lo voy a preguntar un par de veces más.

No le respondo, me muerdo la lengua.

Mejor que siga hablando él.

—Esta espera no es buena, Ava. Me hace daño, me desvía del camino. Yo… necesito atención. Ava, me has tenido muy abandonado, aunque fuera por una causa justa. Y… en ese tiempo, ya sabes, se conocen personas y… pasa lo que pasa.

¿Abandonado? ¿Se conocen personas?

Aprieto la mandíbula y me apodero del cóctel con más fuerza de la necesaria.

—¿Qué quieres decir? —le pregunto dándole un sorbo, aunque hace rato que perdió su esencia y se ha convertido en un brebaje caliente y aguado.

—He conocido a alguien, Ava, pero… ¡alto! No te adelantes. No ha pasado nada entre nosotros. Nada. Lo tengo aparcado. No te he sido infiel. Yo… estaba esperando que volvieras para retomar lo nuestro, por eso no ha pasado nada con ella. Te prefería a ti, Ava. Entiéndeme…

¡No me puedo creer lo que he escuchado!

—¿Me estás diciendo que has conocido a alguien pero que no ha pasado nada porque creías que yo volvía para quedarme y preferías retomar lo nuestro? ¿Lo he entendido bien?

—Insisto en que no he tenido nada con ella. Me propuse esperarte y es lo que he hecho. Pero cuatro meses más…

Miro a mi alrededor. Solo pensar que alguien ha podido hacer como yo con la pareja de al lado y escuchar la conversación… me acelera el ritmo cardiaco.

—Andrew, ahora ya sabes que no me quedo. Me voy. Ya te puedes liar con ella. Ya no tienes que tenerlo aparcado.

—Ava, no eres sensata. ¿Qué harías tú?

—Andrew, me has pedido que no me levantara y me marchara y me he comprometido a no hacerlo. Bien, no lo haré. Pero será porque el que se va a levantar y a largar de aquí eres tú. Y lo vas a hacer ya. Sin añadir ni una sola palabra.

—Ava…

—Elige, Andrew. O te vas tú o me voy yo. Te lo concedo.

Mueve la cabeza. Se levanta bruscamente y me mira desafiante.

—No hace falta…

—Sin añadir ni una sola palabra, Andrew —le interrumpo.

—Hemos terminado, Ava —me dice de forma muy teatral.

Será imbécil…

Andrew desaparece de mi vista y no sé si reír o llorar.

Oculto mi rostro entre las manos y niego con la cabeza.

Noto que alguien se acerca.

Levanto la cabeza y me encuentro con alguien que no esperaba encontrar. El chico del hoyuelo. ¿De dónde ha salido?

—¿Qué esperabas, Ava? Tenías al pobre Andrew abandonado…

No me lo puedo creer. No es posible que lo haya escuchado. ¿Dónde coño estaba?

Me giro inconscientemente hacia atrás y deduzco que debía de estar detrás de la celosía. No puede haber otro sitio.

Lo miro con el ceño fruncido, con ganas de estrangularlo. Es lo último que necesito ahora.

—El chico tiene sus necesidades y… mientras estás de viaje ocho meses… conoce a alguien. Pero… Andrew no te ha sido infiel, ha aguantado como un héroe…

No soy capaz de decir nada, al menos nada que esté a la altura.

—Sí, lo sé… no es asunto mío —me dice antes de regalarme una sonrisa cargada de cinismo. Antes de alejarse lentamente.

No sé qué es lo que más me afecta en este momento, si no haber sido capaz de decir nada, si aceptar que me la ha devuelto o que haya escuchado la lamentable conversación con Andrew.

No sé cuál de las tres es peor. La combinación de orgullo herido y ridículo escuece.

Pero prefiero pasar el resto de la noche pensando en ello. Prefiero maldecir contra el del hoyuelo o… echarle la culpa al cóctel.

Es mucho mejor que pensar en la realidad, esa que está formada por medias partes o partes que se desmoronan.