16 #3
Verlo a apenas unos metros de ella le hizo sentir de nuevo una cálida humedad en los ojos y una fuerte presión en la garganta.
Quería abrazarlo, sentirse rodeada por sus brazos y asegurarse de que estaba bien.
John se soltó justo al verlos y gruñó de dolor cuando Justin lo cogió en brazos y comenzó a dar vueltas con torpeza hasta casi tirarlo al suelo.
Bridget se sumó al abrazo sin parar de llorar.
Una vez lo dejaron en paz, John fue hacia su abuelo y lo envolvió entre sus brazos, murmurándole algo al oído.
Cam lo felicitó y le respondió con el mismo tono de voz; consiguieron dejarlo en blanco, sorprendido, sin inmutarse, hasta que Ocean también le recibió con calidez.
Temblando, Coral se acercó hasta que estuvo a un metro de él. ¿Debía abrazarlo o iba a hacerle daño? ¿ O quizás era un momento más familiar y quería…?
—Ven aquí —susurró John antes de alcanzarla y pegarla a su cuerpo.
Ella lo abrazó y se olvidó de sus heridas, concentrándose en la increíble sensación de estar junto a él.
No era consciente de que estaba llorando, tampoco de lo mucho que temblaba, solo de lo feliz que estaba de que todo hubiese ido bien.
Alzó la cabeza y se puso de puntillas para besarlo.
—Felicidades, cariño. Ha sido la mejor pelea que he visto en mi vida.
John le acarició el pelo, sin dejar que se separara de él. Agachó la cabeza para besarla de nuevo cuando Dante se unió a ellos y Ocean les sacó una foto.
—¡Esto hay que celebrarlo! Vamos, campeón, nos ocuparemos de tus heridas y luego puedes irte al hotel con tu novia.
Coral se sonrojó, pero se sumó a las risas.
John le pasó un brazo por los hombros y fueron juntos al vestuario, sin dejar de expresarse lo felices que estaban de la victoria…
y de tenerse el uno al otro. Los dos habían superado sus miedos, confiando y respetándose, abriéndose en canal y exponiendo sus partes más oscuras.
Y tanto él como ella las habían aceptado por completo.
A solas en el vestuario, mientras los demás los esperaban fuera, Coral se encontraba apoyada en la pared y John sentado, enfrente de ella.
Tenía cremas por todo el cuerpo que desprendían un fuerte olor anestésico y se había tomado un par de pastillas que el médico le había dado para el dolor.
Sus anchos hombros estaban desnudos hasta que se puso la camiseta con lentitud, sin querer ayuda.
A él le gustaba sentir el dolor de la pelea. Lo hacía sentirse vivo.
Sin dejar de sonreír, fue hasta él y se colocó entre sus piernas, de rodillas.
—¿Te sientes satisfecho?
Él asintió con lentitud, cabizbajo. Pasaron unos segundos antes de mirarla bajo aquella enorme hinchazón que cubría su ojo izquierdo. El otro no corría mejor suerte. Debía de dolerle bastante.
—Del uno al diez, ¿cómo de mal lo has pasado?
Coral enarcó una ceja y dejó que él la cogiera del brazo para hacer que se sentara en su regazo.
Pensó en mentirle, en decirle que todo había pasado con demasiada rapidez para que ella se preocupara…
, pero hacerlo suponía engañarlo sobre cómo se sentía y ella no quería volver al punto en el que ninguno de los dos era capaz de comunicarse abiertamente con el otro.
Cogiendo aire, lo miró.
—Siendo sincera, bastante mal cada vez que él te golpeaba.
— Al ver que iba a interrumpirla, ella continuó con rapidez—.
En cambio, cuando tú te imponías en la pelea, lo disfrutaba por completo, aplaudía y te animaba a seguir.
Sentía que te liberabas con cada golpe que dabas.
—En un gesto nervioso, se miró las manos.
Siempre había pensado que eran demasiado grandes, pero al lado de las de John parecían las de una niña de cinco años.
Esbozó una sonrisa—. Quería que te desahogaras, que dejaras tu pasado atrás de una vez por todas y también que lo disfrutaras, esta y todas las demás veces que pelees, John. Sé que esta es tu vida, y lo asumo.
Coral contempló su azulada y verdosa mirada, sonriendo cuando él la besó con ternura, apenas un simple roce de labios.
Y aun así, la dejó aturdida y con ganas de más.
Todos los sentimientos que tenía por él comenzaron a agitarse en el interior de su pecho de forma incontrolada.
Supo que aquello significaba mucho para él, aceptar luchar en cada pelea que tuviese John contra el miedo de que pudiera pasarle algo. Lo aceptaba.
Ella fue a levantarse de su regazo para que salieran del vestuario y se reunieran con los demás cuando él se lo impidió. La tenía sujeta por la cintura y se volvió hacia él, confusa.
—¿Va todo bien?
John parecía estar librando otra nueva pelea en su interior.
Lucía agotado, pero con determinación. Él iba a abrir la boca cuando llamaron a la puerta, interrumpiéndolos.
Coral no retiró los ojos de él, esperando pacientemente.
¿Le pasaba algo? ¿Quería compartir otro de sus muchos dolorosos recuerdos con ella?
—¿Chicos? ¿Estáis listos? —habló Patrick—. La fiesta va a comenzar, Dante y los demás os están esperando.
Coral enarcó una ceja.
—¿Pasa algo?
—No. —Él le acarició el brazo con las yemas de los dedos. Su piel reaccionó al instante—. Vamos antes de que Dante venga.
Entrelazó los dedos con los de él y se preparó para horas y horas de fiesta… Se preguntó si era la única que se sentía tan agotada después del estrés al que había estado sometido John durante tantas semanas.