Jamás y nunca... Hasta mí 4.Emoción o Dirección
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4.Emoción o Dirección

-Lucas

El restaurante estaba cada vez más lleno.

Habíamos juntado varias mesas para los del grupo de alabanza y algunos profesores de la escuela bíblica.

Diego estaba contando algo cuando vi entrar a Barb.

Levanté la mano para saludarla.

Y entonces la vi a ella.

Bajé la mano.

Demasiado rápido.

Mi muñeca golpeó el vaso que tenía delante.

El agua se derramó por media mesa.

—¡Eh!

Varias personas apartaron los móviles y los cubiertos.

Yo intenté salvar unas servilletas que ya no tenían salvación.

Diego me miró. Después miró hacia la entrada.

Después volvió a mirarme.

—Vaya manera de anunciar su llegada.

—Cállate.

—Hola a todos. ¿Hacemos sitio para una más? —dijo Barb—. Quiero presentaros a mi mejor amiga. Xana.

Xana.

Así que se llamaba Xana.

Diego me dio un codazo.

—¿Te paso una servilleta?

—¿Qué?

—Una servilleta. Puedes elegir si es para limpiar la mesa o las babas.

Lo miré.

—Eres idiota.

—Pero un idiota muy observador.

Es cuando caigo en cuenta que volvía a mirarla durante demasiado tiempo.

Y ahora Diego me torturara por el resto de mis días, porque me ha pillado.

Estábamos en extremos opuestos de la mesa, pero descubrí que tenía una capacidad auditiva

extraordinaria cuando la conversación tenía lugar a su alrededor.

Fisioterapeuta.

Tenía su propia clínica.

Conocía a Barb desde hacía años.

No era creyente.

Lo último lo dijo sin incomodidad, simplemente como quien explica un hecho.

Las preguntas siguieron llegando.

Demasiadas.

Empezó a tocar distraídamente el borde de su vaso.

Miró un par de veces hacia la salida.

Parecía incómoda.

Y tuve el absurdo impulso de levantarme y rescatarla de una conversación de la que no había pedido que la rescatara.

Y justo cuando empezaba a preguntarme si debería acercarme...

apareció mi particular Pepito Grillo.

—¿Quieres que te presente?

—No.

—¿Seguro?

—Completamente.

—Perfecto.

Entonces iré yo.

—Ni se te ocurra.

—Ah...

Entonces sí te interesa.

-Xana

Me estaba mirando.

Estaba casi segura.

Casi.

Porque cada vez que intentaba comprobarlo, él encontraba algo tremendamente interesante en otro punto del restaurante.

Las preguntas a mi alrededor empezaban a agobiarme.

—Perdonad. Voy un momento al baño.

Me levanté.

Y mientras caminaba hacia el pasillo cometí el error de mirar hacia atrás.

Lucas estaba mirándome.

Apartó la vista.

Sonreí.

Vale.

Entré al baño.

Me miré en el espejo.

—¿Qué estás haciendo, Xana?

Nada.

Absolutamente nada.

Me lavé las manos.

Me arreglé el cabello.

Esperé. Un minuto.

Dos.

Ridícula.

¿Qué esperaba exactamente?

¿Que apareciera en la puerta del baño de mujeres?

Negué ante mi propio reflejo.

—Definitivamente necesitas comer.

Cuando regresé, levantó la vista inmediatamente.

Nuestros ojos se encontraron.

Y volvió a mirar al chico que tenía enfrente.

Genial.

Ahora sabía exactamente lo mismo que antes.

La comida terminó sin que Lucas y yo intercambiáramos una sola palabra.

Me despedí de todos.

De él no.

Técnicamente, ni siquiera nos habían presentado.

Caminé hacia el coche con una conclusión bastante clara: probablemente me lo había imaginado todo.

Y con una segunda conclusión todavía más clara:

necesitaba dejar de hacer el ridículo mentalmente por un hombre al que ni siquiera conocía.

-Lucas

Marchamos todos, la veo despedirse de todos con la mano y marchar casi a la carrera. Me acerco a Julio y Barb.

Esperé a verla salir antes de acercarme a Julio y Barb.

Casual.

Completamente casual.

—Ey. ¿Qué tal?

Abracé a Julio y saludé a Barb con dos besos.

—Habéis estado muy bien hoy —dijo Julio.

—Gracias.

Decidí empezar por un tema completamente inocente.

—¿Qué tal va el programa de la clínica?

—Muy bien —respondió Barb. —Cuando quieras, puedo pasar a revisarlo.

—No hace falta. Creo que ya está funcionando todo.

—Ah.

Silencio.

Había perdido mi magnífica excusa en menos de treinta segundos.

Silencio.

—¿Y tú amiga?

Barb sonrío. Demasiado.

— ¿Qué pasa con mi amiga? —Nada.

—Lucas

—Simple curiosidad.

—Claro.

Una punzada de decepción me recorrió por un instante.

Pero tal vez seria lo mejor.

Aquella semana terminé revisando algunas copias antiguas del proyecto de BodyTherapy.

Una noche abrí una de las carpetas. BodyTherapy / Xana Alonso

Me quedé mirando el nombre unos segundos.

Xana Alonso.

Cerré la carpeta.

Volví a abrirla.

—Esto es ridículo.

La cerré otra vez.

Y me fui a dormir.

Aquella noche, antes de dormir, volví a hacer la misma oración que llevaba repitiendo desde el domingo.

"Padre...

No entiendo qué me pasa.

Nunca me había ocurrido algo así.

No quiero convertir a una mujer en el centro de mi vida.

Quiero seguir poniéndote a Ti primero.

Pero tampoco quiero cerrar una puerta si eres Tú quien la está abriendo.

Ayúdame a distinguir una emoción... de una dirección."