Un tipo con poca suerte (Javier Ramiro 2) 35
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Interrogatorio

Entra Garmendia y una mujer que no había visto nunca.

Están muy serios y no cruzan la mirada conmigo.

Se sientan y empiezan a decir sus nombres y credenciales mientras preparan papeles y una grabadora.

Me informan de que todo será grabado tanto en voz como en imagen.

Mi abogado me mira asintiendo con la cabeza para que me tranquilice.

Cuando terminan de prepararlo todo me piden que diga mi nombre en voz alta para que conste en la grabación y empieza el interrogatorio.

—¿Trabaja en Itúrbide & Asociados?

—Sí.

—¿Conoce a Sara Palos?

—Sí.

—¿Del trabajo o de otro lugar?

—Del trabajo.

—¿Mantiene una relación con esta señorita?

—Sí. Nada serio.

—Sara le hizo un traspaso de cuentas por un importe de dos millones de euros. ¿Es correcto?

—Me acojo a mi derecho de no declarar.

—Bueno, tenemos los informes de los movimientos bancarios. Ya se lo confirmo yo.

—¿Sabe el porqué de ese dinero? —insiste Garmendia.

—Me acojo a mi derecho de no declarar.

—Está bien, vamos a cambiar de preguntas. ¿Ha matado a Sara Palos?

—¡No!

—¿Sabe dónde está Sara Palos?

—No.

—¿Pensaba viajar con Sara Palos fuera del país?

—No. Yo me marchaba a Caracas, a ver a un amigo.

—¿Estuvo en casa de los padres de Sara el domingo pasado celebrando su compromiso?

—Estuve cenando, lo del compromiso era una broma de Sara hacia sus padres. No entendí lo del compromiso hasta que me lo explicó al día siguiente. Parece que quería hacerles perder el tiempo preparando una fiesta en la que no nos presentaríamos. Cosas de ricos supongo.

—Ellos comentan que su comportamiento no era de un hombre emocionado por el compromiso.

—¿Han hablado con ellos? No había tal compromiso. Todo era una broma de Sara.

—Eso no es lo que nos han dicho sus padres.

—¿Les han dicho sus padres que ella está en tratamiento por ser bipolar? No es una persona estable. Tiene cambios bruscos de humor y su comportamiento varía según el momento.

Los agentes se miran y anotan en sus papeles lo que estoy diciendo. Supongo que no están al corriente de esto. En cuanto hablen con sus padres y les confirmen, entenderán muchas cosas de las que están pasando.

—¿Por qué tenía en un trastero el móvil y el neceser de insulina de Jorge Dubois?

—Se lo quité a Sara, lo había metido en una bolsa de basura para tirarlo.

—Perdonen —interfiere el abogado— ¿cómo saben que pertenecen al señor Dubois?

—El móvil lo han desbloqueado y confirmado su propiedad, el neceser contiene sus iniciales. Fue un regalo de su madre. ¿Por qué no lo entregó a la policía? —sigue preguntándome.

—No tenía claro por qué lo hacía, por qué quería tirarlo Sara. Pensaba esperar hasta averiguarlo.

—O sea lo guarda porque cree que son pruebas en contra de ella, y no nos dice nada porque no lo tiene claro. ¿No será que son pruebas en contra de usted y las escondió para más tarde ponerlas en el piso de Sara y así incriminarla?

—No. Yo no conocía a ese tal Dubois. Ella me habló de él. Ella e Itúrbide tenían tratos para conseguir unos documentos y...

—¿De qué está hablando? Otra vez insiste en mezclar al director de su empresa en esto. ¿Insinúa que el señor Itúrbide tiene algo que ver con la muerte de Dubois?

—Él lo sabía. Lo encubrió todo para que ella no resultase salpicada. Itúrbide la está investigando. Tiene un detective que se puso en contacto conmigo para informarme de la enfermedad de Sara, me dijo que estuvo en un psiquiátrico.

—Está bien. Detenemos el interrogatorio por el momento. Debemos comprobar varias cosas que nos ha mencionado. Mientras tanto permanecerá detenido a la espera de más información. Ahora le asignarán una celda y custodia. Más tarde hablaremos.

—Pero —interfiere mi abogado—, ¿tienen alguna acusación formal en contra de mi cliente? de no ser así pido que se le deje en libertad.

—Creo que está bien claro que tenemos pruebas.

La maleta que hemos encontrado contiene restos de ADN de la joven.

Javier Ramiro se encontraba en el mismo momento y en el mismo lugar que esa maleta, tan solo unas horas después de confirmar su compromiso.

Él ha recibido por orden del banco de Sara dos millones a su cuenta, sin justificación alguna por su parte y por último, dejando a un lado que no sabemos dónde está Sara Palos, en su trastero escondía material «delicado» para el caso de la muerte de Jorge Dubois.

Creo que no queda ninguna duda de que tenemos motivos suficientes para acusarlo, al menos de tres cosas.

Secuestro de Sara, asesinato de Dubois y extorsión por un total de dos millones de euros a la señorita Palos.

Mi abogado no ha podido disimular la derrota contundente ante las acusaciones del inspector.

Me ha mirado y ha terminado por agachar la cabeza.

Creo que lo tengo bien crudo. Todo esto se ha complicado de una manera bien inesperada.

¿Dónde está Sara? Tendrían que encontrar a Raúl y preguntar, o mirar bien en casa de sus padres o si es que tiene alguna propiedad en algún otro lugar, tal vez se haya ido allí, ¿por qué?

¿Qué pretende? No puedo enfadarme con ella, yo pensaba entregarla a las autoridades y marcharme bien lejos.

Esto... ¿le habrá pasado algo a Sara? Tendrían que estar buscándola y dejar de perder el tiempo conmigo.

Antes de que Garmendia y su compañera abandonen la sala les digo.

—Por favor, busquen a Sara. Yo no le he hecho nada. Pregunten a Raúl, trabaja en seguridad del aeropuerto, es con él con quién tenía que reunirse para meterse en la maleta. Él debe saber algo.

—Por ahora no hemos dejado de buscarla, todo sería más rápido y fácil si nos dijera dónde está, ¿qué ha hecho con ella?

—¡Yo no lo sé! No tengo nada que ver. Se lo juro.

—No hables más —me sugiere mi abogado—, esperemos a que hablen con los padres y con ese tal Raúl.

Garmendia sale de la sala con el rostro muy enrojecido, en realidad no cree lo que le digo, se lo noto en sus ojos, espero que no deje su profesionalidad a un lado y dedique recursos a buscarla.

Tiene que estar en alguna parte. Tan solo espero que Raúl no tenga nada que ver con su desaparición.

No sé... creo que me estoy volviendo loco.

Por más que pienso no termino por entender cómo he llegado a esta situación, yo tan solo quería encontrarme con Díaz y viajar, disfrutar y empezar de nuevo.