Jane Austen y el incómodo incidente en Scargrave Manor Capítulo 3 Una pluma cargada de veneno #3
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Capítulo 3 Una pluma cargada de veneno #3

–Por supuesto, de toda la vida –confesé, no sin emoción–.

El abogado al que me refiero yo es un gran amigo de mi padre; se conocieron cuando los dos seguían solteros y no eran más que principiantes en sus respectivas profesiones.

Ya que es un nombre muy común, mi sir William y el tuyo podrían no conocerse de nada.

¿Lleva mucho tiempo viviendo en la zona?

Isobel frunció el ceño, pensativa.

–Me parece que no. De hecho, acaban de concederle su cargo actual. Frederick, mi difunto esposo, era el lord teniente del condado 16 y le dio el cargo a sir William hace un año. Pero, Jane, si tan bien lo conoces, ¿crees posible que se ponga de mi parte?

–Aunque fuera una perfecta desconocida para sir William, yo confiaría en él en tiempos difíciles –contesté sin dudarlo–, pues quien busque justicia puede estar seguro de que la encontrará en su persona.

–¿Qué debería hacer, Jane? –se limitó a preguntar la condesa.

–No podemos hacer nada para evitar que la doncella le envíe una carta tan dañina como esta al magistrado, de modo que lo que te aconsejo es que nos adelantemos y mandemos llamar a sir William de inmediato.

Es su deber cortar de raíz estos rumores infundados antes de que hagan más daño del que ya han hecho o investigar el caso en busca de la justicia, de ser necesario.

–¡Jane! ¿De verdad te parece todo esto posible?

–Tratándose de ti, querida mía, no, bajo ningún concepto. –Doblé la carta de la doncella y se la devolví–. Pero ¿que si creo capaces a los demás? Cualquier cosa es posible en este mundo, donde la fortuna de los hombres pende siempre de un hilo, y la del conde, tienes que admitirlo, no era baladí.

–Pero solo Fitzroy Payne saldría ganando –argumentó, arrugando la carta traicionera en la mano–, y es impensable que Fitzroy haya hecho nada violento.

–Isobel –dije con cuidado–, tengo la impresión de que no me lo has contado todo en lo que respecta a ese caballero.

Lo que conseguí con estas palabras fue el silencio y una mirada de advertencia, pero cierto sonrojo había comenzado a cubrir la tez pálida de mi amiga.

–Si me haces caso y avisas a sir William de esta carta, no cabe duda de que él tratará de descifrar el significado de las palabras de la doncella –apunté yo.

Isobel me cogió de la mano, con el rostro contorsionado por la pena.

–¡Jane, Jane…! ¡Tienes que ayudarme! Esto es insoportable. El dolor por la muerte de Frederick…, esta horrible carta… y, ahora, tener que poner a Fitzroy en peligro de esta manera… ¡No hay quien lo aguante!

–Si quieres que te ayude, querida mía –le dije, arrodillándome a sus pies–, tengo que saberlo todo. Debes decirme lo que puedas, Isobel, porque cualquier detalle puede ser de vital importancia.

–¿Temes por mí, Jane?

–Temo por todos nosotros.

10 . Los lectores modernos agradecerán una explicación. En el siglo xix , era más habitual referirse al derrame cerebral con el término «apoplejía», mientras que la dispepsia designaba una indigestión. ( N. de la E. ).

11 . Con la muerte de Frederick, conde de Scargrave, Fitzroy Payne pasó a ser el octavo conde de la estirpe. Como tal, Austen ahora se refiere a él como lord Scargrave, en vez de lord Payne, como hacía cuando solo era vizconde. ( N. de la E. ).

12 . Las damas tenían la costumbre de vestir ropa de luto de colores oscuros durante un tiempo tras la muerte de un familiar, al menos durante un año en el caso de la defunción de un marido o de un hijo y un mínimo de seis semanas en el caso de parientes más lejanos. ( N. de la E. ).

13 . Le Beau Monde no era más que una de las revistas de moda que la selecta sociedad georgiana leía con avidez; sus ilustraciones presentaban la última tendencia tanto en la ropa de las damas como en la de los caballeros. ( N. de la E. ).

14 . Este término se usaba en la época georgiana para referirse a un sastre, con una alusión a la bata francesa, una clase de vestido del siglo xviii .

Poco a poco, la palabra fue pasando de moda y comenzó a emplearse el término francés modiste , antes de decantarse simplemente por «sastre». ( N. de la E. ).

15 . El empleo del término «magistrado» por parte de la condesa quizá confunda a algunos lectores, que sabrán que los magistrados, en general, eran individuos que recibían un salario y a los que se les confiaba la tarea de velar por el orden en las grandes ciudades en Inglaterra.

El término correcto para referirse al cargo de sir William Reynolds sería «juez de paz»; o sea, un puesto no remunerado para el que se nombraba a un miembro de la clase alta de la zona.

En las áreas rurales, sin embargo, los dos términos se empleaban indistintamente con frecuencia, puesto que el juez de paz, pese a no cobrar por ello, ejercía las funciones básicas de un magistrado. ( N. de la E. ).

16 . El lord teniente del condado era un cargo a menudo otorgado a un noble de alto rango; sus principales deberes residían en nombrar a los diferentes jueces de paz de la zona o a los magistrados, y en convocar a la milicia en caso de invasión. ( N. de la E. ).