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Atando cabos
Me encuentro en la puerta de comisaría, estoy decidido, debo hablar con Garmendia. Hay muchas cosas que explicar y dejar zanjadas antes de marcharme de la ciudad. La comisaría está bastante tranquila y eso me sirve para relajarme un poco.
—¡Hombree! ¿Qué haces aquí? —Garmendia se acerca nada más verme, está claro que he venido a visitarlo a él.
—Hola, venía para hablar un rato. Tengo buenas noticias y quería compartirlas contigo. Eres lo más parecido a un amigo—le digo nada más darnos la mano.
—Gracias, yo también te considero un amigo. Pasa a mi despacho, allí hablamos.
Caminamos entre los agentes que se van incorporando a su turno y los que salen de él. Todo está muy tranquilo. Al entrar en el despacho nos sentamos y nos ponemos a hablar como si no estuviéramos dentro de una comisaría. Es una conversación entre dos amigos que hace días que no se ven.
—¿Qué me cuentas? —me pregunta sonriente.
—Pues no muchas cosas, aunque sí buenas noticias para mí.
—Ah. Eso está muy bien. Cuenta.
—He conseguido recordar la mayoría de cosas. Está claro que no era un hombre muy feliz, pero eso va a cambiar. Tengo algún dinero ahorrado y he pensado viajar un poco. No hay nada que me ate a Bilbao, así que voy a cambiar mi vida. He decidido mejorarla.
—Creía que no tenías dinero.
—Yo también, y al final resulta que he estado ahorrando durante todos estos años, no gastaba en nada, me había convertido en el tacaño más miserable del mundo. No entiendo para qué guardaba el dinero, eso ahora me da igual, lo voy a disfrutar.
—Me alegro. ¿Y Sara? ¿No salías con esa joven?
—Sí, bueno, no sé si es lo que más me conviene. Es muy joven y tiene aún que aprender mucho y madurar. Creo que lo nuestro no llegará lejos, así que lo más seguro sea que terminemos por dejarlo. Creo que mejor ahora que no cuando le haga más daño.
—Bueno, está bien, si es lo que tú quieres —se nota que su trabajo le ha hecho entender las cosas de una manera sencilla, su postura me tranquiliza; y estoy seguro en que estoy tomando la mejor decisión para mí.
—Por cierto ¿Cómo va la investigación de Dubois?, ¿sabéis ya quién lo mató? —pregunto como el que no quiere la cosa.
—Bueno, seguro, seguro… no. Aún estamos atando cabos.
Está algo complicado. Tal vez nos hayamos equivocado de dirección y no tenga nada que ver con el trabajo.
Hasta ahora hemos estado investigando a sus posibles amigos o enemigos.
Iván nos ha contado bastantes cosas sobre él y no parece que fuera un tipo muy amigable.
Ahora la investigación la dirigimos hacia su familia.
Esa es una posibilidad que no descartamos.
—Bueno, Sara ya me contó que era un poco gilipollas con todos, creía que lo decía por despecho a un ex.
—Pues parece que no, que sí era un gilipollas, de esos hay muchos por ahí sueltos y no los asesinan. Ya te contaré. ¿A dónde piensas ir?
—Pues no lo sé. Tal vez empiece por Malta, debo perfeccionar mi inglés y me han indicado que es una buena opción. Luego, me gustaría ver la aurora boreal, así que supongo que me iré hacia Alaska o Noruega, no lo sé todavía.
—Me parece fantástico que retomes tu vida y que decidas disfrutarla, ya has tenido bastante con trabajar en ese sótano tantos años y vivir con tus padres.
—Ahora tengo un despacho nuevo, me han subido a la cuarta planta. Los nuevos directivos han pensado que mejor que nadie los denuncie por las precarias condiciones de trabajo. ¡Jajaja!, ya es tarde. Me cansé.
Me levanto y le estrecho la mano, luego me dirijo hacia la puerta de salida y desde allí, me giro y vuelvo a despedirme levantando la mano. Garmendia se siente conmovido por mi situación, tanto tiempo pasando penurias y después quedarme solo sin familia y terminar en una maleta.
«Tan solo espero que algún día recuerde y me explique por qué estaba en esa maleta» , piensa Garmendia.
Una vez en la oficina, lo primero que hago es ir a ver a Sara. Le explico cómo llevan la investigación sobre Dubois y eso nos asusta un poco.
—Ahora están pasando a los más allegados, así que no tardarán en contactar contigo Sara, y eso no pinta bien. Hay alguien que sabe lo que ha sucedido y puede acusarte, tal vez aportar pruebas... —parte de esas pruebas las tengo yo en mi piso y eso no se lo he dicho a Sara, ni pienso decírselo.
Vamos planeando todo lo que debemos preparar para nuestra marcha fuera del país.
Nos personamos en el banco y abrimos una cuenta a mi nombre.
Una cuenta con la que poder trabajar desde cualquier país sin problemas.
En unos días haremos el traspaso de dinero.
Tengo claro que ese dinero lo he conseguido por mi pericia y debe constar a mi nombre; de todos modos una parte se la cederé a Sara.
Ella me ha estado ayudando todo este tiempo, por mucho que su comportamiento sea reprochable, es la única que me ha acompañado hasta hoy, así que le debo parte por agradecimiento.
Pensamos marcharnos juntos, no se lo hemos dicho a nadie.
Ella sigue trabajando como si nada, y por las tardes nos dedicamos a hacer las compras necesarias.
Tengo que contactar con mi antiguo compañero de instituto, Raúl.
No esperará tener noticias mías y más después de haberme ayudado en el pasado a salir del país dentro de aquella maleta.
Sí. Resulta que ya he podido recordar cómo terminé dentro y no me vanaglorio de mi estúpida idea.
Pensé que si salía del país dentro de una maleta y me recogían en mi destino nadie sabría que me había marchado ni a dónde, lo triste es que nunca vino Sara a recogerme.
Esa parte se la ha ahorrado, no me ha nombrado en ningún momento mi «radiante idea».
Raúl no es consciente que en aquel momento todo fue un desastre y terminó bastante mal.
Esta vez pensamos hacerlo al revés. Sara se esconderá, debe salir del país sin que la policía, ni nadie, sepa nada.
Yo, por el contrario, ya he dejado bien claro a Garmendia que me marcho lejos a vivir y que me separo de la joven.
Que mi primera parada será Malta y de ahí tal vez en busca de auroras boreales.
Actualizo mi pasaporte, recojo el piso y lo guardo todo en un trastero que tengo al otro lado de la ciudad. Allí guardo las cosas de mis padres, bueno... las pocas cosas que me quedaban antes de que me desvalijasen el piso.
Luego, busco a una inmobiliaria para ponerlo a la venta.
No pienso volver por aquí nunca más. Siento la necesidad de vagar por el mundo hasta encontrar mi sitio.
Un lugar donde me sienta a gusto, donde haga amigos para aposentarme y encontrar un trabajo, si es que me apetece «con tantos millones no me hace falta trabajar nunca más».
Sara se encarga de la ropa y las cuentas del banco.
Prepara una comida con sus padres, para la despedida, aunque no pensamos decirles nada.
Tan solo nosotros seremos conscientes de que será la última vez que nos veremos.
Con el tiempo, está claro que sus padres lo sabrán y más cuando la policía, si se da el caso, descubra que ella es la culpable de la muerte de Dubois.
Yo no me atrevo a juzgarla por ello, ya que yo también he matado a alguien y creo que hay circunstancias en la vida que te superan y sacan la parte más crítica y el instinto de supervivencia de uno mismo.