Un tipo con poca suerte (Javier Ramiro 2) 41
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Empezamos el juicio

Ha llegado el día. Alonso y Díaz han venido a la cárcel para hablar antes de ir al juzgado.

Díaz ha sido el primero, tan solo me ha abrazado y hemos estado rezando, bueno...

él ha rezado por mí. Es un buen amigo. Después le han hecho salir y ha entrado Alonso.

Él sí que ha estado más tiempo. Hemos repasado todo lo más importante como, mi posición corporal y mis gestos.

Dice que son muy importantes en el primer contacto; de ello depende la manera en que me observen y asocien los actos y las pruebas que se presenten en el juicio.

Me he cambiado de ropa y me han cortado el pelo y afeitado.

Estoy listo para el traslado. Una furgoneta me espera en una de las puertas de la prisión, dentro del patio trasero.

Dos agentes me acompañan dentro en la parte de atrás, mientras otros dos van en los asientos de delante.

Otro coche patrulla nos sigue. Esto me impresiona bastante, tanta seguridad para un tipo como yo...

¿qué harán cuando tengan que llevar a un asesino de verdad?

Al llegar entramos directos a un parking subterráneo.

Desde allí subimos por un ascensor hasta la planta del juzgado.

Dos de los agentes no se separan de mí en ningún momento.

Alonso ha llegado por las escaleras, él viene directo de la calle.

Me saluda y se adentra por una puerta junto con otro hombre, supongo que el abogado de la acusación.

La gente pasa por mi lado sin prestarme atención, parece que aquí están todos acostumbrados a ver a gente con esposas y vigilancia.

Hoy sí me siento un delincuente, es una sensación extraña pues no había pensado en cómo iba a reaccionar mientras esperaba en los pasillos a que me llamasen.

Por mucho que hables con un abogado, creo que nadie puede estar preparado para esta explosión de sentimientos.

Estoy nervioso, asustado, animado, intrigado, preocupado, ilusionado...

son tantas cosas juntas y tan contrarias las unas a las otras que creo que voy a desmayarme.

Veo a Díaz al final del pasillo, en frente de él está Garmendia con los padres de Sara.

Pensaba que habría más gente para un juicio de homicidio.

Mejor. Espero que no trascienda mi imagen ni mi nombre en ninguna publicación para poder volver a la normalidad en cuanto Alonso demuestre que soy la víctima de todo esto.

Me hacen pasar a la sala y me siento en una silla en primera fila.

No es como en las películas, creía que sería más majestuoso, es una simple sala con sillas de hierro tapizadas en azul y una larga mesa en frente donde se sentarán el juez y, supongo que, la fiscalía.

En un lateral, separado por una baranda de pared, hay unas diez sillas, las que serán utilizadas por el jurado popular.

Las paredes están pintadas en color beige y hay una bandera y una foto del rey.

Detrás de mí deben de haber como veinte sillas. Todas ellas vacías por el momento.

Van entrando todos y tomando asiento. Alonso se sienta a mi lado. Me giro y veo entrar a los padres de Sara que se sientan al fondo sin mirarme a la cara. Garmendia no está con ellos.

El juez empieza hablando:

—Javier Ramiro. Póngase en pie. Se le informa de su derecho a no declarar contra sí mismo y a no confesarse culpable. Si usted decide declarar, responda a las preguntas del Ministerio Fiscal.

El secretario presenta los cargos de los que se me acusa y mi abogado pide la palabra al finalizar para informar que después de presentar las pruebas quedará demostrada mi inocencia, por lo que solicita que, mientras dure el juicio, se me otorgue la libertad provisional.

Por un instante he visto la luz, enseguida el fiscal ha mencionado que se me detuvo en el aeropuerto con intención de salir del país, así que no se fían que vuelva a intentarlo.

Al final, el juez desestima la petición de Alonso y me confirman que seguiré en prisión mientras dure el juicio a expensas de una resolución.

Durante un rato no he podido prestar mucha atención a todo lo que han ido diciendo, el  solo hecho de saber que tengo que seguir en prisión me ha desmotivado bastante.

Me giro y veo a Díaz justo dos filas detrás de mí, me sonríe y asiente con la cabeza.

Está claro que no pierde la esperanza. Ojalá yo tuviera esa convicción.

—Puede volver a sentarse. Que se llame al testigo Garmendia Solaz, Mateo —solicita el juez.

El agente judicial sale de Sala y llama al testigo que está esperando afuera, le hace pasar y le indica que se sitúe en el centro de la Sala, en pie, entregando al secretario su DNI .

El jurado popular está muy callado y casi todos me miran. Se nota que están intentando examinarme, espero que estén tan atentos a las pruebas que presente Alonso como lo están en mí.

—¿Jura decir la verdad? —la voz del juez me saca de mis pensamientos.

—Sí, lo juro —Garmendia está muy firme, parece que esté delante de su superior. Después de responder a las cuatro preguntas del juez.

—Con la venia —se dirige al juez y seguidamente empieza el interrogatorio—. ¿Es usted el inspector que ha llevado el caso de Sara Palos y Javier Ramiro?

—Sí señor.

—¿En qué condiciones se enteraron del posible secuestro de Sara Palos?

—Recibimos una llamada esa misma mañana desde su móvil pidiendo auxilio. Nos informó que alguien quería hacerle daño y la había encerrado en algún sitio que ella no podía reconocer, y tampoco tenía movilidad.

—¿Cómo dieron con la ubicación de Javier Ramiro?

—Encontramos la maleta donde se hallaba el móvil gracias al sistema de ubicación que tenía conectado a sus padres.

Nos trasladamos al aeropuerto y al ver que había restos de sangre y cabello y tan solo estaba su móvil, enseguida desplegamos a todo el personal por el aeropuerto buscándola.

Personal de nuestro departamento se puso en contacto con la administración de los vuelos y encontraron una coincidencia extraña.

Javier Ramiro tenía a su nombre dos vuelos para ese mismo día hacia destinos totalmente diferentes.

—¿Cómo supieron en qué vuelo encontrarlo?

—No estábamos seguros, el primero en salir era en dirección a Caracas, así que fuimos hacia él antes de que despegase. Así fue como dimos con él.

—¿Han encontrado a Sara Palos?

—No.

—¿Qué relación hay entre Javier y Sara para que crean que le ha hecho algo?

—Los dos tenían billetes hacia Groenlandia en el mismo avión y en asientos consecutivos, pero él también tenía un billete para Caracas. También hablamos con los padres de Sara que nos confirmaron que tenían una relación sentimental.

—¿El acusado se ha declarado culpable en algún momento?

—No.

—¿Qué descubrieron en las cuentas bancarias de Javier Ramiro y Sara Palos?

—Sara sacó todo su dinero en los días anteriores a su desaparición, hizo un traspaso de dos millones de euros a la cuenta de Javier Ramiro. La única justificación que nos ha dado el acusado es que era su dinero.

Termina de declarar para la fiscalía y es el turno de mi abogado para preguntar. Alonso mira a todo el jurado y les da los buenos días. Consigue sacar alguna sonrisa entre todos.

—Con la venia. ¿Qué le han dicho los padres de Sara con respecto a la noche anterior en su casa? Le hablo de la cena familiar.

—Tuvieron una cena en la que Sara les informó a sus padres que querían formalizar su relación y montar una fiesta para presentarlo a los amigos y familiares.

—Entonces, mantenían una relación estable y aceptada por los familiares más directos de Sara. Sus padres.

—Supongo.

—Según las palabras de los padres, ¿cómo era la relación?

—Buena, de una pareja normal.

—¿Javier le habló de su relación con Sara?

—Sí.

—O sea, no escondía su relación, al contrario.

—Bueno... sí, aunque no estaba muy seguro porque ella era muy joven. Me comentó que se estaba planteando si seguir con ella o no.

—Entonces, cabía la posibilidad de qué deshiciera la relación. ¿Por qué iba a hacerle ningún daño?¿no sería más fácil dejarlo?

—Supongo. Eso tendrá que explicarlo él.

—¿Han comprobado dónde consiguió Sara Palos todo su dinero?

—Sus padres nos han confirmado que ellos le dieron el dinero para que se independizara.

—¿Los cinco millones? ¿Desde cuándo estaba viviendo fuera de la casa de sus padres? ¿Cuándo recibió el dinero?

—No sé cuánto dinero fue. Ella, según hemos comprobado, hace más de tres años que tiene su residencia en la calle Murillo, 32, un piso a su nombre. El dinero... bueno... el ingreso fue a primeros de años, sobre febrero, pero...

—¿No resulta algo extraño que reciba el dinero de sus padres, tres años después de independizarse? Y más teniendo el piso pagado y trabajo. Es mucha casualidad.

—Eso no puedo confirmarlo, deben hablar con sus padres.

—Por último, ¿sabe que Sara Palos estuvo ingresada en el psiquiátrico de la calle Manuel Allende por problemas de bipolaridad?

—No.

Han terminado las preguntas por hoy. El juicio ha sido aplazado a mañana a las diez de la mañana.