16 #2
John se incorporó con rapidez justo cuando Dmitry iba de nuevo hacia él, queriendo agarrarlo para golpearlo.
John retrocedió un paso, pero no lo bastante rápido como para no sentir un fuerte golpe en su rostro, justo en la nariz.
No lo hizo caer, pero sí lo dejó aturdido y con un hilo de sangre fluyendo por sus labios y barbilla.
Maldición, estaba yendo peor de lo que había supuesto.
—¡Vamos, Johnny, agárrale el brazo y hazle una palanca! —gritó Justin. Parecía estar a punto de salir despedido de su sitio. Bridget lo sujetaba.
John no lo agarró: se agachó una y dos veces para esquivar sus puños y lanzarse contra él, y lo derribó.
Los dos intentaban aferrarse a su oponente, con los rostros cubiertos de sudor, y el de John, de sangre, mas sus muecas mostraban la enorme concentración y esfuerzo que estaban poniendo en el ring.
John relajó las caderas para impulsarse, cogerlo de un brazo y hacer una palanca hacia atrás.
Lo tenía. Su cuerpo fue invadido por una ola de felicidad que volvió a hacerla saltar.
—¡Aguanta, cariño, aguanta! —gritó, al ver cómo el árbitro se acercaba y esperaba antes de intervenir, por si Dmitry se libraba.
La campana de que el primer asalto había acabado fue como un jarro de agua fría. John tuvo que soltarle el brazo e ir hacia la esquina donde se encontraba su equipo. Dante le puso un taburete y le echó agua, ocupándose de la nariz hinchada. No creía que estuviese rota; había parado de sangrar.
—Maldición, ha estado cerca —oyó que decía Ocean.
—Sí… Unos segundos más y… habría acabado.
Cogió una botella de agua que le ofrecía su amiga, le dio un generoso trago y se echó el pelo hacia atrás; de pronto sentía mucho calor. Le picaba todo el cuerpo y estaba sudando. Dmitry permanecía inmutable, escuchando a su entrenador mientras lo atendían.
—John debería tener cuidado de no lanzarse de esa forma hacia Dmitry. —Cam suspiró, sin apartar la vista de su nieto—. Ese ruso golpea demasiado fuerte.
Coral ni veía a las animadoras; le dio gracias a Justin cuando le ofreció una cerveza.
—¿Todo bien? —le preguntó.
Cam, Justin y Bridget estaban pendientes de ella. Esbozando una sonrisa forzada, asintió.
—Sí.
Los luchadores se levantaron y volvieron a pelear.
Los siguientes rounds fueron bastante agresivos e incluso Dmitry comenzó a sangrar, pero su nivel de ataque no bajó: seguía aprovechando cada oportunidad que John dejaba para dejarlo aturdido y lanzarse.
Pero su experiencia lo ayudaba a salir de aquellas forzadas situaciones, cogiendo algún miembro e intentando torcérselo.
Aquello también alertó al actual campeón, que intentaba mantener las distancias y golpear desde lejos.
El público gritaba, animando a su favorito, mientras ella se bebía una cerveza tras otra, intentando inútilmente aliviar su ansiedad.
John estuvo a punto de hacerle una llave justo cuando su contrincante le lanzó una poderosa patada que lo lanzó al suelo.
Como si fuese a cámara lenta, vio justo el momento en el que caía a la lona y se golpeaba el rostro.
El árbitro fue hacia ellos para dar por finalizado el combate justo cuando John giró y se incorporó, sacudiendo la cabeza.
Joder, había estado a punto de perder. La parte izquierda de su rostro se estaba comenzando a inflamar.
Coral se levantó de nuevo.
—¡Joder! ¡Ocean, mira…! ¡Mira la que le está dando!
Su amiga la agarró de la mano, apretándosela.
El árbitro dejó que la pelea continuara tras cerciorarse de que estaba en condiciones.
Los rounds fueron pasando hasta que llegaron al quinto y último.
Si John no conseguía ganar, los jueces iban a ser quienes decidiesen el ganador del combate.
Dmitry parecía bastante fresco, insensible a sus propias heridas.
Cam permanecía callado, de pie, con el rostro arrugado por la preocupación.
Justin daba puñetazos al aire, chillaba y maldecía sin parar.
Se alegraba de ver que no era la única que lo estaba pasando mal.
Coral miró a John, sentado en aquel taburete mientras Dante le hablaba, le decía lo que tenía que hacer y presionaba hielo en varias partes de su torso y espalda, donde comenzaban a formarse moratones.
Le habría gustado estar cerca para saber lo que le había dicho, justo cuando él miró al suelo y frunció el ceño.
Un brillo cargado de firmeza y dolor inundó su vista antes de asentir hacia Dante.
Justo en ese momento, John alzó la vista hacia donde ella se encontraba.
Coral aguantó la respiración al notar lo mal que se encontraba su cara.
Un intenso calor se instaló en su pecho y sus ojos, y sintió la imperiosa necesidad de echarse a llorar y pedirle que todo acabara…
pero no, aquello habría sido dejar que el miedo ganara e impedir que John hiciera lo que amaba: pelear.
Su vida era pelear y él le había pedido que ella también formara parte de ella.
Tenía que aprender a convivir con el trabajo de John si quería estar con él.
Y era lo que más quería.
Coral sonrió con todas las fuerzas que le quedaban y levantó los pulgares, moviéndose con energía, alzando los puños.
Él asintió casi imperceptiblemente antes de levantarse e ir a por el último round .
Dmitry dio dos patadas en el aire, quizás intentando repetir suerte y tirarlo al suelo.
John parecía conocer mejor sus movimientos, pues esperó hasta que el ruso descansó la pierna para lanzarse a por él y derribarlo agarrándolo de las caderas; acabó sentado sobre ellas y, sin dejar un segundo de descanso, sus puños se fueron estrellando contra el rostro de Dmitry; solo paraba cuando este intentaba moverse y zafarse.
El campeón consiguió impactar un puñetazo de refilón, luego otro con más precisión…
que John aprovechó para agarrar con fuerza y tirarse hacia atrás con el brazo de su oponente pegado con fuerza al pecho, haciendo una palanca que sacó un dolorido grito de su oponente que se escuchó en todo el edificio.
El corazón de Coral dio un gran salto dentro de su pecho.
—¡Vamos, cariño! ¡Es tuyo, no lo sueltes! —gritó, dando varios saltos.
Dmitry aguantaba, con el rostro rojo y fruncido por el dolor.
John apretaba los dientes, con el cuerpo en tensión mientras empleaba toda la fuerza que le quedaba en aguantar hasta que el árbitro se acercara y diera el combate por acabado.
Coral se llevó las manos al rostro justo cuando el árbitro lo hacía soltarlo y daba por finalizado el combate.
—¡Ha ganado! —gritó Ocean, estrechándola entre sus brazos.
Justin abrazó a su abuelo y a su mujer antes de ir hacia ella y hacer lo mismo.
Coral estaba con los brazos caídos a los lados del cuerpo, laxa, mientras poco a poco la tensión iba desapareciendo.
Podía sentir los latidos de su propio corazón por encima de todas aquellas voces y esa música.
Sintió el salado sabor de sus lágrimas. Estaba llorando.
Lo había logrado.
Dejándose caer en su asiento, suspiró y negó con la cabeza, esbozando una sonrisa mezclada con sufrimiento y alegría.
Necesitaba abrazarlo, asegurarse de que estaba bien y pedirle que la próxima vez no la hiciera soportar tanto.
Dante lo había cogido de la cintura y lo lanzaba con Patrick y otros de su equipo mientras Dmitry se quedaba en su esquina, carente de emoción.
Había acabado y John era el campeón.
Coral contempló cómo se colocaba John a un lado del árbitro y Dmitry del otro.
El brazo de John fue alzado justo antes de que Pilar le colocara el cinturón, que él se abrochó.
Tenía el rostro hinchado y magullado, pero sus ojos brillaban de felicidad.
Se imaginó todas las emociones que debía de estar viviendo en ese momento, acordándose de su padre borracho, aquel que lo había maltratado durante gran parte de su infancia antes de irse a vivir con su abuelo, o el triste recuerdo de la muerte de su madre y sentir que no pertenecía a ningún lugar, vagando en el Ejército y luego en bares de peleas clandestinas, buscando ansiosamente, pero de forma inconsciente, su lugar.
Y lo había encontrado. En Valley’s Moon , junto a ella.
Lo había conseguido solo, rodeándose de personas que lo amaban y veían en él todo su potencial.
El comentarista se acercó a hacerle una serie de preguntas que él respondió con rapidez, sin dejar de mirar hacia dónde se encontraban ellos.
Justin le hizo un gesto para que lo siguiera, junto a los demás.
Se dirigían hacia los vestuarios. El guardia de seguridad los dejó pasar al reconocer a Justin.
Esperaron al final del pasillo, donde se encontraban los dos vestuarios.
Coral se dejó abrazar por todos, pero permanecía pendiente de la entrada de John, de que llegase hasta ella y tenerlo enfrente.
Se paseó nerviosa bajo la atenta mirada de Cam, quien parecía sentirse igual.
Coral se giró con rapidez cuando escuchó el ruido de la puerta abrirse y un montón de flashes impactar contra ellos, aunque los reporteros tuvieron que quedarse fuera, donde se había celebrado la pelea.
John iba hacia ellos, con un brazo alrededor de los hombros de Dante para servirse de apoyo, con una sonrisa tenue.