14 #3
Coral se mordió el brazo ante el primer contacto de la lengua de John contra su vulva.
Maldición, aquello era demasiado bueno. Le encantaba el sexo oral y, aunque era bastante buena al darlo, lo recibía con entusiasmo pero sin mayor sorpresa, hasta que se había acostado con John.
Pocos sabían de verdad cómo acariciarla y hacer que disfrutara.
Como aquel momento.
Las manos de John rozaban sus muslos subiendo hasta llegar donde se encontraba su lengua. Se movía desde el tenso clítoris, sin tocarlo, hasta el final de la entrada de su sexo. Unos dedos palpaban la entrada, presionando con el pulgar, pero sin entrar.
—John… —gimió—. Maldición, me encanta. Sigue.
Sintió su suave risa contra los labios de su sexo, haciéndola sonreír.
—Te vuelves tan mandona cuando…
—¡Oh! —Coral apretó los dientes. Los labios de John estaban concentrados en el clítoris, chupándolo y dándole suaves golpes con la lengua.
No iba a tardar en llegar. Un dedo excavó y entró en su interior.
John lo movió hasta tenerlo en forma de gancho y lo hizo entrar y salir—.
¡John! —gritó justo antes de llegar al ansiado clímax, agarrándose a la encimera con todas sus fuerzas.
Justo en ese momento él colocó la cabeza del glande en su entrada y empujó hacia dentro. El miembro de John la abrió por completo, sacándole el aire de los pulmones. Se esperó hasta que ella movió las caderas.
—Joder…
Tenía el rostro de John contra su hombro, escuchaba sus jadeos y su respiración entrecortada.
Era tan erótico que su cuerpo se volvió a unir, dispuesto a tener otro abrasador orgasmo.
Él depositó un beso en su cuello, en su mejilla, y llegó hasta sus labios.
Coral le respondió acariciándole el pelo con una de las manos.
—Me encanta, cariño —dijo contra sus labios.
John siguió embistiendo. Coral llevó una mano hasta su clítoris y comenzó a acariciarlo al compás de los movimientos de John y alcanzó el orgasmo con rapidez.
Él se corrió tras ella, sintiendo los enérgicos apretones de su vagina.
Se quedaron quietos hasta que Coral se fue incorporando con ayuda de su novio, quien la envolvió entre sus brazos y la besó.
Disfrutaba de todos los momentos que vivía junto a él, pero lo mejor…
eran sus besos. Eran adictivos. Podía pasarse así horas y horas y no cansarse nunca.
El momento solo mejoró cuando puso las manos a los lados de su cuerpo, aprisionándola.
Su pecho se iba relajando poco a poco, sus respiraciones seguían agitadas, pero no tanto.
Coral se separó unos centímetros y le acarició el rostro, que estaba mitad iluminado, mitad a oscuras.
Quería decir algo, expresar cómo se encontraba en aquel momento.
Pero no hacía falta, John lo veía en sus ojos. Sonriendo, volvió a darle otro beso.
—Estás preciosa.
—Yo… —Negó con la cabeza. Sintió que algo se deslizaba por el interior de sus muslos—. Me alegra tomar la pastilla anticonceptiva.
Él la besó en la frente antes de coger unas servilletas y limpiarle el muslo.
—Sabes que puedes dejarlas, podemos usar condón. —Su voz ronca apenas era un susurro.
Ella negó con la cabeza.
—Tengo períodos muy dolorosos, me ayudan. —Miró cómo tiraba las servilletas a la papelera e iba hacia ella. Era enorme y se movía con la gracia y elegancia de un leopardo—. ¿Vamos a dormir?
John la besó en la boca.
—Vamos.
El resto de los días fueron pasando con bastante rapidez; ya hacía una semana desde que Tatiana había llegado a Valley’s Moon .
Apenas había vuelto a ver a Matt un par de veces, muy rápidas, por lo que la cosa entre ellos no había avanzado demasiado.
Había tenido la suerte de asistir a uno de los entrenamientos de John junto a una «turística» visita guiada por el gimnasio de Dante a manos de Patrick.
Este último parecía ponerse bastante nervioso ante su presencia, pero quizás estaba demasiado claro que ella no sentía nada al verlo.
Al contrario que con Matt.
Había llegado también a conocer a Justin y a su esposa Bridget, quienes le habían dado una cálida bienvenida.
Sí, Justin también estaba muy bueno, tanto como su hermano John.
Se preguntó cómo eran su madre y su padre para que hubiesen tenido aquellos dos hijos.
Pero era un tema tabú; Coral le había dejado caer que no tenían buenos recuerdos de ellos y, por lo tanto, era un límite infranqueable.
Tatiana entró é nuevo en el gimnasio junto a Coral.
Al parecer, ese día iban a cenar con John, Dante y Yakiv.
Ocean los estaba esperando ya en el pub , seguramente hartándose de margaritas mientras coqueteaba con los camareros o hacía nuevas amigas.
John golpeaba los guantes que llevaba Dante, quien contaba.
El sudor corría por su frente y el resto de su cuerpo, dejando surcos que pegaban la camiseta de tirantes blanca que llevaba a su torso.
—La última, uno, dos… ¡Bien! Bien, John. Tu resistencia ha aumentado, ya eres capaz de disparar puñetazos a diestro y siniestro. Recuerda siempre controlar la respiración, te puede jugar una mala pasada. Bien hecho, campeón. —Le palmeó la espalda.
Tatiana observó la actitud de Dante, quien lo animaba todo el tiempo. Sus consejos eran siempre hechos con respeto y sinceridad. Era todo un profesional y se notaba que disfrutaba preparando a John para ser el futuro campeón. Vio cómo los ojos del luchador se iluminaban al ver a su novia.
—Eh, chicas, ¿qué tal? —Dante se limpió el sudor con una toalla. Tatiana se acercó al enorme entrenador para darle un poco de intimidad a la pareja.
—Bien —respondió Coral, animada—. ¿Hemos llegado demasiado pronto? —preguntó.
—No, se nos ha ido el tiempo —dijo con una sonrisa—. Voy a ir a por unos papeles, ahora vengo. ¡John, recuerda que mañana descansas! No te quiero haciendo nada, ¿te enteras?
El aludido asintió; tenía un brazo alrededor de los hombros de su prima.
Al verla, la saludó con un movimiento de la cabeza.
Ella hizo lo mismo antes de darse la vuelta y dejarlos solos, o al menos, para darles algo de espacio.
Había tanta gente en el gimnasio que habría sido imposible darles un momento.
Fue mirando por las paredes unas fotos de Dante cuando era joven, algunas con sus trofeos, otras, recortes de periódicos en las que salía y muchas más.
Unos dedos le dieron en el hombro. Al volverse se encontró con su prima.
—Cariño, vamos nosotras al pub . Ellos se tienen que duchar y Ocean está sola, esperando.
—Claro.
Salieron del gimnasio saludando a varios luchadores y se montaron en el coche.
En unos minutos ya estaban aparcando y fueron directas a la puerta del pub , que parecía estar rebosando de gente.
Entraron con cierta dificultad, esquivando a algunos borrachos que se reían con los rostros muy rojos.
Ocean agitó una mano. Ambas la vieron y fueron con rapidez, esquivando todos aquellos cuerpos.
—¡Hola, chicas! Habéis tardado un… poco.
Tatiana abrazó a Ocean después de su prima y tomó asiento a su lado.
—Lo siento, hemos ido al gimnasio pensando que habían terminado, pero se han retrasado. Nosotras nos hemos venido, pero ellos van a tardar un rato —dijo Coral, y pidió un refresco esa vez—. ¿Qué quieres, Tat?
—Otro refresco, hoy no me apetece cerveza —respondió, mirando con curiosidad a todo ese grupo de hombres y mujeres que parecían festejar algo—. ¿Ha habido algún partido o algo? No entiendo que haya tanta gente.
—Una pelea de MMA —respondió Ocean—. Ha ganado otro luchador de Valley’s Moon . Este pueblo parece ser el núcleo de creación de grandes luchadores.
—Ni que lo digas… —murmuró Tatiana; sus ojos chocaron con los de una enorme mujer.
Parecía estar muy enfadada, cruzada de brazos mientras su grupo de amigas se dedicaban a hacer señas y estudiarlas con ira.
¿Quiénes eran?—. Coral, ¿quiénes son esas mujeres?
Nos miran como si les hubiésemos pegado un chicle en el pelo.
Su prima se giró con su característica elegancia hasta que vislumbró el grupo de mujeres. Se quedó quieta de forma brusca y maldijo antes de coger sus cosas.
—Nos vamos.
Espera… ¿Qué? Tat parpadeó. Agarró a Coral del brazo para detenerla.
—¿Coral? ¿Qué pa…? ¡Demonios, es Nasha! —saltó Ocean—
. Sí, será mejor que nos vayamos…
En ese mismo momento Dante, John, Patrick y Yakiv aparecieron a sus espaldas, hablando y bromeando entre ellos. Al verlas recoger, fruncieron el ceño. John avanzó un paso en dirección a ellas. Estaba tenso y miraba a todas partes, como si se preparara para encontrarse con alguien en especial.
—¿Ha pasado algo?
Coral se puso de puntillas para murmurarle algo.
John se relajó a ojos vista antes de asentir.
Se volvió hacia donde ella le había dicho y puso los ojos en blanco.
Dante y el resto hicieron lo mismo, como si todos estuviesen enterados de algo que había pasado entre su prima y aquellas mujeres.
Tatiana se moría de ganas por saber qué estaba ocurriendo cuando Ocean se agachó sobre su oreja para contárselo todo.
Coral miró con nerviosismo a Nasha. Ni ella estaba tan borracha como la otra vez ni quería volver a ser el centro de atención en una pelea. John le apretó el hombro con calidez; Dante soltó una carcajada y escudriñó el grupo enarcando una ceja.
—No van a hacer nada. Nasha puede parecer bastante violenta, pero sabe que puede tener problemas si lucha fuera del ring. Olvídate de ella.
—Prima, yo me ocuparé de ella. —La voz de Tat llegó hasta ella y pudo agarrarla del hombro antes de que diera un solo paso.
—¡Tat, ni en broma! Ignorémoslas, no creo que vayan a acercarse. Voy a decirle al camarero que nos lleve hasta la mesa.