Un tipo con poca suerte (Javier Ramiro 2) 27
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La cafetería del aeropuerto

Después de varios intentos he conseguido contactar con Raúl, mi antiguo compañero de instituto, el mismo que trabaja en seguridad del aeropuerto.

El pobre me reconoce que no esperaba volver a saber de mí, ya le costó mucho la última vez conseguir colarme dentro de la zona reservada para el personal y ayudarme a meterme en aquella maleta.

La maleta... cada vez que pienso en cómo actuaba en el pasado y las ideas que tenía, creo que pienso en otra persona.

No sé si el hecho de haber vivido esa aventura en Caracas me ha hecho ser diferente o, tal vez, es que siempre he sido así, como ahora, nunca me he atrevido a responsabilizarme de nada ni de nadie.

Mira que meterme voluntariamente en una maleta para marcharme del país, cuando en realidad no tenía nada que esconder; tan solo había hecho un intercambio de información por dinero, no creo que a la policía le hubiera interesado tanto como para detenerme...

pero... mi cerebro no sé cómo razonaba. Creo que vivía en un mundo paralelo a la realidad.

Tanto con lo del dinero y desaparecer, como con lo del trabajo, las apuestas, Sara…

; Es fantástica, no puedo negarlo, si pienso en el momento en el que la conocí...

me lancé a por ella sin más, no sopesé los pros y los contras de empezar una relación con una desconocida y ofrecerle toda mi confianza y más teniendo una pareja estable, creo que estaba algo loco.

Puede ser que aun esté algo loco, porque sigo con ella, aun sabiendo que ha terminado con la vida de su novio, tan solo por pura avaricia y poder.

Por cinco millones de euros. ¿De verdad me querría si no tuviera el dinero?

A quién quiero engañar, no tengo ninguna cualidad deseable para una joven y, sin embargo.

estamos juntos. No voy a tentar a la suerte.

Tengo que estar muy seguro de todo lo que voy a hacer a partir de ahora y de cómo lo voy a llevar a cabo.

Raúl me espera en la cafetería del aeropuerto al final de su turno. Aprovecharemos para tomar algo mientras charlamos y le pongo al día de mis planes. Está claro que esta vez tendré que pagarle, ya no me debe nada y es arriesgar su trabajo por segunda vez, así que debo compensarlo.

Llego al aeropuerto y me acerco a la cafetería, lo busco, no consigo encontrarlo, hay mucha gente.

¿Se habrá echado atrás? Busco una mesita vacía para sentarme a esperarlo.

Pasan unos dos minutos y mientras observo mi alrededor me doy cuenta de que Raúl está sentado en la barra, va sin uniforme.

No había pensado en esa posibilidad. Me levanto y me acerco hasta él.

Después de un cordial saludo, nos sentamos juntos en la mesa que había cogido yo en un principio.

—¿Qué haces aquí? Creía que ya no volvería a verte —es lo primero que me dice, y no lo culpo.

—Ya, ese era el plan. Todo se complicó en Venezuela. No te vas a creer todo lo que he pasado desde entonces.

—Soy todo oídos —está intrigado por saber la história, así que sin más nos enzarzamos en una conversación que, para Raúl, cada minuto que pasa es más interesante.

Mi aventura en Caracas y mi regreso a Bilbao lo tiene impactado, si me explicasen una historia así, sin más, yo también estaría alucinado. Esta es mi historia, así que solo me queda reconocer que ha sido todo un caos y que no salió tal y como yo esperaba.

—Por eso estoy aquí hablando contigo. Necesito pedirte un nuevo favor, y esta vez sí que me perderás de vista para siempre.

No te lo pediría si no creyera que no hay otra forma de salir de esta.

Necesito que repitas los mismos movimientos que la última vez que nos vimos, sin embargo, esta vez no seré yo quien entre dentro de la maleta.

Será una joven. Es... bueno, alguien especial.

Tiene algunos problemas y necesitamos que salga sin ser rastreable.

—Entonces esta vez, quieres que en vez de a ti, meta a una joven en una maleta. ¿Ella está de acuerdo?

—Sí.

—Piensa que yo no le voy a lastimar para que parezca un secuestro. El darte aquel puñetazo la última vez ya me fue muy difícil. No estoy hecho para ir pegando sin más a la gente.

—Ya.

—Ya, no. Me asusté mucho cuando te quedaste inconsciente. No esperaba darte tan fuerte.

—Ni yo que me dieras tan fuerte pero esa era la idea, desconcertar a cualquiera que me encontrase. Lo malo es que cuando me encontraron, ni yo recordaba por qué estaba ahí adentro.

—Ya sabes que no tengo ningún interés en saber el porqué de la necesidad de salir de esta forma del país, ¿estás seguro que quieres volver a repetir la extracción?

—Sí. La otra vez no era del todo consciente de la estupidez de hacerlo, esta vez sí tenemos un motivo.

Como puedes imaginar no te lo voy a contar.

Tan solo te diré que una joven será la que venga y te acompañe hasta donde tengas la maleta que te entregaré y ella debe meterse dentro, luego tú cierras y te marchas.

Ya está. El personal ya hará el resto subiendo la maleta al avión.

—Está bien. Recuerda que si os descubren yo no tengo ninguna relación con vosotros, ni nos conocemos.

—Tranquilo.

Me marcho de vuelta al piso para seguir recogiendo las cosas que me quedan. En unos días nos marchamos y debo conseguir vaciar todo el piso y llevar las cosas al trastero.