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Duda razonable
Esta situación me está matando, tengo una sensación de ahogo continuo.
¿Dónde estará Sara? ¿Qué estará haciendo?
No entiendo cómo puede ser que sus padres estén tan tranquilos sin saber dónde está su hija.
Yo estaría moviendo cielo y tierra hasta encontrarla, viva o muerta.
Todo esto es bastante extraño, que ninguno de los padres haya llorado ni un poco en el juicio.
Si yo no tuviera forma de saber dónde está alguien muy querido, y más siendo una hija, estaría destrozado de los nervios.
Ya lo estoy por Sara, está claro que no porque sufra por ella, cada vez estoy más seguro de que ella está en perfectas condiciones, sino porque me devuelva, mi libertad y mi dinero.
Si salgo de esta, voy a buscarla hasta el fin del mundo si hace falta, no pienso dejarla salirse con la suya.
Hoy el juicio empieza más pronto, son las nueve. supongo que será para tener tiempo de hablar con todos los testigos que queden. Estoy más tranquilo por mi situación, por el momento no puedo quitarme la rabia interna que siento hacia Sara.
Cuando llego a la sala Alonso me pregunta qué es lo que me pasa.
No entiendo su pregunta hasta que me explica que mi cara no es la que espera ver un jurado de alguien inocente.
Debo evitar estar con las cejas contraídas y el morro prieto.
Tiene razón, debo dejar mis sentimientos hacia Sara a un lado. Al menos mientras dure el juicio.
Hoy hay más gente en la sala que los anteriores días, están los padres de Sara, el inspector Garmendia y el agente Iván, este último no creo que sea un testigo, tal vez ha venido para ver el caso.
También está mi gran amigo Díaz y cuatro hombres que no conozco, uno de ellos lleva una libretita y un boli.
Espero que no sea un reportero; no quisiera que esto se hiciera una bola y corriera la voz.
Quiero que termine sin más. Sin publicidad ni propaganda.
Estoy preparado. Alonso también y parece que toda la sala está expectante por escuchar a los testigos de hoy.
—Quisiera llamar al señor Eneko Palos Arriazu, el padre de Sara Palos.
El hombre no puede disimular su enfado, al pasar por mi lado me mira y el rostro se le enrojece de una manera exagerada.
Estoy seguro de que si no estuviera el agente custodiándome, este hombre me habría partido la cara de un guantazo.
Eso tampoco le hubiera servido de mucho. A mí tal vez... no sé.
—Buenos días. ¿Sabe dónde está su hija?
—Muerta.
—Perdone, esa respuesta no se puede tomar por válida. No hay cuerpo y por ahora no hay ninguna prueba que así lo demuestre. Volveré a preguntarle y espero que esta vez sea correcto. ¿Sabe dónde está Sara Palos?
—No.
—¿Es cierto que su hija estuvo durante más de un año ingresada en un psiquiátrico por su condición bipolar?
—No. Mi hija no es bipolar.
—Le recuerdo que está bajo juramento. Mentir al jurado se condena con pena de prisión. Cambiaré la forma de formular la pregunta. ¿Es su hija bipolar?
—No.
—Está bien, creo que no quiere hablar de ese tema, no se preocupe hay otras maneras de demostrar la situación psicológica de Sara. ¿Qué le pareció Javier cuando lo conoció?
—Un hombre extraño.
—¿A qué se refiere con extraño?
—Cuando uno está enamorado siempre tiene algún gesto hacia su pareja y él no lo tenía.
—Tal vez era discreto, y no quería ofenderles. ¿En algún momento Javier Ramiro le confirmó a usted o a su esposa sus intenciones de formalizar la relación?
—No.
—Pero Sara les dijo que sí las tenían.
—Sí.
—¿No les pareció extraño que ella pusiera tanto interés y él no hiciera ningún comentario? ¿No sería porque ella vivía una realidad paralela a la del resto?
—No entiendo la pregunta.
—¿Su hija tenía tendencia a fantasear o a tener cambios de comportamiento fuera de lo normal?
—Era una chica muy especial, tenía su carácter. No estaba loca si es eso a lo que se está refiriendo.
—Está bien. Ya he terminado.
Alonso se vuelve a sentar a mi lado y el juez pregunta al fiscal si tiene preguntas para el testigo.
—Sí, señoría. Me gustaría saber ¿por qué tardó tanto tiempo en darle dinero para que se independizara su hija si ya llevaba tres años fuera de casa?
—Esperamos a estar seguros de que no quería volver. Pensamos que con el tiempo se cansaría de vivir sola y volvería, luego pasaron los años y cada vez estaba mejor, así que decidimos darle el dinero.
—¿En algún momento Sara les comentó que pensaba hacer una trasferencia de su dinero a Javier y que pensaban marcharse juntos fuera del país?
—No, nunca. Estaba muy contenta con su relación y quería formalizarla. No tenía intenciones de marcharse a ningún sitio y menos al extranjero.
—Gracias, no tengo más preguntas.
Al levantarse, parece que se ha quitado un peso de encima, camina más ligero y ya no me ha vuelto a mirar a los ojos.
Se ha dirigido a su asiento, junto a su mujer y la ha besado en la mejilla.
Ella no ha correspondido al beso. Son muy raros.
Luego se quejan de que yo no hacía carantoñas a Sara delante de ellos. ¡Qué hipócritas!
Mi abogado está por la faena, no ha esperado a que se siente todo el mundo, que ya está de pie pidiendo que salga a testificar otro doctor, esta vez el doctor Andrés Puig Caldós, de uno de los centros psiquiátricos más importantes de Bilbao.
—Buenos días. Usted es Psiquiatra desde hace más de quince años del mismo centro ¿es correcto?
—Sí. Empecé en 2003.
—¿Ha tenido como paciente en su centro a Sara Palos?
—Sí. Ingresada en dos ocasiones. La última durante trece meses, el pasado año le dimos el alta, aun así con continuidad de su medicación. No puede estar sin medicarse.
—¿Qué enfermedad o trastorno sufre?
—Es bipolar.
—¿Puede explicarnos qué síntomas tiene una persona bipolar y por qué ha de medicarse siempre?
—Bueno, lo de medicarse siempre es muy sencillo, no tiene cura.
Es algo crónico. Y los síntomas pueden ser muchos y muy variados desde depresión, obsesión, cambios en la forma de actuar...
en el caso de Sara Palos presentaba delirios psicóticos; cree en cosas firmemente que no tienen lógica para el resto de personas.
Sus reacciones son muy cambiantes, no corresponden con hechos externos reales.
—¿A qué se refiere?
—Pues si ella cree que alguien está envenenando su café, acusará a alguien sin más, no buscará un motivo por el que cree que le están haciendo eso; y por supuesto, nadie la ha envenenado ni ha intentado envenenarla, es un simple ejemplo el que he puesto.
—Entonces, si no entiendo mal la explicación, quiere decir que si ella estuviera segura de tener problemas con alguien y creyera que corre peligro, podría llegar a matar.
—¡Protesto! —parece que el fiscal no está de acuerdo con la pregunta.
—Se deniega la protesta. Prosigan.
—Gracias señoría —Alonso está que lo peta. Ahora sí que han de reconocer que Sara no está bien—,¿ puede contestar a mi pregunta?
—Sí claro. Los delirios forman parte de su enfermedad. Cuando un paciente no toma su medicación no es dueño de sus actos ni de su entorno. Puede llegar a pensar que la están persiguiendo sin más y crearle una ansiedad tal que pueda perder la noción del espacio tiempo.
—¿Puede una persona así, planificar una manera de engañar al resto y pasar desapercibida?
—Por supuesto. El ser bipolar no significa ser tonto, ni mucho menos, tienen gran capacidad para maquinar todo tipo de situaciones, incluso mejor que cualquier persona que no sufra su enfermedad, ya que sus alucinaciones la hacen sentirse en situaciones en las que ninguno de nosotros podríamos llegar a pensar, y a su vez, buscar una solución para su supuesto problema.
El problema es que tal vez dicha solución no sea razonable o ética o moral.
Tan solo una solución cruda y dura. De ahí que pueda llegar a matar.
—Entonces, es posible que Sara esté en cualquier lugar y haya engañado a todo el mundo saliendo de la maleta y marchándose lejos dejando a Javier como sospechoso de su desaparición.
—Sí. Incluso sin remordimientos, ya que para ella es su realidad, y su solución.
—¿Los padres de Sara Palos están al corriente de los ingresos de esta en el psiquiátrico?
—Sí. Ellos firmaban el ingreso y el alta y pagaban las facturas.
Venían a visitarla, aunque no lo suficiente.
Por ello, Sara tardaba algo más que los demás en recuperarse, no quería medicarse ni participar en las charlas porque se sentía abandonada y poco querida y eso le quitaba las ganas de mejorar.
—Muchas gracias. Si el fiscal quiere hacerle alguna pregunta, yo ya he terminado.
—No. No haré preguntas.
Alonso se vuelve al asiento con una sonrisa de oreja a oreja. Está convencido que hemos derribado el gran muro hacia mi absolución. El juez pide que los abogados hagan sus alegatos.
Fiscalía:
—Señoría, desde el inicio se ha demostrado la relación de Javier Ramiro con Sara Palos, relación que empezó antes de la muerte de Jorge Dubois.
Podemos confirmar que su comportamiento con ella no era de enamorado, el acusado tenía la insulina y el móvil de la víctima.
Está claro que Javier mató a Jorge Dubois, para estar con ella.
La carta que dicen que él escribió, no fue firmada por Javier, cosa extraña si quieres dar a conocer a un asesino, como el abogado defensor ha insinuado en todo momento»
«No retengan tan solo en su pensamiento la enfermedad de Sara, pues es víctima de sí misma, lo que debemos pensar es ¿dónde está?
Si fuera cierto que Javier Ramiro no tiene nada que ver con su desaparición, Sara estaría aquí para hacérnoslo saber, pero no está.
Apelo a la lógica de su señoría y del jurado.
Con las pruebas que se han aportado y la falta de documentación para justificar que ese dinero sea suyo, tan solo nos queda la explicación de que Javier Ramiro ha hecho desaparecer a Sara Palos para quedarse con el dinero y así marcharse lejos del país.
No obstante, no debemos olvidar a esos padres que están esperando que su hija vuelva a casa, la tragedia y la desesperación de unos padres no puede ser anulada e ignorada por la desgracia de que su hija esté enferma y no haya sabido defenderse de su agresor. »
«Solicito que pague por sus delitos y no dejen que este hombre pueda volver a hacer algo igual a cualquier otra persona de ahora en adelante. Les pido —dice dirigiéndose al jurado— que mantengan un veredicto firme y contundente de culpabilidad para Javier Ramiro.
Madre mía, no sé si lo tengo tan claro, la fiscalía me ha dejado como un trapo sucio, viejo e irrecuperable ante el jurado, tan solo espero que Alonso lo haga mejor.
En este momento estoy temblando. Después de escuchar al fiscal, hasta yo votaría en mi contra.
Tan solo espero que el jurado tenga mejor juicio que yo o que cualquiera de los que están aquí. Tienen que reconocer que soy inocente.
Alonso Gurutza, abogado defensor:
—Señoría, jurado. La acusación se basa en la no localización de Sara Palos y del material de insulina encontrado en el trastero de Javier Ramiro, esta teoría se cae por su propio peso cuando Raúl García nos hace mención del sistema que ella misma se instaló en el interior de la maleta para poder salir.
Cosa innecesaria si esperaba que Javier, según habían acordado con anterioridad, la abriera al llegar a su destino.
También está la carta que queda demostrado que está escrita por el acusado declarando la culpabilidad de la joven con respecto a la muerte de Dubois, cosa que hace que quede descartado mi cliente, o al menos crea una duda razonable de su autoría. »
«Javier Ramiro ha presentado una sólida defensa con la carta y con la declaración del doctor Andreu Puig Caldós quien, a pesar del falso testimonio del padre de la señorita Palos, ha declarado la enfermedad de dicha y los trastornos que sufre en caso de no medicarse.
En el piso de Sara Palos se encontró muchas cajas de su medicación sin abrir, cosa que evidencia que no se estaba medicando. »
«Las acusaciones no tienen lógica, Javier Ramiro avisó a la policía del lugar dónde encontrar a Sara Palos, de dónde encontrar la insulina y el móvil de la víctima.
La transferencia a la cuenta de Javier fue hecha por Sara Palos en persona, sola y sin coacción de ningún tipo.
Ella se presentó en el banco e hizo la transferencia, es más, retiró todo su dinero, con la posible intención de marcharse bien lejos».
«El acusado no tenía motivo, oportunidad o medios para cometer tal delito del que se le acusa.
No existía una relación seria como tal entre ellos, ella se encontraba en una sala que él desconocía y por último se encontraba sentado en el asiento de un avión.
En caso de haber hecho algo con el cuerpo de Sara habría necesitado tiempo para llevarlo allí a dónde se supone que está; y esto es lo más importante, no tenemos pruebas de que a Sara le haya pasado nada.
Al contrario. Parece ser que tomó la decisión de salir por su propio pie de la maleta y marcharse de allí.
Recordemos que la presunción de inocencia no es un mero trámite legal, mientras no se demuestre su culpabilidad con pruebas evidentes, Javier Ramiro es inocente. »
«Les pido que basándose en la lógica, la evidencia de faltas concluyentes acusatorias y la justicia, dicten un veredicto de absolución para mi cliente.
—Póngase en pie el acusado. ¿Tiene usted algo más que decir? —el juez parece bastante cómodo con la explicación de mi abogado. Hasta ha cambiado el tono al dirigirse a mí.
—Tan solo que soy inocente de todo lo que se me acusa, señoría.
—Vistos para sentencia. Despejen la Sala —da con su martillito en la mesa y todos nos levantamos mientras él sale por la puerta que tiene a sus espaldas.
Todos nos hemos pronunciado, y ahora el juez nos manda retirar para que, desde su despacho, el jurado popular razone todas las pruebas y entre todos tomen una decisión.
Puede ser que sea rápida, o tal vez, termine volviendo a la cárcel esta noche para esperar su veredicto más tarde.
De todas formas nadie se ha marchado, todos están esperando en los pasillos para saber si darán la solución hoy.
Sí que es un periodista el tipo de la libretita, he podido escuchar como nombraba a su periódico y les hacía varias preguntas a los padres de Sara.
Espero que le haya quedado bien claro a ese periodista que el padre ha mentido en todo momento.
Lo que no sé es si eso tendrá consecuencias, ya se lo preguntaré a Alonso cuando todo esto acabe. Ahora lo importante soy yo.