Jamás y nunca... Hasta mí 19.Solo una comida.
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19.Solo una comida.

-Xana

El teléfono vibró en mi bolsillo.

Miré la pantalla.

Sonreí sin poder evitarlo.

—Me tomo cinco minutos de descanso —avisé a los otros terapeutas en el gimnasio.

Nadie protestó.

Ya sabían que, desde hacía unas semanas, sonreía demasiado cuando miraba el móvil.

Abrí la conversación.

Lucas

Buenos días.

¿Has descansado?

No pude evitar reír.

Era incapaz de empezar una conversación sin preguntar cómo estaba la otra persona.

Yo

Buenos días.

Muy bien.

¿Y tú?

Los tres puntitos aparecieron enseguida.

Siempre respondía rápido por las mañanas.

Lucas

Bien.

Aunque mis padres decidieron que el jet lag era un mito y me despertaron a las siete.

Sonreí imaginándomelo.

Yo

Los echarías mucho de menos.

Tardó unos segundos.

Lucas

Sí.

Muchísimo. Aquella respuesta era tan sencilla...

que transmitía mucho más de lo que decía.

Continuó escribiendo.

Llegaron ayer.

Hacía un año que no los veía.

Me apoyé sobre el respaldo de la silla.

Un año.

Intenté imaginar lo que debía sentirse.

Para Lucas, la llegada de sus padres parecía una buena noticia.

Una de esas que se cuentan sonriendo.

Y me sorprendió descubrir que para mí la palabra familia nunca había sonado exactamente así.

Xana

Me alegro mucho por ti.

Aparecieron otra vez los tres puntitos.

Mi madre quiere organizar una comida el sábado.

Vendrán algunos amigos. Me preguntaba...

si te apetecería venir.

No pude evitar sonreír.

Leí el mensaje una segunda vez.

Y una tercera.

No porque no lo hubiera entendido.

Sino porque me gustaba cómo sonaba.

Yo

Me encantaría.

Tengo muchas ganas de conocer a las personas de las que hablas con tanto cariño.

La respuesta llegó casi inmediatamente.

A mi madre también le hace mucha ilusión conocerte.

Me quedé mirando la pantalla unos segundos más.

Su madre sabía quién era.

Perfecto.

Eso no añadía absolutamente ninguna presión. Ninguna.

Duré exactamente cuarenta segundos sin escribirle a Barb.

Yo

¿Vais a la comida del sábado?

Su respuesta llegó antes de que pudiera bloquear el móvil.

Barb

¿Ya te ha invitado?

Puse los ojos en blanco.

Xana

¿Cómo lo sabes?

Barb

Porque conozco a esa familia.

Xana

¿Podemos ir juntos?

Barb Por supuesto.

¿Estás nerviosa?

Miré el mensaje unos segundos.

Después escribí la verdad.

Un poco.

Nunca había conocido a los padres de un chico que me gustara.

Me quedé mirando lo que acababa de escribir.

Un chico que me gustara.

Ah.

Así que ya estábamos ahí.

El sábado.

Estaba delante del armario.

Tres conjuntos encima de la cama.

—No es una cita.

No es una presentación oficial.

Es una comida. Silencio.

Volví a mirar el tercer vestido.

Lo puse delante de mí, frente al espejo.

Si solo es una comida… ¿por qué llevo veinte minutos sin decidir qué ponerme?