Jayce. Algo más que prohibido 3 ​​ Ava
3%

3 ​​ Ava

Respuestas

En los cinco años que he trabajado en este hospital nunca lo había contemplado desde este ángulo. Ni siquiera sabía que existía un banco donde sentarse y tener una proyección tan buena de los diferentes edificios que forman el Massachusetts General Hospital.

Estiro los brazos, muevo mis manos y las observo.

«Son las manos de una cirujana», me solía decir mi madre.

Las giro despacio, recordando el ajuste de los guantes, la presión exacta antes de empezar.

Hace apenas una hora he estado en quirófano.

No dentro, sino delante, a cierta distancia.

Justo delante de la línea que delimita la zona restringida.

Lo suficientemente cerca para ver la puerta, cerrada, y el número que figura en la placa.

Mi número… o al menos lo era. En ese momento todavía no lo sabía.

Ha sido después cuando me he enterado. Después de cruzarme con dos enfermeras que me han dado la bienvenida con una sonrisa automática.

Después de que un compañero, que apenas se ha detenido, me haya dicho que tenía prisa, que se alegraba de verme y que sentía lo de mi madre; después de ver cómo se alejaba a toda prisa.

No es que me haya importado. Pero hay una parte de mí, absurda y completamente fuera de lugar, que esperaba otra cosa. Algo más.

«Una pequeña fiesta de bienvenida, euforia, lágrimas», me digo sonriendo por primera vez desde que he salido del hospital.

Antes no ha habido sonrisas. Mucho menos cuando lo he sabido. Justo cuando mi jefe me ha recibido en su despacho, después de decirme que se alegraba de verme.

—Eres buena, Ava —me ha dicho en algún momento, entre la bienvenida y el golpe seco en el pecho.

Y me lo he creído. Me he creído que era buena. Ha sido justo antes de escuchar «No podemos mantenerte el puesto», también antes de desvelarme quién lo ocupa y por qué. «Ella no pide excedencias».

Como si yo la hubiera pedido para viajar y conocer mundo.

—Por supuesto, como te dije, tienes una plaza en el hospital, pero no en el equipo —me ha dicho, consiguiendo que me quedara pegada a la silla.

Y el golpe de gracia ha llegado segundos después.

«No en quirófano».

No en quirófano. Eso es lo único que importa.

Me quedo con eso. Todo lo demás sobra.

Fuera, en el pasillo, unas voces comentaban algo de forma divertida mientras yo intentaba encajar el golpe. El mismo pasillo por el que he corrido tantas veces. Cinco años entrando por esas puertas, aprendiendo a no fallar, a no temblar, a no mirar atrás. Cinco años para… empezar de nuevo.

—Así funcionan las cosas —ha rematado al final mi jefe.

Y aquí estoy observando el hospital. Como si no terminara de encajar en él. Deseando que se acerque alguien y consiga despegarme de este maldito banco.

Aunque no es lo mismo, el sonido de mi móvil consigue distraerme. Un mensaje.

No. Ahora no.

Es el tercero que me envía Andrew, alternado con unas cuantas llamadas que no he atendido.

Estoy lo suficientemente mal como para molestarme en leerlo. No creo que nadie me saque de aquí. Solo hay un anciano que me observa desde el banco de al lado y, cada vez que me observo las manos, él me mira con compasión.

Solo quiero que me escuches, Ava.

Quiero explicarme como te mereces.

Sé que fui un estúpido.

Escúchame, por favor.

Más de lo mismo. Es lo que me ha estado escribiendo todo el día, solo que este reúne el contenido de los tres anteriores.

Ya no está tan altivo como la otra noche, quiere una conversación.

No contiene un «te quiero, te necesito, volvamos donde lo dejamos, te esperaré…».

Quiere un final más digno y… me parece justo.

Y… técnicamente no sé si yo le dejé a él o él a mí.

Eso me hace sonreír.

¿Por qué no?

El siguiente mensaje es un «Por favor». Y este sí lo contesto con un escueto «De acuerdo».

Para acabar recibo una propuesta.

¿En el Club Vance a las ocho?

Y eso es todo lo que tengo que hacer en lo que queda de día. Acudir a mi club favorito a encargarme de escuchar otra de esas partes de mi vida que ya no están enteras, como mi carrera.