Un tipo con poca suerte (Javier Ramiro 2) 6
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Sara

Sara lleva días pensando en volver con sus padres. Ha pasado un mes desde que se marchó de Bilbao y está algo cansada de estar fuera del «hogar». Los suecos no son como ella esperaba y se siente sola.

A parte de que son extremadamente educados, respetuosos y no parece haber jerarquías entre ellos, todos se tratan de tú a tú.

También tienen un lado «incómodo»; son reservados y es muy difícil entablar conversación con ellos.

Sara no ha tenido ocasión de hacer amistades y si hablamos del tiempo…

Hay que ir con abrigo grueso por la mañana y por la noche; al medio día basta con una camiseta.

En varias ocasiones, ha llegado a tener algo de fiebre.

Los suecos están acostumbrados a esos cambios, Sara prefiere el clima del norte de España. Cuando llueve no lo hace fuerte, aunque sí dura días y días y las temperaturas son suaves «comparadas con las de ahí»; cuando hace sol y buen tiempo, llegan a los veinticuatro grados en estas fechas.

Además, están esas máquinas, ocupando la vía y haciendo ruido, retirando todo el día grava del suelo; y los suecos son raros, se sientan en bancos o escaleras en cuanto ven un poco de sol, cierran los ojos y alzan la cabeza para recoger toda la vitamina D.

Aunque, por otro lado, todos los lagos y canales se deshielan, no deja de correr el agua y aparecen los primeros brotes verdes en los parques; eso no le desagrada del todo.

En su apartamento de cuarenta metros cuadrados, ha tenido que lidiar cada noche con sus recuerdos, sola sin nadie que la reconfortara.

Además ha sido duro conciliar el sueño con las cosas que hizo, pero lo ha sabido llevar bastante bien.

Ahora tan solo piensa en volver a su casa y que las cosas sigan como antes o, al menos, casi como antes.

Su trabajo, sus padres y su hermana están esperándola, sin embargo, su prometido y Javier ya nunca volverán.

Lo peor de todo es que, por mucho que quiera olvidarlos, hay cinco millones de euros en el banco que se lo recuerdan. «PObrECITA».