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Preguntas y respuestas
Llevo dos días de vacaciones y Sara, hoy, ha empezado las suyas.
Esta noche iré a cenar a casa de sus padres.
Me paso por el piso de Sara y tomamos un café en la terraza.
Es un piso grande y luminoso, con una decoración muy cuidada y llena de detalles que la representa, desde flores silvestres que reflejan su naturaleza salvaje, hasta las fotografías y retratos de la familia que dejan ver el apego que siente hacia los suyos.
Los colores del piso son cálidos y no hay demasiadas figuras u objetos encima de los muebles, todo es muy sencillo y fresco.
En cuanto me siento cómodo, me despojo de todos los formalismos y me descalzo; los zapatos me están apretando.
—Que piso más bonito. ¿Yo había...?
—¿Si habías estado aquí? No. Es la primera vez. Me alegra mucho que me llamaras para venir.
—¿Cuánto tiempo llevamos saliendo? Sé que son preguntas algo incómodas para ti —al ver la cara de sorpresa continúo la frase para mirar de arreglarla—, para mí también, debo acelerar el proceso de recuperación... por nosotros.
Sara se conmueve al ver el interés que muestro por nuestra relación y tras colocar las tazas de café, unas galletas en la mesa de la terraza y sentarse, se dispone a contestar cualquier pregunta que tenga preparada para ella.
—¿Qué quieres saber? —me mira alegre con las manos apoyadas en su falda.
—¿Cuánto tiempo hace que nos conocemos?
—Nos conocimos este año. A mitad de enero.
—¿Este año? Pensaba que hacía más. «Tal vez no tendría que haber dicho eso, ahora me arrepiento. Me quedo en silencio mirando el suelo sin atreverme a mirarla».
—Bueno, eso es que estás muy bien junto a mí —alzo la vista, está algo ruborizada.
—Y entonces... ¿cuándo empezamos nuestra relación? —insisto.
—Al poco, fue muy rápido. No tenemos una fecha especial. Todavía —vuelve a ruborizarse agachando la vista a su taza.
—¿Tuviste una relación antes que la nuestra?, bueno, está claro que sí, eres demasiado bonita para no haber tenido un novio.
—Sí.
—¿Y qué tal?¿Cómo es que terminasteis?
—Murió.
Un silencio atronador nos envuelve por unos segundos, parece que todo el sonido de la calle ha desaparecido y ni los coches ni las conversaciones de los transeúntes existen.
Ella no levanta la vista de su taza durante un largo rato y yo no puedo retirar la mirada de ella; acabo de hacerle daño sin querer, a pesar de que ya sabía la respuesta, necesito que ella se abra y me explique qué pasó.
El inspector Garmendia me dejó muchas incógnitas que no sabía que existían en mi entorno y ahora es el momento de esclarecer el máximo posible.
—Lo siento. ¿Estaba enfermo? —intento retomar la conversación.
—No... murió por una sobredosis de insulina. Tenía azúcar y se equivocó.
—Joder, lo siento. ¿Hace mucho de eso?
—En febrero de este año, hace solo 7 meses. Por eso no es que podamos poner una fecha exacta a nuestra relación, fue algo inesperado, y Luego tú desapareciste. Todo este medio año ha sido algo extraño y caótico para mí.
Acabo de darme cuenta de que el beso de hace dos días es el primero entre nosotros.
No recordaba esa sensación tan maravillosa, porque no me había acercado tanto.
Estoy confuso, no tengo muy claro en qué punto nos encontramos de la relación ni si de verdad hay una relación como tal.
Es una mujer muy hermosa y también es mucho más joven que yo.
¿Será tan solo una ilusión? Por muy duro que parezca, tengo que aclararlo y debe ser ¡Ya!
—Lo nuestro entonces, ¿empieza ahora?, ¿aún no tenemos ni planes de futuro, y por eso aún no conozco a tus padres?
—Noo. Sí que tenemos planes hechos. Tenemos una cuenta conjunta con dinero y todo. Nos íbamos a marchar del país para estar juntos tú y yo. Empezar algo bonito, juntos.
—¿Una cuenta conjunta? ¿Irnos, a dónde? —esto me coge por sorpresa.
—Tenemos mucho dinero Javier. Juntamos todos nuestros ahorros y abrimos una cuenta para nuestra nueva vida, luego no sé qué ocurrió. Tuve un accidente... y...
—¿Tú un accidente? ¿Cuándo?
—Me arroyó un coche y estuve en el hospital unos quince días, después otros veinte para recuperarme y entonces, como tú no dabas señales de vida, creí que te habías replanteado lo nuestro y habías desaparecido. Te habías marchado.
—¿Cuánto dinero tenemos ahorrado?
—Casi cinco millones de euros.
El tiempo se para por completo, no puedo sentir mi cuerpo ni mi respiración.
Veo a Sara gesticular y mover sus labios, no llego a escuchar nada.
«Cinco millones de Euros, ¿y yo desaparecí?
, ¿cómo iba a marcharme sin el dinero? Nadie se larga y deja tanta pasta en manos de nadie, y menos de una joven a la que hacía tan solo dos meses que conocía.
Algo no me huele bien. Aquí hay gato encerrado, debo averiguar el máximo antes de hacer nada.
Será mejor que me calme y respire hondo.
Tengo que saber más, más de todo, el novio, nosotros, el dinero...
¿cómo es que tenemos entre los dos tanta pasta?
Del trabajo no creo, mi sueldo es una mierda.
¿Y ella?, ¿es rica? Ahora sí tengo ganas de conocer a sus padres, he de saber más».
* * *
Llega la noche y me encuentro delante de la puerta de unos pisos de lujo del centro de Bilbao.
Son unos pisos antiguos restaurados y ampliados.
De cada dos pisos han construido uno y son preciosos.
Techos altos y abovedados, suelos de parqué de alta gama y grandes puertas en cada estancia al igual que las ventanas.
Supongo que de día entrará mucha luz. Puede que la pasta viniera de esta gente, están bien posicionados por lo que parece.
Siento que tengo más interés que nunca en conocer mejor a esta familia, no sé si es por nosotros dos, o porque mi parte egoísta me está haciendo ver que tengo una buena oportunidad en frente de mí para ser más, más importante o más rico o más lo que sea...
por un instante, me siento algo cruel pero, no tengo tiempo para reflexionar sobre este sentimiento. Ahora no.
Las presentaciones son rápidas y cordiales; bueno…
no muy cordiales. Aquí parece que nadie está contento con mi aparición, de todas formas intentan disimularlo «no demasiado bien».
La madre ni me ha rozado al besarme las mejillas, el padre me estrecha la mano con demasiada firmeza y la hermana pequeña de Sara tan solo ha levantado la mano en forma de saludo desde el fondo del salón, tan siquiera se ha acercado.
Sara está muy pendiente de mí en todo momento.
Me indica con la mirada dónde dejar la chaqueta, me entrega una copa para que tenga una, «ya que su padre no me la ha preparado tal y como ha hecho para el resto».
La conversación es muy superficial en todo momento, tan solo han prestado atención cuando Carolina, la hermana de Sara, se ha puesto a hablar de sus planes en la universidad y en un proyecto para abrir su propia oficina de arquitectura.
Después, las preguntas van todas directas a mí, una detrás de otra, como si de una metralleta se tratasen: edad, trabajo, estudios, familia, infancia...
todo parece bastante normal para mí, ya que se trata de la pareja de su niña, la cosa se complica un poco al hablar de mi futuro y de las expectativas que tengo hacia notros dos.
La madre no parece nada contenta con la mayoría de mis respuestas mientras continuamos degustando los platos. Al llegar al postre, se complica todo un poco más.
—Hija —dice la madre de Sara—, he preparado el postre que más os gusta, hojaldre de mousse de limón.
—¡Mamá!, ese no... —no continua con su frase y mira a su padre con cara de reproche.
—Oh, es verdad Sara. Perdona... no pensé en que Jorge ya no está con nosotros — me mira y continúa—, era el postre preferido de nuestro Jorge, el novio de Sara. Pobrecillo, no sé quién querría hacerle tanto mal. Era un hombre...
—Mamá ¡basta!, no sabéis como era en realidad. Además ya no está con nosotros. No quiero hablar de él ahora y menos con Javier aquí.
—Huy, perdona —contesta con aparente sorna—, tan solo iba a decir que era un hombre bueno y que siempre lo quisimos como a un hijo.
—A eso me refería. No está, ahora ya da igual. Javier y yo formaremos una nueva vida juntos y eso es lo que cuenta. ¡El pasado se terminó mamá!
—No te enfades hija, tan solo quería hacer algo bonito con el recuerdo de Jorge, hoy que estamos todos juntos. Si tú no quieres...
—Claro que no quiero mamá. Jorge no era la persona que os pensáis, estaba metido en líos y gracias a Javier no terminé mezclada yo también. Así que dejemos de hablar de Jorge y sigamos con la cena.
La conversación se termina en ese mismo instante. Nadie vuelve a decir nada. Terminamos el postre y sacan los cafés. Sara me pide que me lo tome rápido, cosa que hago de un solo sorbo.
Después de varios comentarios sin interés para ninguno de los presentes, hechos por el padre, Sara se excusa con sus padres y nos despedimos con la excusa de que al día siguiente tenemos muchas cosas que hacer.
Una vez en el coche, ya de camino para mi piso, Sara me pide disculpas por lo acontecido durante la cena.
—Lo siento mucho. No ha sido la velada que esperaba.
—Tranquila, no pasa nada. Es normal que tus padres me interroguen.
Y entiendo que si llevabas mucho tiempo con ese hombre, tus padres lo echen en falta.
Era uno más de la familia. Lo que no he entendido bien es ¿por qué dices que si no hubiera sido por mí, tú hubieras acabado mal como él? ¿A qué te referías?
Sara reduce la velocidad y en cuanto encuentra un aparcamiento estaciona.
Apaga el motor y con las manos sobre el volante y mirando al frente empiezan a brotarle grandes lágrimas.
«¿Qué está pasando, qué es eso que no recuerdo?
, ha llegado el momento de saberlo y está claro que Sara me lo va a contar».
—No te he contado todo lo que pasó antes de que desaparecieras. Tenía miedo de explicártelo todo y que luego... bueno, que no quisieras estar más conmigo.
—¿Cómo, qué...?
—Espera, déjame hablar, por favor. No es nada fácil, todo esto que está pasando me está volviendo loca. Necesito que recuperes tu memoria, tampoco quería forzarte a ello. Esperaba que en unas semanas estuvieras recuperado del todo. Llegados a este punto...»
«Mi novio estaba detrás de unos documentos que serían su ascenso a socio de la empresa, y esos documentos los tenías tú.
Hablaste con Itúrbide y conseguiste que te pagara mucho dinero por ellos.
Luego estuvimos preparando todo para marcharnos lejos y empezar tú y yo de nuevo una vida juntos, lejos de aquí. »
« En las noticias dijeron que a Jorge lo habían asesinado, no murió por error, sino que alguien le inyectó una sobredosis de insulina y tenían a un culpable en busca y captura, que por cierto, supongo que ya lo habrán detenido, no sé, no quise saber más sobre el tema.
Jorge y yo hacía tiempo que no estábamos bien y tú lo sabías. »
«Me propusiste marcharnos y, de repente, te esfumaste. Desapareciste —Sara llora sin consuelo. No puedo creer lo que estoy escuchando, pero sé que dice la verdad.
Después de dejar a Sara que se desahogue unos minutos, le cojo de la mano y, con una suave caricia, le pido que ponga el coche en marcha.