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No pinta nada bien
Mi abogado no está muy contento. Su rostro es más de preocupación que de esperanza. Saca una libreta pequeña y un bolígrafo. Repasa una a una las páginas donde hay escrito un montón de información «supongo que es la que él ha ido anotando de las explicaciones de la policía».
—Bueno... no lo tenemos muy fácil—prosigue—.
El hecho de que no le hayan leído sus derechos es importante y podría servirnos para salir de aquí ahora mismo.
Los cargos de los que se le acusa son bastante serios.
Ahora va a entrar un agente para leerle todos sus derechos y hacerle firmar un documento conforme se los han leído.
Le recomiendo que lo firme y no apretemos por ahí.
Estaba en el aeropuerto para abandonar el país y las pruebas son muchas.
Justo termina de decir esto cuando la puerta se abre y aparece un agente, que empieza a nombrarme todo aquello que no habían dicho en cuanto me han detenido.
Se nota que no le apetece hacer esto o que está molesto por tener que hacer algo que sus compañeros no han hecho; la cuestión es que está muy serio y habla muy rápido y con desgana.
Me entrega un papel y un bolígrafo para que firme.
Una vez lo he firmado se vuelve a marchar de la sala y nos quedamos solos mi abogado y yo de nuevo.
—Bueno, ahora vamos a contrastar los datos que me han dado con lo que usted sepa. ¿Se marchaba del país hacia Caracas?
—Sí.
—¿Metió usted a Sara en una maleta?
—No. Se metió ella por voluntad propia.
—¿Con qué intención?
—Con la de salir del país sin que nadie lo supiera. Intentaba escapar del país y de la policía por ser culpable de la muerte de su exnovio.
—¿Usted lo sabía?, ¿participó en el crimen?
—Yo no tengo nada que ver, me lo contó ella hace unos días.
—¿Sabe que ha cometido un delito al ocultar información a las autoridades?
—Sí, pero no la he ocultado. Escribí una carta informando de todo.
—Sobre la carta ya hablaremos. ¿La maleta se disponía a ir a Groenlandia?
—Sí.
—¿Por qué Sara ingresó dos millones de euros en su cuenta? ¿Era un chantaje?
—Nooo. Ese es mi dinero. Ella me lo guardaba.
—¿Por qué?
—Pues eso sí que no puedo explicarlo. Hace meses de eso y en este tiempo he tenido un problema de salud y he perdido la memoria, entonces no estoy muy seguro en qué pensaba cuando le entregué todo ese dinero.
—¿Aún tiene problemas de memoria?
—No. Creo que no.
—¿Hay alguien que pueda confirmar que se ha recuperado del todo?
—Mmmm, pues no. Oficialmente no.
—Está bien. Tal vez tengamos que tirar de ahí si se complican las cosas.
—¿Por qué se marchaba a Caracas? ¿No pensaba viajar con ella a Groenlándia? Tenía un billete para ese destino también.
—He quedado con un amigo para encontrarnos allí y dedicarnos un tiempo a viajar y conocer mundo. No pensaba viajar con Sara a ningún sitio, porque como ya le he dicho, esperaba que tras leer la carta la detuvieran en le mismo aeropuerto.
—¿Es cierto que estaba comprometido con Sara Palos?
—Mantenemos una relación, nada formal. Hace muy poco que salimos.
—Bien. ¿Por qué cree que la maleta estaba vacía?
—Pues no puedo explicarlo. Habíamos acordado que se encontrara con una persona del aeropuerto. Yo lo vi, vi cómo se marchaban juntos por una puerta. Ella debía meterse en la maleta y él debía encargarse de que llegara al avión sin pasar por los controles ni escáneres.
—Ahora entrarán para interrogarlo, cuando no tenga claro qué contestar o crea que la respuesta lo va a incriminar responda «me acojo a mi derecho de no declarar», si creo que es mejor que conteste ya se lo diré.
Intente mantenerse tranquilo y no alterarse, ellos intentarán sacarle de sus casillas con sus preguntas. Piense que es su trabajo.
—De acuerdo.
—¿Qué ha de contestar en caso de duda? —me pregunta como si fuera un profesor que está enseñando la lección a un joven.
—Me acojo a mi derecho de no contestar
—De no declarar —me corrige.
—De no declarar, vale. Quiero que sepa que soy inocente —le repunto.
—Vale. Ahora esperemos a que vengan y mantengamos la calma.