Jayce. Algo más que prohibido 5 ​​ Jayce
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Escapada

Una escapada al baño no va a cambiar nada, pero al menos podré respirar un rato tranquilo.

Anne sigue en su empeño de no ver la realidad y yo no pienso encargarme de ello.

No me corresponde. No somos amigos ni lo hemos sido nunca, ni siquiera buenos compañeros.

Solo hemos trabajado en el mismo equipo.

No hay ni un solo integrante del bufete que no intuyera que su despido se iba a producir en cualquier momento.

La única sorprendida es ella. Sus continuos enfrentamientos con el director, sus últimos cuatro fracasos en el tribunal, básicamente por tener un concepto equivocado de «equipo», y la pérdida de un cliente potencial por un estúpido error administrativo que acabó con la posibilidad de proporcionarle una buena defensa, han contribuido a ello.

Debería habernos escuchado, pero su necesidad de querer estar siempre por encima de todos ha tenido consecuencias.

Pero no seré yo quien se lo recuerde. Yo solo he tenido la gran suerte de encontrarme en su despacho cuando ha recibido la noticia.

Anne acababa de regresar de Londres tras pasar dos meses fuera del estado, en lo que el bufete calificó como una «colaboración externa», una de esas salidas elegantes que sirven para apartar a alguien sin hacer ruido.

Yo solo soy el que no ha tenido corazón para negarle acompañarla a tomar una copa en el club cuando me lo ha pedido con los ojos envueltos en lágrimas.

Y también soy el que está aguantando sus reproches sobre la manera en que yo y el resto del equipo hemos defendido su puesto.

«He hecho lo que he podido», le he dicho.

Y no le he mentido. En realidad, equivale a decir nada, que es lo que se puede hacer cuando una decisión llega de la cima del bufete.

No habría sido igual si se hubiera tratado del resto de mi equipo, pero…

también es verdad que ninguno de ellos ha desafiado tanto su permanencia en el bufete como Anne.

No quiero seguir hablando con ella, así que voy a plantearle la retirada. Seguro que sigue con el interrogatorio sobre su sustituta y no me corresponde a mí desvelárselo; ni siquiera la conoce. No le he mentido. Pero querrá saber más y más sobre ella y me niego a mantener esa conversación.

Salgo del baño dispuesto a deshacerme de Anne.

Mi buena acción del día ha terminado. Espero que Emily también se haya marchado.

No esperaba encontrarla aquí. Hacía tiempo que no sabía de ella.

Habría estado encantado de saludarla, pero todas las veces que lo he intentado me ha fulminado con la mirada.

Tenía una expresión extraña. Lo nuestro fue breve, solo tres o cuatro citas, pero guardo un buen recuerdo.

Parece que ella no. Sigo sin entender del todo a las personas.

En cuanto abandono mi refugio, me encuentro con una situación algo extraña.

Justo en el centro del baño hay una mujer que me mira fijamente.

Toda una belleza. Es muy guapa. Mucho. Melena castaña, larga y ondulada, ojos de color miel, grandes y llamativos, y unas facciones suaves difíciles de ignorar bajo las potentes luces de este lugar. La recorro con la mirada casi sin darme cuenta. Resulta complicado no fijarse en su cuerpo.

Parece que se va a acercar a mí, pero finalmente no lo hace. Después abre la boca sin dejar de mirarme, con la intención de decir algo, pero también desiste.

De repente, se da la vuelta y desaparece.

¿La conozco?

Diría que no la he visto nunca, lo recordaría…

Vuelvo a mi mesa sorprendido por la situación y compruebo que Anne no se encuentra. La chica del baño está sentada en la zona de al lado.

Me mira de nuevo y se levanta.

—Tu novia se ha marchado. O exnovia… lo que sea. Me ha pedido que te lo dijera.

Tardo en entender la situación, pero finalmente lo logro. Anne se ha ido sin despedirse y le ha pedido a esa mujer que me lo diga. Es un poco estúpido, pero lo doy por bueno.

—Gracias —le digo con sequedad, sin intenciones de aclararle si Anne es o no mi novia. La sola idea me da repelús.

—¿Era necesaria la escenita del baño? —me pregunta.

Estoy algo perplejo, lo confieso, y me esfuerzo por entender lo que dice.

—¿Escenita?

—Lo he escuchado todo, ¿sabes? —me dice señalando su asiento—. Estoy esperando a alguien y… me aburría y… no he podido evitar escucharos.

—¿Estás hablando en serio? —le digo perplejo. ¿Quién confiesa algo así? ¿Lo habré entendido mal?

—Ha sido cutre… muy cutre.

—¿Cómo dices?

—Lo que has hecho con esa chica, la que lloraba, la que estaba ahí contigo…, la que me ha pedido que te diga que se marchaba.

Necesito ayuda para entender esto.

—¿Conoces a Anne? —pregunto todavía desubicado mentalmente.

—No, pero os he escuchado… ¡Me aburría!

Escuchado…

Creo que empiezo a entenderlo.

Pero sigo sin dar crédito.

—Sé que me estoy metiendo donde nadie me llama, pero…

—Pues sí, es lo que estás haciendo —la interrumpo molesto.

—La dejas después de cinco años y…

—Pero… ¿de qué hablas? —le pregunto perplejo. ¿Será una broma que me está gastando alguien del club? Apenas hay nadie esta noche.

—Ya sé que no es asunto mío —insiste, pero esta vez baja la cabeza como si estuviera avergonzada, aunque a los dos segundos vuelve a la carga—, pero no he podido evitar escucharlo y solo quería decirte que es muy ruin hacer algo así.

Que la dejes hecha un mar de lágrimas y te vayas al baño a tirarte a otra…

¿No podías esperar a otro día? Después, mañana…

—¿A tirarme a otra?

Pero ¿qué coño está diciendo esta tía?

—Sí, eso he dicho. Lo he visto.

—¿Qué es lo que has visto?

—Cómo mirabas a esa chica, la que había antes en esa mesa —dice señalando hacia donde se encontraba Emily, que ya no está—. Y luego habéis desaparecido en dirección al baño. Y la pobre Anne llorando sin consuelo. ¡Patético! Pero a mí no me importa.

El puzle que esa mujer tiene en la cabeza empieza a cobrar sentido. Es ridículo, pero tiene sentido.

La miro durante unos segundos. Me acerco lentamente a ella y le digo al oído:

—Si me conocieras, te darías cuenta de lo absurda que es tu teoría. Yo no follo en los baños, soy muy escrupuloso.

Le sonrío y ella me mira perpleja.

La dejo atrás bordeando los sillones. En ese momento se acerca un hombre a ella.

Siento curiosidad y observo de reojo la escena. Se miran. Él se acerca a ella y le da un beso en la mejilla. Ella ni se inmuta.

Interesante.

Rodeo la zona de reservados y paso por detrás de ellos. No pueden verme, hay una gran celosía de madera.

Siento curiosidad por saber de qué hablan.