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He cambiado
Se han terminado las vacaciones más rápido de lo que me hubiera gustado. Hemos pasado los mejores días en mucho tiempo, al menos para mí. Hemos comido en restaurantes, paseado por la ciudad, visitado museos y por las tardes nos hemos bañado en la playa de Sopelana.
Es lunes y debo ponerme en marcha de nuevo en el trabajo.
Llego pronto, doy los buenos días al portero y me dirijo al sótano.
Hoy voy a intentar arreglar el pequeño despacho para ver si consigo algo más de espacio.
Es bastante difícil. Decido que como en esta zona no pasa nadie, dejaré mi bicicleta y unos archivadores viejos en medio del pasillo.
Después saldré a comprar unos candados para cerrar los muebles y así comprobar si alguien los manipula.
Cuando había pensado en los cambios no tuve en cuenta el peso de los archivadores, así que termino por vaciarlos para poder desplazarlos al pasillo.
Tras dos horas he terminado con mi cometido.
El despacho ya está menos congestionado, no demasiado, lo justo para pasar hasta el escritorio sin tener que esquivar los muebles.
Después llamo a Sara, tiene mucho trabajo, así que salgo a almorzar solo y, como siempre, tengo que hacer cola para todo, para pedir, pagar, esperar la bandeja...
nada ha cambiado en los meses que he estado fuera.
Ya no hay secretos en mi mente, he conseguido recordar todo aquello que había estado escondido en mi más profundo interior.
Entiendo que Sara y yo no habíamos tenido tiempo para conocernos lo suficiente, ahora bien, mi atracción hacia ella nos ha llevado a conocernos a marchas forzadas.
Sara tenía novio, no lo consideré un impedimento para acercarme a ella, no tengo muchos escrúpulos, y aquel día en la estación, cuando ella me explicó los problemas que tenían por los dichosos documentos y por la avaricia de Jorge por ser socio, me lancé a por todas.
Sara llevaba muchos años de relación con Jorge, con el tiempo se había vuelto cada vez más egoísta y la trataba con menos pasión, por lo que ella estaba bastante defraudada y se planteaba dejar la relación.
Está claro que he cambiado desde lo sucedido en Caracas, ya no soy aquella persona que se sentía perdido y sin esperanzas de llegar a mejorar.
Ahora no me importa madrugar, mas, cada día nuevo es un regalo.
He descubierto mis habilidades culinarias y ya como bien.
Me siento seguro gracias a Sara, quien me ha terminado de llenar la vida.
Estoy convencido en cambiar de trabajo, si es necesario, para mejorar mi situación.
Necesito un aumento de sueldo y un cambio de oficina; considero que el sótano no es la mejor forma de tratar a un empleado, así que después de almorzar y pensar un poco en las cuatro cosas que necesito decir, iré directo al despacho del director de la empresa.
O me da un cambio y mejora de condiciones o buscaré otro empleo. No voy a esperar más.
Desde que Sara me ha hablado del dinero que tenemos en la cuenta por los tratos a los que llegué con Itúrbide, no me da miedo estar una temporada sin ingresos.
Tengo que aprovechar el hecho de haber aparecido en una maleta y sin recuerdos, para pedir mejoras.
Itúrbide no debe saber que ya lo recuerdo todo, tan solo ha de creer que soy un trabajador que lo ha pasado muy mal y viene a pedir mejores condiciones.
Espero convencerlo y dejar atrás nuestro negocio.
Llego a la última planta y solicito ser atendido por el director.
La secretaria es muy agradable, aunque no consigo que me reciba.
Está en una reunión y tiene para mucho. Le dejo mis datos y le informo que me encontraré en una de las plantas inferiores, que no tengo problema en subir cuando a Itúrbide le vaya bien.
Las cosas no pintan nada mal en mi cabeza.
Entraré en el despacho disimulando, como si no recordase haberlo visto con anterioridad y le solicitaré un cambio en el trabajo, como cualquier empleado, sin exigencias, tan solo informando de mi situación.
Con un poco de suerte, quedará olvidado todo y podré seguir con mi vida como si nada.
Está claro que tengo que hablar con Sara y arreglar de alguna manera lo del dinero y la cuenta.
Ahora llevo una tarjeta que puedo utilizar para lo que quiera, considero que el que ella tenga el control no sea la mejor forma de empezar una relación.
También está el tema de la edad, ella es joven e impulsiva, tal vez decida cambiar de opinión o encuentre a alguien más joven y más alegre y termine por dejarme.
En ese caso me quedaría sin nada, sin chica y sin pasta.
No puedo arriesgar todo a una carta. En el pasado fui un jugador nato que apostaba sin miedo, está claro que no se me daba nada bien, siempre terminaba en rojos, ahora esa época ha terminado, el juego y las deudas eran del antiguo Javier.
Ahora soy más tranquilo, alegre, organizado, capaz y tengo planes de futuro.
Llegada la tarde, un poco antes de terminar la jornada, suena el teléfono de mi despacho.
—Buenas tardes, ¿Javier Ramiro? —una voz femenina y amable pregunta por mí.
—Sí.
—El señor Itúrbide le espera en su despacho. ¿Es un buen momento?
—Sí, por supuesto. Ahora mismo subo. Gracias —ya no esperaba que me avisasen hoy.
Todo está a punto de cambiar para bien o para mal, es el momento decisivo.
Si consigo quedar bien con el director y cerrar nuestra relación del pasado sin llamar la atención, todo estará solucionado.
Nadie a parte de nosotros y de Sara sabrá del trato al que llegamos, para eso debo jugar bien mis cartas. ¿Seré capaz?
* * *
Al entrar en el despacho de Itúrbide, siento que el cuello de la camisa me aprieta más de la cuenta y me desabrocho el primer botón. No he sido consciente hasta el momento de lo incómodo que puede ser encontrarme con él cara a cara.
—Buenos días. Quería hablar con usted sobre mi despacho —digo sin dar tiempo a que me suelte cualquier comentario incómodo.
—¿Qué le ocurre a su despacho?
—Está en el sótano del edificio. No tengo ventanas ni ningún otro tipo de salida al exterior.
Itúrbide se recoloca en su asiento y posando los codos sobre su escritorio añade.
—¿Estamos hablando de un despacho o de algo más?
—En principio de mi despacho. No es aceptable en las condiciones en las que me encuentro y llevo allí muchos años. En cuanto a mi sueldo, creo que deberían actualizarlo. Cualquiera de mis compañeros que se encuentren en la misma categoría que yo cobra bastante más.
—¿No tuvo suficiente con todo el dinero que me sacó?
—¿Qué dinero, de qué estamos hablando? Mi nómina no ha sido modificada desde hace mucho.
—Hablo del dinero por los documentos —su tono es bastante amenazador.
—Perdone... ¿documentos? —tengo que hacerme el tonto y hacerlo bien, todo depende de ello—, ¿dinero?
Espere, tal vez no esté al corriente de lo que me ha sucedido en los últimos meses.
Lamento tener que decirle que no recuerdo nada del pasado.
Me encontraron en unas condiciones lamentables en Caracas y desde el accidente sufro de amnesia.
Gracias a una compañera del trabajo he podido saber dónde vivo y dónde trabajo, ahora bien, no puedo asegurar nada antes del mes de marzo.
Lo siento. Si quiere aclararme algo estaré encantado de escucharlo, así tal vez me ayude a recordar.
—Bueno, bueno... no estaba al corriente de su situación.
Lo lamento mucho. Entonces me dice que se encuentra en el sótano en unas condiciones inaceptables, pues tranquilo, hablaré con los de recursos humanos para que solucionen toda esta situación.
Desde que tomamos el control de la empresa, nadie me ha informado de nada parecido así que no podía saberlo. ¿Alguna cosa más?
—No. No tengo nada más que decir.
—Muy bien, pues no se preocupe y en un par de días estará solucionado.
Salgo del despacho más contento que nunca.
En realidad sí recuerdo su rostro. Es el mismo tipo que me había estado amenazando por los documentos en el pasado y el mismo al que fui a visitar, una vez conseguidos, para pedir el dinero a cambio.
Ese mismo dinero que tengo con Sara. El mismo que espero recuperar de una manera discreta para que no desaparezcan, ni el dinero ni Sara.
No tengo muy claro que esa joven sea leal ante alguien al que hace tan poco que ha conocido.
Lo que me sorprende es cómo se me ocurrió pedir a una desconocida que me ayudase en una cosa tan importante, cinco millones de euros no es una cantidad para dejar en la cuenta de una extraña.
Debo ir con cuidado y dejar todo bien atado.