Jamás y nunca... Hasta mí 17.Pasos Gigantes
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17.Pasos Gigantes

-Xana

Llegamos al restaurante.

Me senté al lado de Lucas.

Me pareció una buena idea.

Hasta que él giró la cabeza y me sonrió.

Entonces me di cuenta de que quizá no lo había pensado demasiado bien.

Barb cruzó una mirada con Diego.

Diego levantó una ceja.

Ninguno dijo nada.

Peor.

No necesitaban hacerlo.

Sirvieron la comida.

Todo se veía delicioso.

Miré alrededor de la mesa. Barb discutía con Julio. Diego exageraba alguna historia. Maia intentaba hablar conmigo por encima de las risas.

Aquella mañana todos me habían parecido parte de un mundo al que estaba intentando entrar.

Ahora, por primera vez, no estaba segura de seguir sintiéndome fuera.

Lucas cogió la cesta del pan.

Sin preguntarme.

Dejó un trozo junto a mi plato.

Continuó hablando con Julio como si no acabara de hacer nada especial.

Bajé la vista.

Sonreí para mí.

Seguía hablando con Maia.

Barb también lo vio.

Sonrió.

Empezó a levantarse un poco de brisa.

Me abracé instintivamente.

Sin decir nada. Noté algo caer sobre mis hombros.

La chaqueta de Lucas.

Levanté la vista.

Él seguía hablando con Diego.

Como si aquello fuera el gesto más normal del mundo.

Me acerqué un poco.

—Gracias.

Lo dije tan bajito que casi se perdió entre las conversaciones.

Él giró apenas la cabeza.

—De nada.

Y siguió escuchando la historia.

Diego estaba en mitad de una de sus historias.

Como siempre.

Con demasiados gestos.

Demasiado entusiasmo.

Y muy poca fidelidad a los hechos. —...y entonces el pastor me dijo: "Diego, por favor, deja de improvisar".

—Eso nunca pasó —protestó Julio.

—Detalles sin importancia.

Las carcajadas estallaron alrededor de la mesa.

Lucas, que estaba sentado a mi lado, negó con la cabeza.

—La mitad de las historias de Diego son reales.

La otra mitad...

todavía no.

Tardé apenas un segundo en entenderlo.

Solté una carcajada.

Él también.

Nos miramos sin poder evitarlo.

El resto de la mesa guardó silencio un instante.

—¿Qué? —preguntó Diego, mirando alternativamente a Lucas y a mí.

Intenté contener la risa.

—Nada. Lucas carraspeó, intentando recuperar la compostura.

—Déjalo.

Diego entrecerró los ojos.

Luego apoyó lentamente los cubiertos sobre el plato.

—Vale...

Se hizo un silencio teatral.

—Ya tenéis humor privado.

Eso me preocupa.

Las risas volvieron a estallar.

Julio negó con la cabeza.

—¿Y por qué iba a preocuparte?

—Porque cuando dos personas empiezan a reírse de cosas que nadie más entiende...

es que nos estamos quedando fuera de la conversación.

—O es que tú cuentas muy mal los chistes —respondió Lucas.

—¡Traición!

Diego se llevó una mano al pecho. —Te presenté a la chica y así me lo pagas.

Toda la mesa volvió a reír.

Noté que el calor me subía a las mejillas.

Miré de reojo a Lucas.

Él evitó mi mirada concentrándose exageradamente en cortar un trozo de pan.

Demasiado tarde.

La sonrisa que intentaba esconder lo delataba tanto como a mí.

La cena continuó entre risas.

-Lucas

A la salida del restaurante.

El pastor levantó la voz, por favor quiero una foto de todo el grupo, antes que nos vayamos.

Todos empezaron a colocarse.

Sin pensarlo.

Me coloqué al lado de Xana. —¡Todos un poco más juntos! —pidió alguien desde detrás del móvil.

Xana y yo dimos un paso al mismo tiempo.

Nuestros hombros chocaron.

Nos miramos.

—Creo que se refería a todos —murmuró ella.

—Ah.

—Pero buena iniciativa.

Tuve que mirar hacia la cámara para que nadie notara que estaba sonriendo.

Nos apartamos un poco del grupo.

Quería despedirme de ella y acompañarla a su coche.

Nos alejamos del grupo caminando hacia el aparcamiento.

—¿Te acompaño?

Xana me miró.

—Pensaba que ya lo estabas haciendo.

Sonreí.

Seguimos caminando. Sin que Diego tuviera que inventarse ningún juego.

Sin que Barb tuviera que sentarnos juntos.

Sin ninguna excusa.

Solo porque ninguno de los dos parecía tener demasiadas ganas de despedirse.

Y pensé que, para dos personas que llevaban semanas insistiendo en que no tenían ninguna prisa...

aquello empezaba a parecerse bastante a dar pasos gigantes.