2 Ava
¿Y si tiene razón?
—Creo que me he perdido… —me indica Blake al otro lado de la línea cuando termino de relatarle mi fantástica velada.
—¿Qué es lo que no entiendes?
—Veamos… Leah escuchó a Andrew decir: «tengo que hablar con Ava, hoy mismo se lo planteo», y dedujo que te iba a proponer matrimonio —Hace una breve pausa; lo imagino pasándose la mano por la cara—. ¿Qué se me ha escapado?
—Nada. Es tal cual. Así me lo acaba de contar —respondo, quitándole importancia.
Guarda silencio unos segundos, demasiados para alguien como él.
—Veo que no ha cambiado nada… Me pregunto cómo esa chica se mantiene consciente y no entra en coma de vez en cuando. Su cerebro trabaja poco y lentamente… ¿Cómo se las arregla para afrontar un día cualquiera?
Me echo a reír. Blake siempre ha tenido problemas para tolerar la presencia, o quizás debería decir existencia, de Leah. Ambos la conocimos en nuestra etapa universitaria, en Harvard, aunque solo yo he mantenido una relación con ella.
—No lo sé, pero esta vez se ha superado —admito, dejando que la risa se disipe poco a poco.
—Puede que algún día consiga entender por qué sigues tratando con ella.
—Es muy torpe y mete la pata cada dos por tres, pero le tengo cariño —Me quedo unos segundos en silencio antes de añadir—. No me sobran los amigos en Boston.
—¿Qué hay de Blair y Sloane? —pregunta casi al instante, como si ya lo tuviera preparado.
—Ya no es lo mismo que en la universidad. Todo ha cambiado, hemos cambiado…
—¿No están en tu lista de encuentros en Boston? —insiste, sin dejarme demasiado margen para esquivar el tema.
—Nos veremos dentro de dos días.
—¿Y tu padre?
—Mañana lo veré.
—¿Por qué no seguimos hablando de Andrew? —insiste, sin rodeos.
—Porque tú has querido hablar de mis amigas.
—¿Por qué has activado el drama?
—Me apetecía hablar contigo.
—Entonces ¿no hay drama? —pregunta tras una breve pausa.
—No.
—¿Y si… ese ultimátum solo han sido unas palabras desafortunadas para decirte que te echa de menos?
—Habría bastado con un «te echo de menos».
—Una forma accidentada de decirte que no quiere que te marches de nuevo.
—Habría bastado con un «no quiero que te marches de nuevo». Después habría habido una conversación, ya sabes… tú preguntas, contestas, expresas, explicas, y yo pregunto, contesto, expreso, explico…
—Una relación a distancia no debe ser algo muy divertido.
—Solo es temporal, Blake. Cuatro meses, quizás menos.
Cuando decidí marcharme le pareció una gran idea.
«Tienes que estar al lado de tu madre, Ava» —simulo la voz grave de Andrew—, «yo haría lo mismo», «estoy aquí para lo que necesites», «hablaremos todos los días»…
Y ahora me da un ultimátum cutre para que elija entre él o mi vuelta a Silver Bay, tres segundos después de encontrarnos, con un discurso que ya tenía preparado, sin ni siquiera unos minutos de conversación…
«Estarás de acuerdo conmigo en que «esto» no funciona, Ava»… Eso ha dicho. «Esto»…
—A ti te costó al menos seis meses llamarlo relación.
—Pero acabé haciéndolo.
—Ava, el motivo por el que te marchaste ya no está, por eso le cuesta entender que vuelvas al pueblo. No lo entiendo ni yo.
—¿Qué quieres decir?
—Dejando a un lado a Andrew… hablemos de tu carrera, Ava.
—¿Qué le pasa a mi carrera? ¿Tú también crees que la estoy echando por la borda?
—¿Es conveniente que apures la excedencia?
—No cambia nada, Blake —respondo con rapidez.
—¿Lo tienes controlado?
—Controladísimo —le aclaro demasiado rápido.
—Ava… sé que te preocupa el abuelo, pero ahora es distinto.
Mi padre está en Silver Bay y está a cargo de la clínica.
Mi padre y el abuelo vuelven a ser una familia, o algo parecido.
Y yo… estoy relativamente cerca. Solo son sesenta millas…
Puedo estar en Silver Bay en poco más de una hora para…
lo que sea. Lo he hecho todas las semanas, desde que volvió mi padre, desde que tú volviste… Puedo seguir haciéndolo.
—Lo sé, Blake. Cuando me marche definitivamente me agarraré a eso, pero, de momento, quiero dedicarle un poco de tiempo a estar con el abuelo. No está bien.
—Lo sé, lo he visto esta mañana.
—¿Esta mañana? —me incorporo ligeramente, sin darme cuenta—. ¿Hoy has estado en Silver Bay?
—Sigo aquí. El abuelo me pidió ayer que lo visitara cuanto antes.
—¿El abuelo te pidió eso? ¿Qué me he perdido? —le pregunto sorprendida. Ellos tienen una relación más bien… «correcta», no «estrecha».
—Debía sentirse solo…
—Blake… —lo corto, notando que algo no encaja.
—Me habló de su corazón. Te lo creas o no, tiene uno.
Sonrío por la ironía.
—Te lo creas o no, siempre lo he dudado.
Esta vez es él el que se echa a reír. Ambos sabemos que son solo comentarios cargados de ironía de una larga historia, compleja y dolorosa.
—Está convencido de que su corazón no superará otra… parada —me aclara.
—Ya…
—Mi padre dice que es verdad. ¿Tan grave es?
—No es muy esperanzador. Su corazón no… aguantaría otro episodio como el de hace dos semanas.
Ambos guardamos silencio. Sé que estamos pensando en esa posibilidad, aunque nos duela de forma distinta. Sé que, a pesar de todo, él quiere al abuelo, a su manera, de la única que le han dejado hacerlo. Una mierda de historia que ahora no quiero recordar.
—Ava, en realidad me habló de ti. Me pidió que te cuidara cuando él ya no esté.
Siento un escalofrío que me recorre todo el cuerpo.
—Joder. ¿Todo el mundo tiene que pedirle a alguien que me cuide si se muere? —suelto, más seca de lo que pretendía.
—¿Todo el mundo?
—¿No es ese el motivo por el que he conocido a mi padre?
Blake no responde. Conoce ese asunto perfectamente.
—Le he dicho al abuelo que no pienso cuidar de ti, que te sabes cuidar solita —me suelta con la clara intención de quitarle hierro al tema.
—Bien hecho.
—Lo sé.
—¿Eso le has dicho? ¿Es que no piensas cuidarme? —pregunto, dejando escapar una ligera ironía.
—¿A mil cuatrocientas millas? Bueno… lo intentaré.
—Son las mismas millas que ha habido los últimos diez años.
—¿Y crees que te cuidaba?
—Sí.
—¿Ava Halstead necesita que la cuiden? —pregunta riéndose.
—Necesito que me quieras —le susurro. Y en cuanto lo digo, me quedo en silencio, como si no hubiera previsto escucharme decirlo en voz alta.
—Joder, estás peor de lo que pensaba, Ava. Yo… solo bromeaba.
—Yo no.
—Vuelve a Silver Bay, Ava. Ya no me fío de que Dory Sue te cuide. Lo haré yo mientras estés aquí. Ni siquiera entiendo, ya que pretendes apurar tu excedencia, qué estás haciendo en Boston.
—Necesitaba pasar al otro lado. He estado mucho tiempo en Silver Bay, así que… quería saber qué siento aquí.
—¿Y ya lo sabes?
—No.
—Quizás si… desactivas el modo «evasión de realidad» puedas saberlo.
Es la forma que tiene Blake de llamar a esos momentos en que me encierro en mí misma y no quiero hablar de algo que me preocupa, o me duele.
—Esta vez te equivocas, Blake. El modo «realidad en estado puro» está activado.
—¿Y cuál es esa realidad, Ava?
—Hace un año, o quizás un poco más, antes de saber que mi madre estaba enferma, mi mundo estaba entero.
Ella estaba, y todo tenía sentido sin esfuerzo.
El abuelo también estaba, a su manera, indestructible.
Mi trabajo avanzaba, firme. Mis amigas eran amigas, y creía que podía echarlas de menos.
Mi padre acababa de aparecer en mi vida y…
me gustaba tenerlo. Y Andrew estaba, con un sitio claro.
Ahora ella ya no está, se fue, y joder cómo duele.
El abuelo está, pero no está; mi carrera…
no voy a mentirte, no sé cómo está, y me da miedo averiguarlo, y Andrew acaba de salir por la puerta.
Todo está a medias. O roto. Y yo… no sé a qué lugar pertenezco.
—Tu padre está entero, al menos desde que apareció en tu vida.
—Eso es lo mejor, Blake. Saber que existe, me reconforta.
—Yo también estoy aquí, Ava. Entero.
«Pero pronto, cuando vuelva a Boston, serás otra mitad», pienso, aunque no me atrevo a decirlo en voz alta. A ambos nos duele pensar que tendremos que separarnos de nuevo.
—Lo sé, Blake. A ti no tengo que mencionarte.
—Vuelve, Ava, aunque solo sean unos meses… todo eso se pondrá en su sitio y sabrás claramente dónde perteneces.
Jamás antes hubiera conducido una conversación en esa dirección, ni siquiera de broma. Y creo que es el momento de darle un giro. Yo lo necesito y sé que Blake, a estas alturas, también.
—Blake… —le digo cambiando mi tono de voz. Ha debido notarlo por la forma en que me responde.
—Ava…
—Técnicamente… ¿Andrew me ha dejado a mí o yo a él?
Mientras escucho sus carcajadas, cuelgo. Y me quedo unos segundos con el móvil en la mano, como si la llamada no hubiera terminado del todo.
Repaso mentalmente lo que hemos hablado y no es precisamente en Andrew en quien me recreo.
—¿A dónde pertenezco, Dory Sue? —le pregunto a la mazorca mientras me apodero de ella y la alzo ligeramente.
De cerca es todavía más fea. Casi inquietante. Tanto como la respuesta que necesito para mi «drama».
O quizás pueda encontrarla más fácilmente de lo que creo.
Solo necesito un poco de valor. Mantener el modo «realidad» activado».
Mañana iré al hospital.
Y supongo que entonces tendré mi respuesta.