Isla (La Secuencia del Amor 2) Capítulo 7
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Capítulo 7

L os chicos se reúnen conmigo en el castillo muy temprano a la mañana siguiente.

No me hace gracia renunciar a mi tiempo de gimnasio por segundo día consecutivo, pero las mañanas son el único momento en el que todos podemos vernos, y quiero que empiecen las reformas lo antes posible.

Ayer llamé a Jack para avisarle y, a pesar de tener ganas de pelearse con alguien por la venta del pub, se alegró de tener por fin ayuda.

Entramos por la puerta de servicio trasera, directamente a la cocina. Charlie y Cam están acurrucados junto a la mesa, Jack está preparando café y Lachlan está detrás de los fogones con un delantal. Charlie se levanta de un salto para abrazarme.

—Chicos, esta es Charlie. Charlie, estos son Theo, Henry y Dylan —digo, presentándolos.

—¡Encantada de conoceros! —Charlie les da la espalda y me arquea las cejas—. ¿Por qué no os sentáis todos? El desayuno estará listo en un par de minutos.

—Eres americana —dice Theo, estudiándola.

—¡Me habéis pillado! —Charlie se ríe—. Vine por trabajo, conocí a estos capullos y nunca me fui.

Mi ritmo cardíaco aumenta. No me había planteado cómo reaccionarían los chicos ante la relación de Charlie con mi hermano, Lachlan y Cam.

Me parece tan normal, tan correcto, que ni siquiera pensé en el hecho de que ellos podrían no recibirlo bien.

Observo cómo Theo los analiza y luego miro de reojo para ver a Dylan y Henry susurrándose algo.

Joder. Debería haber dicho algo antes de venir.

Charlie y Cam ayudan a Jack y Lach a servir la comida y luego llevan las bandejas a la mesa. Mientras Charlie se inclina para dejar su plato de huevos, Jack le da un cachete en el culo. Ella suelta un chillido de indignación.

Lach la atrae hacia él, frotándole la nalga con la palma de la mano. —Yo lo curaré, Care Bear.

Ella se zafa de su agarre y tropieza con Cam, que la besa largo y tendido. —Sois insoportables los tres —dice cuando finalmente se separa, con las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes.

Theo se aparta de la mesa, haciendo que su silla chirríe contra el suelo, y sale furioso al exterior. Henry y Dylan se miran y luego se apresuran a seguirlo.

—Lo siento, chicos, dadnos un segundo —me disculpo, corriendo tras ellos.

Theo está esperando en el patio, con una rabia palpable. —¿Esto es algún tipo de puta broma?

—Lo siento. Debería haberos avisado antes de venir —tartamudeo, devanándome los sesos para entender por qué está tan molesto.

—¿Cómo te has enterado? —exige Theo.

Frunzo el ceño confundida. —¿Enterarme de qué?

—No te hagas la tonta, Isla. Es obvio que están ahí dentro burlándose de nosotros. ¿Es una venganza por lo del pub? —Sus ojos son asesinos.

Me dirijo a Dylan y Henry. —¿Podría uno de vosotros explicarme de qué está hablando?

—Cree que se están burlando de nuestra última relación —dice Henry en voz baja.

—¿Qué? —Estoy jodidamente confundida.

Henry se vuelve hacia Theo. —Creo que estás malinterpretando la situación. Sé que es un golpe bajo, pero no tiene nada que ver con nosotros.

—¡¿Qué es un golpe bajo?! —pregunto, levantando las manos con frustración.

—Su relación —dice Henry, señalando hacia la cocina.

—¿Qué pasa, que va contra vuestra moral o algo así? —pregunto, dando palos de ciego.

Dylan suelta una carcajada. —No exactamente.

—¿Podría alguno de vosotros explicarme de una puñetera vez qué está pasando sin hablar en clave? —estallo, frustrada.

—Los tres tuvimos una relación con la misma persona hace unos años. Theo cree que te has enterado y que lo estás usando para fastidiarnos —explica Dylan.

El corazón me late con fuerza en el pecho mientras repaso sus palabras en mi mente. —¿Los tres estabais en una relación con una sola mujer? ¿Eso es lo que estás diciendo?

Dylan y Henry asienten. Theo se queda quieto como una estatua, con su mirada depredadora clavada en mí.

—¿Y has pensado que yo usaría eso contra vosotros? —le pregunto a Theo.

Finalmente baja la mirada y suspira. —Lo siento. Estar ahí dentro ha sacado a la luz cosas en las que no pensaba desde hace tiempo. Parecía demasiada coincidencia.

—Quizá no sea una coincidencia. Quizá sea el destino —digo mientras vuelvo hacia la cocina, dejándolos antes de cometer una estupidez como soltar lo que realmente estoy pensando.

Charlie arquea una ceja cuando vuelvo a entrar. —Todo está bien, solo ha sido un malentendido —digo, mirando por encima del hombro mientras los chicos me siguen al interior.

—Siento si os hemos hecho sentir incómodos —les dice Charlie—. Se me olvida la impresión que debe causar cuando la gente se entera de lo nuestro por primera vez.

—A nosotros no nos impresiona —masculla Theo, retirando una silla para que me siente.

—Oh —susurra Charlie, con los labios formando una O perfecta.

—¿Qué putas probabilidades hay? —pregunta Lachlan, dándome una palmada en la espalda.

—¿Qué me he perdido? —pregunta Cam, mirando a unos y a otros, totalmente perdido.

Jack se reclina en su silla, disfrutando del espectáculo.

Como Theo no responde, Henry toma la palabra. —Mis hermanos y yo estamos familiarizados con relaciones como la vuestra. —Sus mejillas se vuelven escarlatas. Es adorable.

—¡No me jodas! —exclama Cam—. Nunca habíamos conocido a nadie como nosotros. Es agradable saber que no estamos solos. No es que nos importe una mierda —aclara.

—Tenéis que comer —intervengo—. Tenemos trabajo que hacer.

—Sí, señora —repiten los tres chicos al unísono, con una sonrisa burlona en sus rostros.

Estoy de pie junto a Jack, secando los platos según él termina de lavarlos. —¿Quieres que los lleve directamente al anexo? ¿O debería enseñarles todo el castillo para que entiendan mejor lo que buscas?

—Tienen que familiarizarse con el castillo. Queremos que todo fluya y resulte coherente, así que es importante que capten la esencia del lugar —dice Jack, secándose las manos.

—Eso es lo que estaba pensando. Se lo enseñaré hoy y mañana podemos trabajar en la lista de materiales.

Jack me mira con orgullo en los ojos. —No sé cómo los has convencido para hacer esto, pero es brillante. Gracias.

—Sinceramente, todavía no estoy muy segura de por qué han aceptado, pero voy a aprovecharlo.

Jack mira por encima de mi cabeza hacia la mesa y luego vuelve a bajar la vista hacia mí. —Creo que sé por qué han aceptado —sonríe con malicia y un brillo en los ojos.

Frunzo el ceño. —Por favor, cuéntamelo, porque estoy esperando a que salte la liebre por algún lado.

—Isla, los tres te miran como el Sr. Darcy miraba a Elizabeth —dice Cam, apoyando el brazo sobre mi hombro.

—¿Al principio o al final? —me río, sin tomármelo en serio.

Tienen toda una vida a la que volver en Estados Unidos.

No he preguntado, pero apuesto a que planean dejar el pub en un punto en el que pueda funcionar sin ellos y luego volverán a sus vidas reales.

No tengo ningún interés en involucrarme en algo que tiene garantizado romperme el corazón.

A diferencia de Emily Brontë, no me parece nada romántico.

Nos separamos después del desayuno: Charlie y Jack van a echar un vistazo a las ovejas, Lachlan sube a su oficina y Cam tiene que ir a trabajar. Eso nos deja a los chicos y a mí para recorrer el castillo por nuestra cuenta.

—¿Cuál es exactamente el propósito de esto? —refunfuña Theo mientras subimos por la escalera de servicio original hacia la parte central del castillo.

—Te juro que creo que eres la única persona que se quejaría de recibir una visita guiada por un castillo de manos de una descendiente de la familia que lo construyó —pongo los ojos en blanco.

—¿En serio? —pregunta Henry con los ojos muy abiertos.

—Sí. Hace doce generaciones. —Empujo la puerta al final de las escaleras y salimos a un pasillo ancho.

—Es increíble. No puedo creer que haya permanecido en vuestra familia tanto tiempo.

—Se hicieron muchos sacrificios, sobre todo en las últimas generaciones.

Theo interviene: —Todavía no me has dicho por qué estamos perdiendo el tiempo con un tour.

Me giro hacia él y le doy un toquecito en el pecho. —Si te callaras de una puñetera vez, podría llegar a ese punto.

Él me sigue el paso hasta que lo tengo acorralado contra la pared, sin escapatoria.

—Queremos que la reforma se vea igual que el resto del castillo —digo, aplanando la mano contra su pecho para mantenerlo contra la pared.

Él baja la vista hacia mi mano y luego vuelve a mirarme.

Un músculo late en su mandíbula, sus fosas nasales se dilatan y sus ojos se oscurecen.

Arquea una ceja, desafiándome. El corazón me late con fuerza en el pecho y mi mirada salta de sus ojos a sus labios.

Esto me viene grande. Esto es malo. Muy jodidamente malo.

Me lamo los labios nerviosa, observando cómo sus pupilas se dilatan en respuesta.

—Eh, os dejamos a vosotros dos para que lo solucionéis —dice Dylan, arrastrando a Henry por el pasillo.

Theo da un paso adelante y yo doy uno atrás, con el instinto diciéndome que corra. Rápido. Sigue avanzando hasta que me tiene presionada contra la pared opuesta.

—¿Por qué eres tan molesta? —pregunta, con su cara a escasos centímetros de la mía.

Resoplo. —¿Yo soy la molesta? Tú eres el que tiene una enfermedad crónica de mal humor.

Él echa la cabeza hacia atrás y se ríe; una risa de verdad. Dios, es precioso. Me quedo hipnotizada por la fuerte columna de su garganta, la sombra de la barba recorriendo su mandíbula. Se limpia los ojos y me mira. —No había planeado esto.

—¿Planeado qué? —pregunto, concentrada en cómo se desliza su lengua sobre su labio inferior.

—A ti —gruñe.

Mi mirada vuela hacia la suya y de repente me siento como si un depredador me tuviera acorralada. Me agarra por la barbilla antes de que pueda huir. Levantando mi rostro hacia el suyo, me estudia, fijando la mirada en mi boca.

—Ese es mi favorito —dice, deslizando el pulgar por la comisura de mi labio inferior.

—¿Tu favorito qué? —susurro con voz ronca.

—¡Oh, qué bien! Seguís vivos los dos —dice Henry, apareciendo al doblar la esquina y deteniéndose en seco. Theo emite un gruñido de advertencia, pero Henry no le hace caso—. Será mejor que nos pongamos en marcha si queremos llegar al bar a tiempo.