7.Palabra prohibida
-Xana
Julio ya iba por su tercer intento de convencer a alguien para que probara su famosa salsa barbacoa.
El jardín olía a carne a la brasa, café recién hecho y hierba recién cortada.
Y, entre conversación y conversación...
seguíamos mirándonos.
Como si ninguno encontrara el momento adecuado para acercarse al otro.
—¡Atención!
Diego dio dos palmadas.
—Vamos a jugar al "Palabra prohibida".
Hubo un coro de protestas.
—No os quejéis.
Es cultura.
—Mentiroso. —Es competitividad cristiana.
—Julio y Barb siempre ganan… —Dijo una chica…
—Esta vez organizo yo y hay nuevas reglas.
—Nada de matrimonios.
—¡Eh!
—Nada de hermanos.
—¡Protesto!
—Nada de mejores amigos.
—Entonces no tiene gracia.
—Precisamente por eso.
Quiero parejas con cero química.
Y cero historias.
Lucas levantó la cabeza.
Yo también.
Miré a Barb.
Barb bebía tranquilamente de su refresco.
Como si no supiera absolutamente nada. Lucas se acercó sonriendo.
—Hola.
—Hola.
Silencio.
—¿Qué tal se te da el diccionario?
Frunció el ceño.
—¿El de la RAE...
...o el de Python?
No pude evitar reírme.
—Creo que acabas de confirmar que eres informático.
Él sonrió.
—Era un riesgo que estaba dispuesto a asumir.
Diego le entregó el mazo.
Lucas lo cogió.
Yo levanté la vista.
Él también. Nuestros ojos se encontraron apenas un segundo.
Lucas dejó de prestar atención a sus manos.
El mazo se le escurrió.
Las tarjetas salieron disparadas por el césped.
Silencio.
Y después...
una carcajada general.
Diego se llevó una mano a la frente.
—No falla.
Se acercó a él y le dijo algo que no logré escuchar...
-Lucas
Me agaché a recoger las cartas.
Xana hizo lo mismo.
Los dos fuimos a por la misma.
—¡Ay!
Nuestras frentes chocaron.
—Perdón. —No, perdóname tú.
Se llevó una mano a la frente.
—¿Estás bien?
—Sí.
Me miró.
—¿Tú?
—Creo que sí.
Diego apareció sobre nosotros.
—Voy a empezar a darte las cosas de una en una.
Xana soltó una carcajada.
Yo decidí que quizá podía mudarme de país.
-Xana
Nuestro turno empezó. Comencé yo.
Primera palabra: montaña
Palabras prohibidas: Everest, pico, altura, nieve, subir
—Lo que Junko Tabei y Reinhold Messner se dedicaban a escalar.
—Montaña.
Lucas me miró.
—¿En serio?
—¿Qué?
—Nada.
Segunda palabra: piano
Prohibidas: teclas, música, instrumento, tocar, cola
—Lo que probablemente tienes en casa y tus vecinos desearían que no tuvieras.
—Piano.
Lo miré sorprendida.
—¿Tienes uno?
—No.
—Entonces, ¿cómo...?
—Soy músico, Xana.
—Presumido.
—Pero he acertado.
Tercera palabra: El Señor de los Anillos
Palabras prohibidas: anillo, Frodo, hobbit, Mordor, Tolkien.
Miré la tarjeta.
—Tres películas para devolver una joya.
Lucas abrió mucho los ojos.
—No.
Me reí.
—¿Qué?
—No acabas de definirla así.
—El tiempo corre.
—El Señor de los Anillos.
—¡Sí!
—Pero me niego a aceptar esa definición.
—Has acertado.
—Eso no la hace menos ofensiva.
Sonreí.
—Piensas muy deprisa.
—Tú tienes una relación preocupante con el cine.
— Y acabamos de conocernos. —Precisamente. Me preocupa todo lo que queda por descubrir.
Después de varias rondas, Diego y Barb consiguieron cinco respuestas en un minuto.
Nos volvió a tocar. Esta vez era el turno de Lucas.
-Lucas
Primera Palabra: orgullo
Palabras Prohibidas: vanidad, ego, arrogancia, dignidad, soberbia.
—Primera palabra del título de una de las novelas más famosas de Jane Austen.
—Orgullo
Segunda Palabra: Tenis de mesa
Palabra prohibida: Raqueta, pelota, mesa, red, ping pong.
—Deporte olímpico. Versión profesional del juego que todo el mundo cree saber jugar en vacaciones.
—Tenis de mesa.
Tercera Palabra: Labios
Palabra prohibida: Boca, besar, pintalabios, sonrisa, rojo.
Me quedé bloqueado.
Miré la tarjeta. Miré a Xana.
Y cometí el error de mirar sus labios.
Volví inmediatamente a la tarjeta.
—Eh...
Diego empezó a reír.
—No.
—¡No he dicho nada!
—Pero te conozco.
Xana se estaba riendo.
—Sirven para...
Me detuve.
Una de las palabras prohibidas era besar.
Perfecto.
—Hablar.
Xana frunció el ceño.
—¿Qué?
—Comer. —Lucas...
—Silbar.
Ya estaba riéndose abiertamente.
—Creo que te estás complicando muchísimo.
—Pues ayúdame.
Me miró.
Después miró mi cara.
Y sonrió.
—Labios.
Cerré los ojos.
Por supuesto.
-Xana
Terminó nuestro minuto….
Lucas seguía ligeramente colorado.
Yo intenté no disfrutar demasiado de aquello.
Terminó el juego.
Diego y Barb ganaron, por supuesto. Nosotros no lo habíamos hecho tan mal.
Me acerqué a él.
—Hola, pareja.
Lucas, que estaba bebiendo agua, empezó a toser.
Mucho.
Demasiado.
Le di unas palmaditas en la espalda.
—¿Estás bien?
Asintió como pudo.
—Sí.
Mentía fatal.
Sonreí.
—No hemos jugado tan mal.
—No...
La verdad es que no.
Hubo un pequeño silencio.
Uno de esos que ya no resultaban incómodos. —¿Se te da bien algún otro juego?
Me encogí de hombros.
—Los juegos de mesa. Muchísimo.
—Entonces... me gustaría reservarte como pareja para la próxima.
Levanté una ceja.
—¿De juego?
Abrió mucho los ojos.
—¡Sí!
Quiero decir...
para jugar.
En grupo.
A juegos.
Noté cómo se ruborizaba.
Y, por alguna razón...
eso me pareció adorable.
Él suspiró resignado. —Se me da fatal esto.
—¿El qué?
Sonrió con vergüenza.
—Disimular cuando estoy nervioso.
Lo miré.
Por primera vez desde que lo conocía, no parecía estar intentando esconderlo.
Y, extrañamente, tampoco parecía querer salir corriendo.
Sonreí.
—Pues no disimules.
Levantó la mirada.
—¿No?
Negué despacio.
—No me molesta.
Durante un segundo no dijo nada.
Después sonrió. Y aquella vez fui yo quien tuvo que apartar la mirada.