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Ella es fantástica
Han pasado diez días desde que regresé a Bilbao.
Poco a poco voy recordando cada vez más cosas.
Los almuerzos en la cafetería cerca del trabajo, siempre colapsada y teniendo que hacer cola para todo.
Pedir, pagar, esperar la bandeja con el almuerzo…
pero ahora lo disfruto con Sara. Ella es fantástica, muy agradable y alegre.
Parece que tiene muy claro qué necesito tiempo para recuperarme y ser el mismo de antes, porque en ningún momento hace referencia a nuestra relación, ni fuerza el acercamiento.
Ella tan solo está a mi lado, hablando y explicándome todo lo que necesito saber para poder recordar.
También tengo escenas de mi niñez, de mis padres y mi miserable trabajo.
Sin embargo, todavía no puedo recordar los últimos meses, desde la muerte de mis padres hasta mi aparición en Caracas hay una nube en mi cerebro.
Todo sigue borroso. Tengo pequeñas pinceladas de imágenes que no llego a asociarlas a algún sitio o a alguna situación.
Todo sigue su curso, el trabajo es rutinario y aburrido, no tengo con quién conversar, aparte de Sara.
Parece que la empresa ha cambiado de dueños, durante el tiempo que estuve desaparecido, lo más raro es que mi nómina siguió siendo ingresada, cada mes, en mi cuenta y nadie me destituyó ni avisaron de mi ausencia.
Todo es muy extraño, desde que he vuelto a la vida, nada de lo que me está pasando es del todo normal.
Lo que sí está claro es que soy un tipo con mucha suerte.
Después de lo que he pasado, todo ha estado esperándome como si nada.
Me encontraron antes de perecer en aquella maleta, encontré dónde vivir en Caracas mientras recogía dinero para volver a mi país, trabajé sin problemas en un supermercado en el que el jefe me dio todo tipo de facilidades.
Luego apareció Sara, la única persona que me ha echado de menos; ya no me hace falta más para poder recuperarme.
Mi trabajo me esperó sin cambios, mi cuenta fue en aumento, tengo un piso que es más que aceptable…
Tres habitaciones, dos baños, comedor, cocina amplia y con un balcón, justo para tener una mesita y dos sillas, para almorzar de cara al sol los fines de semana; En una buena zona y cerca del trabajo.
No tengo coche, tengo una bicicleta esperándome en la oficina. Oficina que no vale mucho…no puedo tenerlo todo.
Hay momentos en los que puedo sentir el miedo por mis venas, pensando en la situación de encontrarme a oscuras y con el rostro tapado.
Recuerdo conducir un coche que no tengo, también tengo la sensación de tener que buscar una carpeta con unos documentos que he perdido, sin embargo, no sé de qué papeles se tratan ni por qué tengo esa necesidad.
Todas estas cosas se las comento a Sara quien me observa en silencio mientras escucha todas mis ideas y elucubraciones.
Esperaba que la muchacha me diera respuesta a alguna cosa de las que tengo pequeños flashes, pero no es así.
Hay momentos en los que llego a pensar que Sara, en realidad, no me conoce tanto como se espera de una pareja, e incluso pienso, que tal vez no fuéramos pareja. A parte de ella, nadie puede confirmarme nuestra relación, no tengo a nadie más.