Jamás y nunca... Hasta mí 12.Momentos
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12.Momentos

-Lucas

La carpeta seguía allí.

BodyTherapy.

Dentro, entre los archivos de desarrollo:

Xana Alonso.

Sonreí sin darme cuenta.

Solo iba a hacer una copia de seguridad del programa.

Nada más.

Entonces encontré una de las primeras propuestas del logotipo.

Le hice una foto con el móvil.

No tenía ninguna necesidad de enviársela.

Ninguna.

Aun así...

La envié.

La miré durante unos segundos. —Ya está.

Demasiado tarde para arrepentirse.

Imagen

"He encontrado esto revisando unas copias antiguas del programa."

Miré el móvil.

Nada.

Volví al ordenador.

Dos líneas de código.

Otra vez el móvil.

Nada.

Cinco minutos después ya me había inventado tres razones por las que no iba a responder.

Justo entonces...

Vibró.

Dime que no puedes hackearme el ordenador con lo que sea que tienes allí.

Solté una carcajada.

Tranquila, solo tengo el diseño y algunas copias de seguridad del programa de tu clínica.

Aunque ahora que lo dices…

Escribí esa última frase. La borré.

Todavía no.

Por cierto, ¿te sigue gustando?

Si algún día quieres cambiar algo, puedo echarle un vistazo.

Mientras esperaba su respuesta intenté volver al trabajo.

Abrí una línea de código.

La leí tres veces.

No entendí absolutamente nada.

Suspiré.

—Concéntrate.

El ordenador seguía delante.

Pero mi atención estaba dentro del bolsillo.

Como si pudiera hacer vibrar el teléfono con la fuerza del pensamiento.

Y, por supuesto...

Vibró.

Lo tendré en cuenta.

Una pregunta…

Vi aparecer el indicador

…..Escribiendo….

Desapareció.

Volvió.

Desapareció otra vez.

Sonreí.

¿El teletrabajo te da mucha hambre?

Me eché hacia atrás en la silla.

No pude evitar reír.

Tardé menos de diez segundos.

Depende.

¿Por qué?

Me escribió.

Porque tengo un par de horas libres.

Y me preguntaba si quieres comer conmigo.

-XanaEl mensaje desapareció.

Volvió a aparecer.

"Escribiendo..."

Otra vez nada.

Otra vez escribiendo.

Fruncí el ceño.

—Vamos...

¿Qué tanto tienes que pensar?

Yo tampoco era mucho mejor.

Había escrito tres respuestas distintas.

Y había borrado las tres.

Se ilumina la pantalla…

Veo su nombre en la pantalla.

Sonrío ampliamente.

Por alguna razón, me hizo ilusión escuchar su voz.

—Buenos días.

Sonreí. —Buenos días. Te llamo porque escribir mientras trabajo me está llevando el doble de tiempo.

Reí.

—A mí también —le dije.

—No puedo resistirme a una invitación para comer... Sobre todo, si eliges tú el restaurante.

Tengo curiosidad por conocer tus gustos.

Esperé.

Cinco segundos.

Para que mi ritmo cardiaco se normalizara.

—Pues no me ha dado mucho tiempo a pensar. Espero te guste la comida mexicana.

No pude evitar sonreír.

—Me encanta la comida mexicana…

Y podría jurar que él también estaba sonriendo al decirlo.

—Te envío la ubicación.

-Lucas

Llegué al restaurante siguiendo la ubicación que me había enviado.

Apagué el motor.

Y no me moví.

Me quedé con las manos sobre el volante, mirando la puerta de entrada.

Una duda completamente absurda comenzó a dar vueltas en mi cabeza.

¿Esto cuenta como una cita?

Ella había tenido la idea.

Ella había escogido el restaurante.

Ella me había invitado.

¿Entonces era una cita?

¿O simplemente una comida entre amigos?

Fruncí el ceño.

La próxima vez tendría que preguntárselo a Diego.

Aunque seguramente se reiría de mí durante el resto del año.

Negué con la cabeza.

No.

No era una cita. Era una comida casual...

...con una amiga que conseguía que me sudaran las manos y se me acelerara el corazón.

Respiré hondo.

Antes de bajar del coche cerré los ojos un instante.

Era curioso.

Cada vez que los nervios me superaban, terminaba haciendo lo mismo.

Orar.

—Padre...

Ayúdame a disfrutar este momento.

A tratarla siempre con respeto.

A ser prudente.

Y a honrarte también en esto.

Sonreí para mis adentros.

—Y, si es posible...

ayúdame hoy a no romper nada.

Abrí la puerta del coche. Me coloqué junto a la entrada del restaurante.

Esperé.

Entonces la vi.

Ahí estaba.

Y el nerviosismo que creía haber dejado dentro del coche volvió a instalarse en mi pecho.

-Xana

Salí disparada hacia el vestuario de la clínica.

Todavía tenía tiempo.

Poco.

Pero suficiente.

Una ducha rápida.

Vaqueros.

Camiseta básica blanca.

Chaqueta vaquera.

Sencillo.

Volví a mirarme en el espejo. Fruncí el ceño.

Me hice una trenza.

No.

Me la deshice.

Coleta alta.

Mejor.

Di un paso hacia la puerta.

Volví al espejo.

—Estás haciendo el ridículo...

Murmuré.

Es solo una comida.

No es una cita.

¿O sí?

No.

No puede contar como cita si lo he invitado yo.

... ¿Verdad?

Sacudí la cabeza. Cogí las llaves.

Y salí casi corriendo.

Aparqué frente al restaurante.

Sonreí.

Era mi mexicano favorito.

Cada vez que venía allí me prometía que algún día viajaría a México.

Respiré hondo.

Levanté la vista.

Y lo vi.

Americana azul marino.

Camiseta azul claro.

Pantalón caqui.

Zapatillas blancas.

Sencillo.

Elegante.

Y peligrosamente guapo.

Entonces sonrió. De esa forma tan abierta que empezaba a reconocer.

Y sentí cómo el corazón se me encogía sin pedir permiso.

Caminé hacia él.

Él dio un paso.

Yo también.

Los dos inclinamos la cabeza hacia el mismo lado.

Nos apartamos.

Volvimos a intentarlo.

Ahora hacia el otro.

Otra vez igual.

Nuestras frentes chocaron apenas un instante.

Los dos nos quedamos inmóviles.

Y, un segundo después...

estallamos en una carcajada.

—Creo que acabamos de batir un récord mundial — dije llevándome una mano a la frente.

Él negó entre risas.

—Prometo que normalmente sé saludar.

—Eso espero.

Porque si no, esta amistad va a ser complicada.

Seguíamos sonriendo cuando señaló la puerta del restaurante.

—¿Entramos?

Asentí.

—Tenemos reserva.

Levantó una ceja con una sonrisa traviesa.

—¿Tan segura estabas de que iba a aceptar?

Le sostuve la mirada unos segundos.

—¿Por quién me tomas?

Hice una pausa teatral.

—Bueno...

La reservé después de colgar contigo.

-Lucas

Yo no había dudado ni un segundo de que acabaría allí. El lugar era colorido.

Olía a pimientos, a especias y a algo picante.

Nos llevaron a nuestra mesa.

Nos llevan a nuestra mesa.

Los dos levantamos la carta al mismo tiempo.

Los dos la bajamos al mismo tiempo.

Los dos nos descubrimos mirándonos.

Volvimos a levantarla.

Ella se cubrió la cara con la carta.

-Xana

Intento cubrir con la carta el rubor de mi cara.

Y de repente.

—Toc.. Toc… Lucas da golpecitos a mi carta.

Asomo los ojos.

Él sonríe.

— ¿Te importa si pedimos para compartir? Quiero probar media carta.

Me preocupa no saber por dónde empezar. Sonreí.

—¿En serio?

—Nunca he estado aquí. Cerré la carta con decisión.

—Entonces hoy mando yo.

—Eso suena peligrosísimo.

—Confía. Vas a salir de aquí convencido de que los mexicanos inventaron la felicidad.

—¿Y si no?

—Te invito al postre.

—Eso no parece un castigo.

—Es que no pienso perder.

-Lucas

La comida resultó estar tan buena como había prometido.

O quizá mejor.

Gracias a Xana terminamos pidiendo varios platos para compartir.

Cada vez que llegaba uno nuevo, insistía en que probara primero.

—Este tienes que comerlo con la salsa.

—¿Y si pica mucho?

—Confía en mí.

Era la segunda vez que me decía aquello aquel día.

Y, curiosamente, no me costaba hacerlo.

La conversación iba saltando de un tema a otro.

Libros.

Películas.

Trabajo.

Viajes.

Hasta que, sin darnos cuenta, hablamos los dos al mismo tiempo.

—Me gustaría conocer México algún día.

—Sueño con viajar a México.

Nos miramos.

Y estallamos en una carcajada. —Bueno... si algún día coincidimos sin compañero de viaje, ya sabemos dónde ir.

La miré unos segundos.

No pensé.

Simplemente hablé.

—¿Es un trato?

En cuanto terminé la frase supe que había sido demasiado directo.

El tenedor se me resbaló de la mano y cayó contra el plato con un tintineo que me pareció ensordecedor.

—Quiero decir...

Bueno...

Que estaría bien.

Ella negó con la cabeza mientras reía.

—No.

Tú lo que quieres es una excusa para ir a comer comida mexicana... pero en México.

Solté una carcajada.

—Puede ser. La señalé con el tenedor.

—Y tú solo quieres visitar una reserva de agaves.

Abrió mucho los ojos.

—¡Eso también!

Volvimos a reír.

Cada vez era más fácil hacerlo.

Apoyé los cubiertos sobre el plato.

—Necesito preguntarte algo muy serio.

Ella dejó de sonreír al instante.

Incluso frunció ligeramente el ceño.

No pude evitar disfrutar un segundo de aquella expresión.

—¿Qué pasa?

—¿Dónde quieres comer el postre?

Parpadeó.

—¿Eso era?

Asentí con solemnidad.

—Porque es evidente que has ganado. Ella sonrió de nuevo.

—Podemos dar un paseo.

Hay una cafetería argentina muy cerca de aquí.

Tienen un café espectacular...

y unos alfajores capaces de arreglar un mal día.

Me levanté despacio.

—Entonces llévame.

Y, mientras caminábamos hacia la salida, la miré de reojo.

—A ver si durante el café me cuentas otro de tus sueños, Xana.

-Xana

No fue tanto lo que dijo.

Fue la forma de decirlo.

"Otro de tus sueños."

Como si diera por hecho que habría tiempo para seguir conociéndolos.

Durante unos segundos mi imaginación decidió correr más deprisa que yo.

Viajes.

Conversaciones.

Cafés.

Y, sin darme cuenta, sonreí sola.

—Diez euros por tus pensamientos.

Su voz me devolvió al presente.

Lo miré divertida.

—Vas a tener que seguir ahorrando.

Mis pensamientos valen bastante más.

Salimos del restaurante caminando despacio.

Sin prisas.

Hablando de los lugares que queríamos conocer algún día.

De ciudades.

De montañas.

De playas.

De culturas.

Era curioso. Habíamos empezado compartiendo tacos.

Y ahora compartíamos una lista de destinos.

Llegamos a la cafetería argentina.

El aroma a café recién molido nos recibió antes incluso de entrar.

Pedimos dos cafés.

Y un par de alfajores para compartir.

Esperé a que el camarero se alejara.

Lo miré intentando mantener una expresión seria.

Duré exactamente tres segundos.

—Me debes algo.

Él arqueó una ceja.

—¿Ah, ¿sí?

Asentí.

—Prometiste que hoy podría preguntarte lo que quisiera.

Se acomodó en la silla.

—Es verdad.

Respiró hondo. —Dispara.

Sonreí.

—Háblame de ti.

¿Cómo fue crecer en la iglesia?

¿Y cómo termina un chico que ama la música estudiando Informática?