Irrompible 13 #3
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—¿Te ha pedido disculpas? —preguntó, quedándose quieto.

—Sí, no hay rencor. Supongo que ahora le toca superar esta mierda. —Se encogió de hombros—. Patrick es como un hermano para mí, nunca le daría la espalda.

—Y lo sabe. Está molesto consigo mismo por haberse portado como un capullo con Coral. —Dante se incorporó; le sacaba más de una cabeza de altura. Era lo que tenía medir cerca de dos metros, pensó John—. Voy a ducharme y os veo fuera.

John asintió antes de salir de los vestuarios e ir hacia su coche. Guardó su maleta en la parte trasera y cogió el móvil. Tenía un mensaje de Coral. Una cálida corriente le recorrió toda la espalda hasta acabar en su ingle.

Coral: Ya estamos aquí, a Tat le encanta Valley’s Moon. Tengo ganas de verte.

Esbozando una sonrisa, movió sus dedos con rapidez por la pantalla táctil del móvil para escribirle una rápida respuesta antes de que Patrick y Dante estuviesen allí. Según ellos ponía una cara muy extraña cada vez que estaba cerca de ella o recibía un mensaje suyo.

Yo: En diez minutos estamos allí. Me alegro de que ella esté cómoda. Esta noche no me pienso separar de ti.

Al ver las figuras de Dante y de Patrick, una de ellas exageradamente más grande que la otra, John se montó en su coche y esperó a que Dante arrancara para seguirlo.

Era una noche cálida y apenas corría una suave brisa que resultaba ser agradable.

La luna brillaba sobre el oscuro cielo, dando más luz a las escasas farolas que iluminaban las calles del pueblo.

Valley’s Moon era un pueblo que tenía bastante vida y la gente disfrutaba del buen tiempo saliendo a la calle y yéndose a los pub s o bares a beber hasta hartarse y pasar el tiempo todos juntos.

Él se había criado allí y, a pesar de los malos recuerdos que había tenido en él, irse nunca había sido una opción. Sí huir, sí estar lejos durante un tiempo indefinido, pero volver era algo que nunca había desechado.

Unos minutos más tarde, estaban en el pub irlandés. Dante encontró aparcamiento con rapidez, pero John tuvo que dar dos vueltas antes de esperar a que un coche saliera y tomar el sitio. Al bajarse vio a los dos esperándolo en la puerta mientras hablaban y se reían de algo.

John fue hacia ellos y entraron en el pub .

Todos lo saludaron con alegría, haciéndole preguntas que él se dedicó a ignorar mientras buscaba a Coral.

¿Era él o aquel día había demasiada gente?

Parecía que la mitad de la población de Valley’s Moon se había concentrado allí.

De repente, la encontró, entre todas las cabezas del lugar.

Ocean lo vio y sonrió antes de decirle algo a Coral, que se giró y lo miró. Sus ojos se abrieron y brillaron al verlo. Sonrió ampliamente y esperó a que fueran hasta ellos. A su lado estaba Tatiana, cuyos oscuros ojos iban de él a Dante.

En apenas unos pasos estuvo a su lado, le envolvió la cintura con un brazo y la besó, tomando su boca en un escueto pero abrasador beso. Su sabor lo inundó por completo, su olor llegó hasta su nariz y se perdió en ella. Se separó, apoyó la frente contra la de Coral y le acarició el cuello.

—Te he echado de menos… —apenas musitó, asegurándose de que ella era la única que lo escuchaba.

Un sano color rosa inundó sus mejillas. Coral cogió su mano y le dio un apretón.

—Yo también a ti, cariño. —Se miraron durante unos efímeros segundos antes de que Coral se aclarase la garganta, aturdida.

La química entre ellos era así, explosiva, animal…

Le gustaba ver que no era el único que se sentía hechizado por la presencia del otro— .

John, ella es mi prima Tatiana. Tat, él es John, mi… novio.

Esa palabra suena bien, pensó John antes de estrecharle la mano a su prima, esbozando una sonrisa.

Era bastante diferente a Coral. Sus rasgos eran más bruscos, desde su recta nariz hasta sus rasgados ojos de un color marrón chocolate con motas pardas y bronces.

Por cómo le había estrechado la mano, con energía y fuerza, dedujo que era extrovertida.

Sus labios, delicadamente carnosos, se curvaron en una amigable sonrisa.

—Encantada, John. Quiero decirte que soy fan tuya y apenas podía controlar mis ganas de conocerte.

—Lo mismo digo, Tatiana. Bienvenida a Valley’s Moon —le respondió—. Él es Dante, mi entrenador, y él, Patrick, que también forma parte de mi equipo.

—Os conozco a los dos, os sigo la pista por Internet. —Tatiana estrechó tanto la mano de Patrick como la de Dante, centrándose en este último—. También soy fan tuya, veía tus combates con mi familia. No me puedo creer que os esté conociendo a todos hoy.

—Es un placer. —Dante también le estrechó la mano.

Su prima comenzó a buscar en su bolso con rapidez.

—¿Puedo hacerme una foto con vosotros? —preguntó, sacando su móvil.

—Claro. —Coral habló con rapidez, cogiendo su teléfono. Se apartó con cierta reticencia de John, guiñándole un ojo—. Ponte al lado de John, Tat, os hago una foto. ¿Preparados? Muy bien, salís los dos genial. —Coral miró a Dante—. ¿Te parece bien si te hago a ti una con ella?

—Por supuesto, faltaría más. —El aludido rodeó los hombros de su prima con un brazo, haciéndola sonreír con intensidad.

—Listo, toma, Tat.

—Gracias —dijo, guardándose el aparato en el bolso—. Tengo muchísimas ganas de que sea el combate, John. Sé que vas a hacerlo genial.

—Será un buen combate, eso es verdad —respondió Dante, y pidió una cerveza. Los demás también pidieron lo mismo—. Nos estamos preparando bastante bien para que no nos sorprenda ninguna de sus tácticas ni golpes. ¿Conoces a Yakiv? Quizás se una más tarde, él también está dentro.

—¡Por supuesto que conozco a la Bestia Ucraniana! Demonios, prima, no me dijiste que te codeabas con la flor y nata de las MMA .

Patrick frunció el ceño. Coral aguantó la risa, al contrario que Ocean, que soltó una sonora carcajada.

—¿Flor y nata? No me gusta cómo suena eso.

—¿Qué tal ha ido el viaje? —preguntó John; rodeó los hombros de Coral con un brazo y la pegó a su cuerpo—. ¿Muchas horas?

—Demasiadas, pero ha merecido la pena. Nunca he venido a Estados Unidos, así que acabé los exámenes del primer cuatrimestre y decidí visitar a mi prima.

Me había descrito el pueblo, pero nunca imaginé que era tan abierto y hogareño.

Me recuerda bastante a Sevilla en ciertos aspectos —dijo con una sonrisa—.

Estaré aquí unas dos semanas, ¿crees que sería posible ir a verte entrenar un día?

John asintió.

—Ya lo he hablado con Coral. No hay ningún problema.

Ocean se acercó a la oreja de Coral, quien no dejaba de sonreír al ver la dicha que tenía su prima por estar conociendo a sus luchadores favoritos. Nunca la había visto tan feliz y le alegró haberle dado aquel capricho.

—Tu prima está en las nubes.

—Sí, no podrá dejar de hablar durante los tres próximos días.

Ella observó a su prima, que hacía preguntas a diestro y siniestro, como si hubiese ido preparada desde España.

Las largas horas de viaje habían servido para algo, pensó, sonriendo.

Sintió que John se agachaba y le rozaba la nariz contra la oreja y parte de la mandíbula.

Coral se estremeció y pegó su cuerpo al de él.

—Me muero de ganas por estar dentro de ti, cariño. —La voz masculina había adquirido un tono grave, oscuro y suave como el terciopelo. Sintió su cuerpo despertando con rapidez y la inundó una intensa ola de calor.

Ella alzó la cabeza, perdiéndose en sus cuencas azules verdosas.

—Encontraremos el momento. —Se puso de puntillas para alcanzar sus labios cuando vio a Matt acercándose a ellos—. Oh, ahí está Matt.

—Lo he invitado a unirse, ¿te parece bien? —preguntó.

—Claro, no hay ningún problema.

Matt se acercó con una sonrisa y los saludó a ambos; a ella le dio un suave abrazo y a John, unas palmadas en la espalda.

Sus ojos oscuros pasaron por todos y cada uno de los presentes y se acercó para intercambiar con ellos unas rápidas palabras.

Patrick se echó a un lado, revelando a su prima Tat, quien parecía haber estado charlando animadamente con Dante y Ocean.

Era increíble lo rápido que su prima se adaptaba a los lugares nuevos y lo cómoda que se sentía.

Las luces del establecimiento incidían de manera estratégica sobre su rostro, resaltando su bonita nariz.

—Ella es Tatiana, la prima de Coral —habló Ocean, pidiendo otra cerveza con un gesto de la mano—. Tat, él es Matt, vive también en Valley’s Moon y entrena en el gimnasio de Dante.

Su prima fue a saludarlo con su característica y cálida sonrisa cuando lo miró. Apenas fueron unos imperceptibles segundos. Tatiana estiró la mano, esbozando una sonrisa.

—Un placer.

Matt estrechó su mano, rodeando la estrecha muñeca con los dedos. El pulgar acarició la zona con suavidad, en círculos.

—Es un placer, bienvenida a Valley’s Moon .

—Chicos, ya está la mesa preparada, ¿vamos? —habló Ocean antes de seguir al camarero con una sonrisa, acompañada de Dante y Patrick .