14 #4
Alejándose del grupo junto a John, que la seguía un paso atrás, se apoyó en la barra hasta que capturó la atención de un camarero de ojos claros y pelo negro. De reojo vio que Ocean le presentaba a Yakiv, a quien su prima empezó a dispararle preguntas a toda prisa, sacándole una sonrisa a Dante.
El entusiasmo de Tat era juvenil, aunque se controlaba por no parecer una fan obsesionada… Aunque lo era.
—Tenemos una mesa reservada a nombre de Ocean, ¿nos puede llevar hasta ella?
—Por supuesto.
La delgada figura del camarero salió del interior de la barra y les hizo un gesto a todos para que lo siguieran por unas escaleras de madera que crujían con suavidad por el peso.
Coral se deleitó con la suave música, a pesar de no distinguir la letra por el sonido del ambiente, al igual que con la decoración.
Las paredes estaban casi cubiertas en su totalidad por fotos enmarcadas que mostraban a diferentes personas y pub s.
Coral esbozó una cálida sonrisa cuando su novio le echó la silla hacia atrás.
Tat bufó.
—Por favor, llamen a los bomberos.
—¡Sí, bomberos! —Ocean aplaudió.
—¿Para qué os hacen falta bomberos cuando estamos nosotros? —preguntó Yakiv, cruzando sus enormes brazos sobre el pecho, junto a Patrick.
Ocean y Tat se miraron antes de reírse y hablar entre ellas. Justo en ese momento el alboroto del pub aumentó, a la vez que se escuchaba a varias personas quejándose por los empujones. Coral frunció el ceño.
—¿Qué pasará?
En ese momento llegó el camarero de antes con la libreta y una educada sonrisa en su alargado rostro.
—Ha venido Dmitry, el actual campeón de las MMA , junto a su representante y unos guardaespaldas. Es la primera vez que lo vemos por aquí. —Se encogió de hombros.
Coral apretó los dientes y miró a John, cuyo semblante era impenetrable y en cierto modo aterrador.
Parecía tener sus emociones bajo control…
, pero a la vez le faltaba poco para estallar.
No, la relación entre Dmitry y John era bastante superficial y mala.
El campeón se había dedicado a alimentar los rumores de John y a soltar mierda que solo había conseguido que los aficionados lo vieran más como un exmilitar con ganas de violencia que un luchador comprometido con el deporte.
Coral colocó su mano en la rodilla de él. Estaba tenso.
—Tranquilo —murmuró Dante.
Se escuchaba un grupo de personas subiendo a la segunda planta. Las escaleras crujían con más insistencia que antes. Tatiana y Ocean estaban frente a ellas y parecían bastante preocupadas por cómo fuera a actuar John.
El grupo de personas pasó por su lado. Coral cogió aire para suspirar cuando alguien se quedó justo detrás de ella.
Maldición.
—Bueno, bueno, pero si es el mismísimo John Bernthale .
Coral apretó el muslo de su novio con más fuerza, pero no pudo evitar que se levantara con brusquedad y se diera la vuelta, apabullando con su altura al representante del campeón ruso. Este estaba detrás, cruzado de brazos y estudiándolo con la mirada.
—John, siéntate —habló Dante, tranquilo—. Siéntate. ¿Qué demonios quieres, Jeremy?
—Solo venía a saludar. —Levantó las manos, pero su tono de voz era burlón. Coral decidió levantarse y enarcar una ceja. Jeremy cayó en ella y sonrió—. La famosa novia de John. Dicen que gracias a ti ha dejado atrás su oscuro pasado y sus… malos hábitos. ¿Eres algo así como un ángel guardián o…?
—Estamos disfrutando de una agradable cena, déjenos en paz, por favor. —Coral se volvió hacia el camarero—. ¿Puede cambiarnos a otro sitio que…?
—No será necesario, nos vamos —bramó John antes de coger su mano y tirar de ella hacia las escaleras.
Ella se negó a moverse.
—¡Y un cuerno! No tenemos que irnos…
—Coral. —Era Dante—. Vámonos.
—Señores, por favor. —El camarero parecía bastante preocupado—. Podemos solucionarlo…
Ocean suspiró y se acercó con pesadez, poniendo los ojos en blanco.
—No te preocupes, guapo, nada de lo que digas va a hacer que nos quedemos.
Coral agradeció que su prima se fuese con Ocean en su coche, ya que ella quería ir en el de John y tener intimidad para hablar sobre lo que había pasado.
La cena se había cancelado de forma inesperada, simple y llanamente por haberse encontrado a su rival en el mismo pub .
¿Acaso la reacción de John no había sido algo exagerada?
Llevaban ya diez minutos en el coche y Coral no aguantaba más.
—Vayamos los dos a comer a algún sitio —soltó en medio del tenso silencio que los rodeaba.
John apretó los dedos contra el volante. Su rostro permanecía inalterable.
—Coral…
—¿Qué está pasando, John? —estalló—. Sí, es tu rival, pero creo que irnos y cancelar la cena ha sido…
—¿Exagerado? —terminó él.
—¡Sí, joder! Entiendo que sea tu rival y juegue sucio, pero podemos irnos a otro sitio y…
—Voy a dejarte en tu casa, Coral —soltó con voz tranquila—. Necesito estar solo y…
—Y quedarte a solas con tus fantasmas, hacerme a un lado, como si no fuese tu novia. Genial, no tengo nada más que decir —gruñó, se cruzó de brazos y miró por la ventanilla del copiloto, dándole la espalda todo lo que podía.
—¡Demonios! —rugió John; se desvió y paró en un descampado que estaba cubierto de barro y ramas caídas—. Coral, no te mosquees, por favor —susurró.
—¿Y qué quieres que haga? ¿No se supone que somos una pareja?
Dime qué te pasa, por qué quieres estar solo.
No me des una patada en el culo cada vez que tienes que enfrentarte a los demonios de tu pasado, porque ya sabes lo que opino de ello.
— Coral lo miró fijamente. John intentaba esconder su sufrimiento, pero sus ojos dejaban ver con claridad cuánto le afectaba que Dmitry se hubiese atrevido a hablar de su pasado.
—Lo odio, ¿sabes? —El corazón de Coral dio un salto—.
Me encanta pelear, es mi sueño, mi vida, pero odio la parte en la que todos saben sobre mí.
A veces me gustaría tener el poder de borrar mi infancia.
—Ella lo miró con tristeza, acariciándole el brazo que aún estaba en el volante, como si necesitara apoyarse en él—. Así nadie la conocería.
—¡Pero tú no hiciste nada malo! Acéptalo, John, es parte de ti, siempre va a estar allí, de ti depende aceptarlo y continuar con tu vida de la mejor forma posible —habló con voz pacífica—.
Querer ocultarlo o esconderlo solo agrava tus heridas.
Deja de pelear contra algo que no puedes controlar.
Si quieres que deje de hablar de tu infancia y de lo poco que sabe de ella —continuó—, hazlo callar en la jaula, cariño.
Pero esconderte cada vez que alguien intenta hacerte daño tocando tus heridas no es la solución.
Y que sepas que esto es el principio; a medida que te hagas más famoso y tengas más contrincantes, te echarán aún más mierda.
—Coral cogió aire, dudando entre seguir o callarse.
Él seguía sin mostrar nada de lo que sentía o pensaba—.
Pero nos tienes a todos — añadió con suavidad—, a Dante, a Patrick, Ocean, a tu abuelo, tu hermano…
Me tienes a mí. Y no voy a irme de tu lado.
Nosotros te conocemos. Voy a estar a tu lado, en cada combate, y cada vez que hablen de tu pasado, les daremos la espalda y nos centraremos en el presente.
John miraba hacia el frente, pero Coral sabía que la escuchaba.
Le temblaba un músculo de la mandíbula. Pasados unos segundos y con cierto temor de que sus palabras le hubiesen hecho más daño que bien, vio que se pasaba las manos por el rostro.
Luego se giró hacia ella y la cogió de la muñeca, pegándola a él para darle un apasionado beso.
—Gracias, cariño.
Entumecida por el beso y enfebrecida por el deseo, se humedeció los labios.
—¿Qué? Oh, de nada. Siempre, John.
Él sonreía de aquella forma que la volvía loca… y él lo sabía. Arqueaba las comisuras de la boca lo suficiente como para hacer una mueca de lo más sexy.
—¿Qué te parece si aprovechamos y cenamos los dos solos? — murmuró John, acariciándole la línea de la mandíbula con el pulgar. —¿Los dos solos? —repitió, todavía perdida en el beso que acababa de darle.
—Sí, los dos.
Sonaba tan tentador que solo pudo asentir y lanzarse de nuevo a sus labios.
—Tranquila, Tat, tu prima está bien. Me ha mandado un mensaje, están juntos.
Soltando el aire que había estado conteniendo, asintió, relajada. Movió el cuello de un lado a otro. Coral se había ido con John bastante enfadada y sabía que desde que ella estaba allí no habían podido tener toda la intimidad que solían tener.
Se merecían un descanso.
—Vale, me alegro. Lo que ha pasado allí dentro ha sido muy raro.
—No temas por tu prima, John haría lo que fuera por ella — habló Dante, palmeándole un hombro—. Solo… necesita tiempo.
Se cruzó de brazos.
—De acuerdo, ¿qué hacemos? —Miró a Ocean—. ¿Me llevas a mi casa?
La aludida negó con la cabeza antes de envolver sus hombros con un brazo para acercarla a ella. Los ojos azules de la amiga de su prima brillaban.
—Tengo un plan mejor. ¿Os apetece a todos cenar fuera? Podemos ir al pub de Cassel.
Dante no parecía estar del todo convencido.
—Seguidme en el coche de Coral, tengo una idea mejor. Patrick, Yakiv, veníos conmigo.
El enorme luchador fue junto a Patrick detrás de Dante.
Tatiana entró en el coche de su prima y esperó a que Ocean arrancara.
Comenzó a dar marcha atrás, preparándose para seguir a la furgoneta de Dante.
Fueron por un camino sin luz que apenas se veía más allá de lo que alumbraban los dos vehículos.
Aun así, parecía que los habitantes de Valley’s Moon habían decidido salir aquella noche y aprovechar la buena temperatura, ya que unos kilómetros más lejos vieron a varios coches parados en un descampado, donde había una pequeña hoguera.
Ocean entró detrás de Dante, que aparcó cerca de un frondoso árbol que estaba alejado unos veinte metros de la hoguera.
—Vaya… ¿Qué es este sitio?