15 #2
Aligerando el paso, correspondió al saludo del resto de los luchadores, que intentaban pararlo.
Vio a Matt cargando pesas, distraído y alejado.
¿Qué demonios le pasaba ese día a la gente de Valley’s Moon ?
¿Habría ido también a las hogueras? Frunciendo el ceño, se olvidó de sus preocupaciones al llegar junto a Coral.
Captó su aroma y sin poder evitarlo, envolvió su cintura con uno de sus brazos y la pegó a él.
Coral, que no lo había oído acercarse, se relajó al verlo. Su boca se curvó en una atractiva sonrisa antes de ponerse de puntillas y besarlo. Acarició su mejilla con el dorso de la mano.
—Hola, cariño, ¿estás listo? ¡Oh, por cierto! —Coral se giró hacia su enorme entrenador, que estaba cruzado de brazos—. Voy a organizar una cena para la despedida de Tat, ¿puedo contar contigo?
Dante asintió, enseñando sus blancos dientes en una enorme sonrisa.
—Por supuesto. ¿A qué hora?
—Es mañana. Podéis venir después de entrenar. Traed a Patrick —dijo, y sus mejillas se volvieron un tono más rojizas—. Eh… Invitad también a Matt.
John frunció el ceño, pero asintió.
—Hablaré con él.
—No, yo lo haré —Dante los empujó con suavidad hacia la puerta—. Ahora salid y divertíos. John necesita relajarse, queda poco para el gran día.
Coral se despidió con un gesto de la mano y se agarró a su brazo, pegándose a él.
John se olvidó del extraño comportamiento que su entrenador había mostrado, sintiendo contra la cara externa los pechos de ella contra su cuerpo.
Se agachó y tomó su boca en un lento y cálido beso, disfrutando de su sabor.
Un suave gemido salió de la garganta de ella. Al separarse, suspiró y se mordió el labio inferior.
—¿Has venido andando? —John le abrió la puerta del coche para que se montara.
—Sí, hace muy buena temperatura. De todas formas, sabía que tenías el tuyo. No le veía mucho sentido a traer el mío.
John cerró y se dirigió a la parte del conductor; Dante estaba mirándolos desde el cristal y alzó la mano como despedida antes de desaparecer de su vista.
Al sentarse acarició el muslo de Coral, sintiendo su suavidad y la calidez que emanaba de él.
La deseaba, otra vez. Removiéndose con incomodidad ante la inminente erección que se formaba en sus pantalones, sintió la mano de Coral sobre su pene, acariciándolo a través de la tela.
Como acto reflejo, levantó con rapidez el pie del embrague y frenó, y el coche se caló con brusquedad.
John miró a su novia. Ella se rio.
—Oh, vamos… No me digas que no te lo esperabas.
—Joder, no —murmuró, sonriendo, contagiado por el buen humor de ella.
—Podemos hacer la compra con rapidez y luego ir a tu casa.
—Su voz era ronca, suave y aterciopelada.
Y si continuaba mirándolo así, John estaba dispuesto a saltarse la compra.
Sí, estaba cansado y había pensado que sin energías para hacer muchos planes por la tarde, pero ella lo devolvía a la vida con sus caricias.
Estaba echada sobre él, tenía los muslos apretados y el vestido subido hasta casi exponer su ropa interior—. ¿John?
¿Qué? Ah, le estaba hablando a él.
—Claro —murmuró con torpeza, volviendo a arrancar el coche.
—¿Soy yo o Dante está… raro?
—Está raro —afirmó, concentrándose en la carretera.
—¿No te ha dicho nada de ayer? —inquirió, mirando distraídamente por la ventanilla para luego centrarse en él.
—Mmm… No. Se fueron a las hogueras, poco más sé. —Por el tono de su voz, supo que había pasado algo. La conocía, poco a poco entendía con total claridad sus gestos y tonos de voz—. ¿Te han dicho algo Ocean y tu prima?
Ella cogió aire.
—Prométeme que no piensas decir nada.
—Está bien… —murmuró.
—Mi prima…, bueno…, digamos que se divirtió. Mucho. —Él asintió, apremiándola a que continuara—. Y… Ocean también. Yo… me preguntaba si Dante también se habría divertido de esa forma.
Aguantando la risa, aparcó en el supermercado. Echó el freno de mano y la se volvió hacia ella, que tenía las cejas enarcadas, expectante por su respuesta.
—Cuando hablas de divertirse, hablas de follar.
Ella se mordió los labios antes de asentir de forma efusiva.
—Exacto.
—Pues… Dante no me ha dicho nada. Pero ha estado distante. Quizás se ha levantado con el pie izquierdo. —Se encogió de hombros y salió del vehículo—. No creo que él haya hecho nada. Es… diferente.
Entrelazó los dedos con los de ella. Seguía sorprendiéndose de lo menuda y pequeña que se veía a su lado.
La envolvía por completo sin darse cuenta, incluso invadía su espacio personal.
Ella no parecía muy preocupada, quizás porque solía ser igual.
Siempre buscaba su contacto, incluso de forma inconsciente.
Tenerla cerca lo agradaba como nada nunca lo había hecho.
—Es guapo, John, muy atractivo para tener cuarenta y tantos años.
Alto, fuerte, tiene una sonrisa muy bonita y es amable.
¡Además, he visto cómo varias mujeres intentan llamar su atención siempre que salimos con él!
Es humano —añadió con lentitud, como si él no fuera capaz de entenderlo—. Claro que le gustará divertirse.
—Él… perdió a su mujer y a su hija, cariño. La primera murió de cáncer, la segunda en un accidente de tráfico, conducía una amiga. —Coral lo miró con sorpresa—. Evita a las mujeres siempre que ellas quieren algo de él.
—Joder, eso es horrible —murmuró, apretándole con fuerza el brazo. Ella parpadeó antes de coger un carro y saludar a la que debía de ser una clienta de su tienda. Luego lo buscó con la mirada—. ¿Cuándo pasó?
—Murió hace unos quince años, cuando él tenía treinta.
Su hija falleció cinco años después, con veintiuno —murmuró; todos lo sabían en el pueblo, pero era un tema del que le incomodaba hablar.
Dante era conocido por ser un hombre fuerte, alegre y positivo.
Nadie conocía su parte más oscura, excepto él—.
Yo lo conocí semanas después de la muerte de su hija; tampoco pasaba yo por un buen momento.
Coral tenía toda su atención puesta en él y, aunque conocía su historia, seguía habiendo partes que no le había contado.
Quizás porque no eran necesarias, como las palizas que le daba su padre de niño, o quizás porque seguía sin estar preparado para revivirlas, sacarlas del oscuro y recóndito lugar en el que se encontraban.
—Es… horrible. Lo siento tanto… por los dos. —Ella le acarició el brazo. John la besó en la cabeza antes de aclararse la garganta—. Es por eso que dudo que él haya hecho algo.
—Claro… Habrán sido imaginaciones mías. Yo… No pasa nada. ¿Has hablado hoy con Yakiv?
—Sí, pero nada importante. Solo sobre el entrenamiento. — John entrecerró los ojos. Ella se adelantó, nerviosa, y comenzó a llenar el carro, ignorándolo. Justo cuando se daba la vuelta para soltar algo, él la agarró de la cintura. Parecía estar muy inquieta— . ¿Qué me ocultas?
—¿Yo? Nada, te he contado lo que sabía de la noche anterior —aseguró, trabándose en algunas palabras.
—¿Ha pasado algo… entre Ocean y Yakiv?
Coral abrió los ojos de par en par.
—¿Tú has notado química entre ambos? —le cuestionó—. ¡Porque yo no!
—Así que se han acostado… —murmuró, sintiendo que la situación era mucho más divertida de lo que había pensado.
—Sí… Y mi prima con Matt, ¿no es increíble?
Es decir, no sé… Tiene veintiún años, es tan joven…
Por supuesto, no le he dicho nada. Es lo bastante mayor como para acostarse con quien quiera.
—John tropezó con una de las ruedas del carro y se golpeó las caderas con uno de los extremos de metal.
Maldición, aquello lo había pillado desprevenido.
Se pasó la mano por la zona y maldijo en voz baja—.
Vale, veo que a ti también te ha sorprendido.
—Maldición, él casi le dobla la edad. —Se quitó la chaqueta para quedarse en manga corta—. Hablaré con él.
—¡No, ni se te ocurra! —John la miró, con duda—. Es adulta, y él también. Que hagan lo que quieran. Créeme, mi prima no va a ir detrás de él.
—No debería…
—Lo que hagan ellos no es cosa nuestra, y menos cuando mi prima es mayor de edad. —Coral empujó el carro y fue hacia la caja—. Mientras tenga cuidado, no me importa y…
John dejó de oírla cuando unos cuantos niños y otros fans más adultos lo rodearon, levantando sus móviles para hacerse fotos con él. Llevaban papeles para que se los firmara. Coral seguía avanzando, hablando sola… hasta que se dio cuenta de que nadie le respondía y se dio la vuelta.
Ella sonrió con ternura y le hizo un gesto para que no se preocupara.
Y una vez más, otras de las muchas virtudes que amaba en Coral eran su paciencia, su cariño y su ternura.
Vio cómo saludaba a otra mujer mientras colocaba los alimentos en la cinta.
¿Existía acaso otra persona con más cariño y dedicación que ella?
John fue arrancado con brusquedad de sus pensamientos cuando un niño le pisó el pie.
Al bajar la vista encontró a un crío de unos diez años sonriéndole con total admiración.
—¿Puedo hacerme una foto contigo y con Coral?
Sorprendido, se volvió hacia su pareja, que acababa de pagar y comenzaba a guardarlo todo en bolsas. Al ver que él la miraba, dejó la compra al lado de la cajera y fue hasta ellos, sonriendo en todo momento.
—¿Pasa algo?
—¿Puedo hacerme una foto contigo y con John? —repitió, estudiándola con unos enormes ojos marrones chocolate.
—¡Por supuesto! Faltaría más.
Verla posando junto a ellos y aceptando la poca intimidad que solían tener, hizo que sintiese una suave presión en la garganta.
¿Qué le pasaba? ¿Por qué Coral conseguía despertarle todos aquellos sentimientos?
Se había acostumbrado a sentirse feliz al tenerla junto a él, a vivir los momentos y despejar su cabeza de los malos pensamientos que antes lo habían acompañado como una pesada carga.
Le había enseñado a disfrutar y a perdonar.