16
—¡Coral, Coral! ¡Estoy aquí!
La aludida se giró con rapidez entre todas aquellas personas que iban de un lado para otro, en la parte trasera de donde se celebraba la pelea.
Aquella tarde la habían saludado un total de diez luchadores, a auténticas bellezas que eran las animadoras del ring, algún que otro famoso y, por supuesto, se había encontrado con Pilar Robbie y otros técnicos de la EFL .
No se acordaba casi de ningún nombre, quizás por la tensión que se había apoderado de su cuerpo, pero al ver a Ocean, Justin, Bridget y a un hombre mayor, supuso que se trataba de su abuelo Cam, fue hacia ellos casi corriendo y se lanzó a los brazos de su amiga.
—¡Guau, sí que me has echado de menos! —Separándose, le guiñó un ojo—. Tu tienda va de maravilla, Diamond es una diva. Puede con todo.
Aliviada, asintió.
—Sí, sí que me alegro de veros. Y gracias por todo, Ocean. — Se giró hacia el guapo hermano de John y su mujer, y los abrazó—. Me alegro de veros.
—Nosotros también. —Justin le palmeó el hombro—. Todo va a ir bien, ya verás. No tienes nada de qué preocuparte. Dante estará pendiente en todo momento.
Se obligó a esbozar una sonrisa.
—Oh, Coral, este es Cam, nuestro abuelo.
—Justin le puso la mano en la espalda y la empujó con suavidad para dejarla delante de un hombre mayor bastante atractivo y robusto.
Contempló, asombrada, que su rostro era el mismo de John, pero con unos cuantos años más encima…
Bastantes. Llevaba el pelo completamente blanco cubierto por una gorra, aunque pudo distinguir sus ojos azules verdosos, iguales a los de su pareja.
Era bastante alto y ancho de espaldas y sonreía un poco.
Aquel hombre olía bastante bien, se dijo cuando se acercó.
—Es un placer conocerle, señor…
—Cam, solo Cam. —Le cogió la mano y la apretó con suavidad entre las de él antes de dejarla libre—. John me ha hablado mucho de ti. Me alegro de conocerte, Coral. ¿Estás nerviosa por el combate?
—¿Yo? ¡Para nada! —Hizo un gesto con la mano, quizás demasiado exagerado. Ocean aguantó la sonrisa—. Pero admito que estoy más tranquila ahora que estáis aquí.
—¿Qué tal está mi chico? —Cam miró a Justin—. Tenemos que verlo antes de la pelea. ¿Cuánto queda?
—Una media hora. Deberíamos ir ya, antes de que Dante nos eche a patadas. —Justin se volvió hacia Coral—. ¿Sabes dónde están?
—Sí, seguidme.
Anduvieron por un largo pasillo por el que pasaban cámaras, asistentes…
que iban corriendo de un lado para otro.
Cuando llegó a la puerta del final, donde ponía su nombre en una placa, llamó.
Escuchaba voces dentro, entre ellas las de Dante y Yakiv.
Al entrar, Coral contuvo el aliento… John estaba impecable.
Llevaba unos pantalones de MMA oscuros con unas líneas plateadas, las guantillas, unos zapatos de deporte y una sudadera gris.
Dante estaba de rodillas, hablando en voz baja mientras él asentía, serio, sin expresión alguna en su rostro.
Patrick se acercó a ellos.
—Cam, me alegro de verte —dijo, estrechándole la mano. Miró a los demás con rapidez—. Chicos…
Justin fue hacia su hermano justo cuando Dante acabó y le palmeó la espalda. John alzó la vista.
—Dale una buena paliza a ese ruso. Puedes con él. —Apretó el puño, alzándolo.
John asintió antes de aceptar el tosco abrazo de su abuelo.
—Lo harás bien, chico. Siempre fuiste bueno a la hora de repartir puñetazos y patadas.
En ese momento alguien llamó a la puerta. Una mujer asomó la cabeza; llevaba un pinganillo y un cuaderno pegado al pecho. Parecía bastante estresada.
—Ya es la hora, tenéis que salir. Tenéis cinco minutos —añadió antes de volver a cerrar e irse.
Coral cruzó una rápida mirada con Dante.
No parecía preocupado, más bien serio, concentrado.
Todo iría bien, se repitió de nuevo; John iba a hacerse con el cinturón.
Todos fueron saliendo del vestuario, excepto el entrenador y el resto del equipo.
Ella fue a reunirse con los demás cuando la agarraron del brazo y tiraron de ella hacia atrás.
Acabó impactando contra el torso de John.
—Gracias por estar aquí —murmuró.
Esbozando una sonrisa, le acarició la muñeca.
—No estaría en ningún otro sitio. —Coral se puso de puntillas, para alcanzar sus labios—. Te veo en un rato. Todo va a ir bien.
Su novio asintió, cogió uno de sus mechones y se lo acercó para olerlo. Luego se apartó.
—Sí.
Supo que la concentración le impedía hacer nada más, por lo que se tomó aquel gesto como una despedida para salir con los demás y dirigirse a la zona donde se celebraba el combate.
Tenían pases vip que les permitían estar bastante cerca de la jaula…
Algo que no sabía si era bueno o malo, sobre todo cuando los puños del actual campeón impactaran contra John.
Su contrincante Dmitry no estaba invicto.
Había perdido dos de las doce peleas que había llevado a cabo hasta la actualidad.
Esa iba a ser la tercera vez que defendiera el cinturón.
Solía dejar KO a sus contrincantes a base de golpes secos y demoledores, además de lanzarlos contra la jaula cual juguete que sufría la ira de su dueño.
Cuando llegaron a la zona de la pelea, Coral contuvo el aliento.
Estaba lleno hasta los topes y la música fluía por todo el edificio mientras la gente se acomodaba y hablaba, expectante.
Enseñaron sus pases vip una vez llegaron hasta la zona que John les había asignado.
Coral ocupó su sitio con cierto nerviosismo, pues siempre había sentido gran admiración por la EFL y por fin estaba en uno de los mejores combates.
Ocean le palmeó la pierna.
—¿Has dormido bien?
—¿Estás de coña? —soltó—. No he dormido nada, llevo tanto maquillaje en el rostro que temía que no me reconocieras.
Su amiga se rio.
—Eres una exagerada.
Esbozando una sonrisa, vio que el abuelo de John miraba la jaula fijamente, con los codos apoyados en las rodillas y las manos tapándole la boca.
Quizás no era la única que se encontraba tan nerviosa, después de todo.
Justin hablaba con su mujer, aunque también parecía ausente.
Sí, Dmitry era un hueso bastante duro de roer, pero John no solo era un buen luchador sino que además también contaba con el mejor entrenador de artes marciales mixtas: Dante.
¿Qué estaban haciendo? ¿Seguían analizando diferentes estrategias?
¿Estaba ofreciéndole unas palabras de ánimo antes de salir o… ?
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando un hombre habló a través de los altavoces, presentando a John.
Una música de fondo sonó mientras los espectadores chillaban y aplaudían, cada vez de forma más eufórica, hasta que se vio la figura de John yendo hasta la jaula, respaldado por Patrick y Dante.
John llevaba la capucha de la sudadera, no podía verle el rostro hasta que, antes de subir las escaleras que conducían a la jaula, se quitó toda la ropa hasta quedar con los pantalones de pelea y las guantillas.
Se puso el protector bucal y se acercó al árbitro.
Le pusieron una especie de vaselina antes de cachearlo y dejarlo entrar en la jaula.
El público se volvió loco, vitoreándolo.
—Guau, la gente está muy ansiosa por el combate —dijo Ocean sin dejar de sonreír.
—A John se le ve bastante seguro. —Bridget le guiñó un ojo.
Sí, eso era verdad. Había unas cuatro pantallas encima de la jaula que mostraban de cerca a John, que se movía alrededor, de un lado para otro.
Escuchó un silbido cerca de ella. Al volverse para saber quién había sido causante de semejante dolor en sus oídos, vio que unas filas más arriba se encontraba Anastasia.
Coral suspiró.
—No me lo puedo creer.
Ocean se dio la vuelta. Arqueó una ceja.
—Vaya, esa chica no se cansa.
—Es fan de él —respondió con resignación.
La música cambió en ese momento y sonó otra con una letra incomprensible para ella.
Coral se puso derecha y vio que aparecía el enorme luchador ruso.
Tragó saliva y lo contempló con inseguridad.
La cámara captó sus gélidos ojos claros y los mostró en las pantallas donde antes había aparecido John.
El comentarista seguía hablando, presentándolos y comparando récords, pero Coral era incapaz de prestarle atención.
El campeón era mucho más grande de lo que había parecido en la pantalla de su ordenador.
No estoy aterrada, no estoy aterrada…, se repitió Coral, contemplando con pavor cómo entraba en la jaula y se encaraba con John.
Coral tuvo que apretarse las manos contra el estómago ante el súbito anhelo de ir hacia Dante y pedirle que cancelara el combate.
Estaba aterrorizada. Cerró los ojos y cogió aire, queriendo así calmar los erráticos latidos de su corazón.
Sin lugar a dudas, no era lo mismo ver un combate de personas famosas pero desconocidas que de familiares o parejas. Todo aquello le resultaba una tortura.
Volviendo al presente y alejándose de sus pensamientos, Coral se sorprendió cuando ambos luchadores se chocaron los guantes. El combate había comenzado.
Joder.
Coral se agarró al asiento con las uñas justo cuando John salió disparado contra Dmitry, golpeándolo con sus puños.
Los gritos y ánimos de sus amigos impedían que oyese sus propios pensamientos negativos, lo cual era en sí una ventaja.
Dmitry se colocó los brazos en el rostro, defendiéndose mientras retrocedía.
—¡Vamos John, déjalo en el suelo! —gritó, levantándose de su asiento. Dmitry aprovechó la oportunidad de lanzar una fuerte patada al torso de John justo antes de que volviese a golpearlo y lo tiró al suelo. Coral se llevó las manos a la cabeza—. ¡No, no, no! ¡Joder!