Un tipo con poca suerte (Javier Ramiro 2) 42
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Hoy testifico yo

Hoy me toca a mí. Estoy preparado para cualquier pregunta de la fiscalía, espero poder responder con claridad y convicción, tengo que ser lo más creíble posible.

Espero que las preguntas no sean con trampa.

Ya me ha dicho Alonso que intentará sacarme de mis casillas con alguna de ellas para conseguir demostrar que tengo un carácter irascible, de todas maneras como no lo tengo, no tengo ningún miedo.

Mantendré la calma. El juez me hace sentar en la silla del medio de la sala, y tras las preguntas reglamentarias, el fiscal empieza con sus preguntas.

—Con la venia. ¿Desde cuando conoce a Sara Palos?

—¿Cómo puede estar tan seguro?

—Por qué fue el primer día que me llamaron desde la dirección de mi departamento para hablar y ella era la secretaria. Allí fue cuando la vi por primera vez.

—¿Cuándo empezaron su relación?

—Hace bien poco.

—¿Conocía al novio de Sara, a Jorge Dubois?

—No. No sabía que tenía novio.

—No al principio, luego sí. ¿Hablo con él alguna vez?

—No.

—Entonces, cómo se explica que tuviera la medicación de Jorge para el azúcar en su trastero.

—Sara lo quería tirar y yo me lo guardé.

—¿Por qué? ¿Tal vez era para destruir pruebas en su contra?, ¿fue usted quién administró la sobredosis al señor Dubois?

—No. Yo nunca estuve con ese hombre, ni hablé. Sara quería deshacerse de ello y a mí me pareció extraño. Lo guardé por si más tarde necesitaba entregárselo a la policía.

—¿Por qué no se lo entregó enseguida a la policía?

—No lo sé. Porque estaba enamorado supongo.

—Estaba ¿Ya no lo está? o ¿es que sabe que Sara está muerta y por eso habla en pasado?

—Hablo en pasado porque ya no hay relación. Ella no está, y yo no sé dónde está y de verdad espero que se equivoquen y esté viva.

—¿Por qué se marchaba a Caracas sin ella?

—Porque lo nuestro no tenía futuro y decidí marcharme lejos y empezar de nuevo.

—El dinero que Sara Palos le ingresó dice que es suyo. ¿De qué? ¿Cómo consiguió tanto dinero?

Alonso se levanta de golpe, y alzando la voz, algo alterado dice:

—Protesto, eso no tiene nada que ver con el asunto, no es de interés su procedencia antes de Sara.

El juez parece algo cotilla, por qué exige que conteste.

No tengo muy claro que decir. Si digo que me lo dio Itúrbide por mi trabajo, no miento del todo, sin embargo él podría ser llamado a declarar y confirmar que le chantajeé.

Si digo que lo he ido ahorrando nadie se lo va a creer, tengo una mierda de sueldo como siempre os he dicho. La única solución es:

—Me reservo el derecho a no declarar.

No le ha gustado mi respuesta, está claro, me ha echado una sonrisa socarrona. En el jurado he oído algún suspiro, no creo que signifique nada bueno. Alonso toma el turno de palabra, espero que sus preguntas sean las justas y perfectas para declinar la balanza a mi favor.

—Con la venia. ¿Sara le confesó cómo mató a Dubois?

—Sí.

—¿El dinero que ella le ingresó en su cuenta era todo suyo?

—Sí.

—¿Pensó en entregar a Sara a la policía?

—Sí.

—¿Hizo algo al respecto?

—Escribí una carta que envié directa a Garmendia explicándolo todo.

—¿Qué comportamiento tenía Sara con usted y con su familia?

—Tenía muchos cambios de humor, podía estar cariñosa y de repente ponerse seria o algo borde.

—¿Sabía que Sara es bipolar?

—Me lo explicó un detective que por lo que parece la estaba investigando por encargo de un conocido de la familia.

—¿Por qué la investigaban?

—Según me dijo, por su comportamiento y porque esa persona sabía de su participación en la muerte de su novio.

—¿Había acordado con Sara que se metiera en una maleta para salir del país? y ¿por qué?

—Sí. Ella debía encontrarse con una persona del aeropuerto que la llevaría hasta la maleta y se metería esperando a que la embarcaran, al llegar a su destino podría salir.

El por qué, era para huir de la policía, estaba convencida que terminarían por descubrir que fue ella la que mató a Jorge Dubois y no quería quedarse esperando a que la detuvieran.

—¿Por qué cree que no estaba en la maleta cuando llegó la policía?

—Protesto —dice la fiscalía—, no puede dar su opinión, tiene que dar datos objetivos.

—Señoría, cambiaré la pregunta.

—Por favor, reformule la pregunta de nuevo. El acusado no dará su opinión, debe contestar justo a lo que se le pregunte. Prosiga —el juez es serio, de todas formas no parece que tenga ganas de complicar las cosas. Alonso continúa sin pausa.

—¿Sabe cómo salió Sara de la maleta?

—La maleta tenía un sistema de alambre que ella misma colocó por dentro para poder salir cuando quisiera.

—¿Usted sabía de ese sistema que instaló cuando la dejó en el aeropuerto?

—No. Nos lo dijo la persona que la acompañó hasta la maleta. Ella le pidió que no la cerrara con candado para poder salir cuando quisiera.

—¿Le ha hecho algo a Sara?

—No.

—¿Sabe dónde está Sara?

—No.

—Señoría quisiera llamar a Raúl Martínez Arellano a declarar.

Me levanto de un brinco de mi asiento y me giro muy rápido, no podía creérmelo, habían traído a Raúl al juicio. Miro a Díaz perplejo y él me levanta el dedo en forma de aprobación. No sé si por todo lo que he dicho y como lo he dicho, o porque sabe que Raúl nos ayudará en el juicio.

Raúl pasa por mi lado y me mira. No sonríe, tampoco está serio, solo aparenta ser formal. Se ha presentado con un traje muy elegante. No esperaba que supiera vestirse para la ocasión, tal vez le haya aconsejado mi abogado.

Una vez sentado en el centro de la sala, Alonso empieza con sus preguntas.

—¿De qué conoce a Javier Ramiro?

—Íbamos juntos al instituto de pequeños.

—¿Ha tenido trato con él durante todos estos años?

—No. La primera vez fue en febrero de este año.

—¿Por qué?, ¿qué le pidió que hiciera?

—Yo trabajaba en el aeropuerto y me pidió que le ayudara a salir del país dentro de una maleta.

—¿Sabe por qué?

—No.

—Le pagó por ello.

—No.

—¿Por qué aceptó?

—Porque es buena persona, lo conocí de joven, sabía que si quería marcharse sería por alguna buena razón, no por haber cometido ningún delito. Pensé que alguien le estaba haciendo la vida imposible de alguna manera... o algo por el estilo.

—¿Qué pasó con Javier ?,¿lo sabe?

—Pues me he enterado hace poco. Parece que Sara, la joven con la que iba a marcharse, ella en avión y él en el interior de la maleta, no se presentó. Cuando llego a Caracas nadie estuvo para sacarlo de la maleta. Lo encontraron una semana después en unas condiciones lamentables y con amnesia.

No todos, la mayoría del jurado parece que se ha conmovido con la explicación de Raúl, supongo que pensar en encontrarse solo y perdido por culpa de la despreocupación de alguien les da miedo como a mí.

—¿Ha notado alguna diferencia entre el Javier de febrero y el de ahora?

—Bueno... yo no soy un experto, eso está claro.

En febrero, Javier era algo tímido y patoso, no confiaba en sí mismo, se veía como atemorizado por algo y no parecía que las cosas le fueran nada bien.

Ahora, esta última vez, es diferente. Se le ve seguro, decidido, con las ideas claras y su trato hacia mí ha sido más respetuoso y menos titubeante, parece tener las cosas controladas.

—Quiere decir que ahora es diferente a antes del primer viaje a Caracas, antes de perder la memoria.

—Sí.

—Protesto, lamento tener que decir que es una opinión, el señor García no está preparado para dar un dictamen clínico de personalidad —el fiscal está enfadado. Muy enfadado.

—Se acepta la protesta —el juez pide al jurado que no se tenga en cuenta la respuesta a la última pregunta—. ¿El fiscal quiere hacerle alguna pregunta al testigo?

—Sí, señoría. ¿Conoció a Sara en ese primer encuentro con Javier?

—No.

—¿Cuándo entonces?

—El día que ella vino para meterse en la maleta.

—Entonces, no puede asegurar que la vez anterior Javier fuera a viajar con la señorita Palos.

—No.

—No hay más preguntas.

Raúl se levanta y vuelve a su asiento algo decaído, comprende que no le ha salido demasiado bien el interrogatorio y sus respuestas no son decisivas para favorecerme. Yo también estoy algo desanimado. Alonso no pierde el tiempo.

—Quisiera llamar al doctor Agirre Arana, del hospital Galdakao.

Entra un hombre muy alto con cara muy seria. No sé quién es, esto no sé de qué va. Si Alonso lo ha llamado será importante, tal vez sea del psiquiátrico. El hombre se sienta y mi abogado empieza con sus preguntas.

—¿Recibió en su hospital el pasado día 13 de febrero a la paciente Sara Palos por haber sido atropellada por un vehículo?

—Sí. Llegó directa del aeropuerto, al parecer cuando se disponía a salir del taxi, otro coche la arrolló, dejándola muy mal herida. Llegó en coma y así se mantuvo durante tres días, también presentaba fractura de tres costillas que le dificultaban la respiración

—¿Cuánto tiempo pasó en el hospital ingresada?

—No superó las dos semanas. En cuanto sus constantes fueron satisfactorias y comprobamos que no había daños en el cerebro le dimos el alta con prescripción de reposo en casa para que soldasen las costillas bien.

—¿En algún momento les hizo saber que había alguien que corriera peligro dentro de una maleta o algo por el estilo? Por muy irracional que pareciera en ese momento, claro.

—No. Nada. Solo dimos aviso a su familia y se personaron sus padres y su hermana. Nada más.

—Por lo que podemos apreciar de estos dos últimos testigos, es que Sara Palos se marchaba de viaje con Javier Ramiro, quién, por alguna razón, por ahora desconocida y absurda —«ha añadido una coletilla que no esperaba»— se encontraba de mutuo acuerdo dentro de una maleta.

Ella aun sabiendo esto y que podía correr un grave peligro, incluso morir, no se lo comunicó a nadie tras despertar en el hospital.

Creo señoría que es, cuanto menos, algo sospechoso por parte de Sara Palos, la misma mujer que, confirma mi cliente, le confesó haber matado a su novio antes de coger o, al menos, intentar coger el vuelo ese día.

Javier ya ha confesado que la carta que recibió la policía la escribió él mismo de su puño y letra.

Cosa que ha quedado confirmada por el grafólogo.

Que los objetos de Jorge Dubois que guardaba en su trastero los rescató de una bolsa de basura de la señorita Palos porque le parecía extraño que quisiera deshacerse de ellos.

Luego, con los días, ella le confesó haber sido la autora material de la muerte de su exnovio.

Y Raúl García no puede confirmar que ella se quedara o que saliera de esa maleta ese último día.

Lo que sí puede confirmar es que no estuvo con Javier en ningún momento, tan solo con ella.

—Está bien, ya nos ha expuesto, sin preguntarle, los últimos sucesos tal y como nos han contado los testigos —anota el juez—. ¿Quiere llamar a algún testigo más o pasamos a los alegatos?

—Señoría, tengo pensado llamar al padre de Sara Palos y creo que en mi lista aún queda otro testigo, si no me equivoco.

El juez coge un papel de entre los que tiene sobre su mesa y lo observa con detenimiento.

Asiente con la cabeza y aplaza hasta el día siguiente el juicio.

Está claro que cree que aún queda para rato.

Yo me acerco al oído de Alonso preguntando por el testigo misterioso y él me mira y me sonríe, luego me dice a media voz.

—Mañana dejaremos claro que Sara no está bien, y crearemos una duda razonable sobre tu culpabilidad.

Espero que entre tanto Sara aparezca, aunque lo dudo.

No te preocupes por nada. Mañana nos volvemos a ver.

Descansa todo lo que puedas. Yo repasaré todos los datos esta noche.

Mañana tiene que ser importante para nosotros.

El agente que me custodia se acerca y me pone las esposas.

Díaz se aproxima unos metros hacia mí y me da todos los ánimos que puede.

Me recuerda que me estará esperando en el piso y que lo tiene todo preparado para esta semana.

En realidad tan solo con ver el entusiasmo que le pone a todo, Díaz me llena de esperanza y de vida.

En cuanto salga de todo esto me voy a dedicar a hacerle la vida más fácil. Se lo merece.