13 #2
John asintió y esperó dentro del cuadrilátero a que Yakiv saliese de los vestuarios.
Miró a su alrededor: los luchadores entrenaban o hablaban unos con otros, a veces soltando palabras de ánimo a John.
Patrick estaba cogiéndole los datos a una mujer que se quería apuntar.
No era borde, pero tampoco se lo podía calificar como educado, no tenía tacto.
Su visión de la vida había cambiado, pero conservaba parte de sus antiguas creencias.
Todo parecía haber vuelto a la normalidad.
Se preguntó dónde estaba Coral. Seguramente con Ocean y Tatiana.
Aquella noche iban a verse, a cenar juntos, e iba a adentrarse un poco más en la vida de Coral.
Iba a conocer a su prima y, por cómo la describía, era muy importante en su vida.
Ella era increíble, cálida, suave, empática…
Se había incrustado en su vida y había pasado a formar parte de ella.
Ya apenas se acordaba de cómo era antes de que ella llegara, pues no guardaba buenos recuerdos. No había más que oscuridad y dolor.
Había cambiado gracias a ella, le había dado el empujón que necesitaba para que dejase de comportarse como un niñato.
Incluso había hecho lo mismo con Patrick.
Le gustaba su visión positiva del mundo, sobre todo cuando hablaba de cómo ella veía el universo, y le explicaba que la vida podría ser incluso más bonita si la gente se dejaba llevar.
Matt se acercó hacia donde él se encontraba. Estaba sudando y acababa de quitarse los guantes.
—¿Ya te vas? —le preguntó John.
—Sí, ya llevo dos horas y es mi día libre, tengo ganas de descansar. ¿Cómo te ves? ¿Preparado para luchar contra Dmitry?
Él asintió.
—Será pan comido.
—Eso ya lo veremos. —Yakiv apareció en ese momento, subiéndose al ring para luchar con él—. Antes tienes que ganarme a mí.
—Ya te he ganado otras veces, capullo —dijo con una sonrisa, poniéndose la protección.
—Me pillaste desprevenido, no volverá a pasar. ¡Eh, Matt! Esta noche nos tomaremos algo en el pub irlandés, vente si te apetece.
—Está bien, ya veré. —Matt se despidió con un gesto y entró en los vestuarios.
Dante los miró. Se centró en Yakiv, que se movía de un lado a otro, ansioso por comenzar.
—Yakiv, dale una buena paliza, ¿te enteras? Quiero que derribes sus puntos fuertes y destroces los débiles, como hablamos el otro día. —Miró a John con seriedad, cogiendo aire. Su enorme pecho se hinchó—. Queda menos de un mes.
—Ganaré —sentenció, sin duda alguna.
—Luchas muy bien, John, pero Dmitry no es tonto. Estará preparado. No esperemos más, ¿estás listo? —Miró a Yakiv, que asintió. Luego a John—. ¿Listo? Luchad, no tenéis que romperos nada, solo quiero que os derribéis el uno al otro. ¡Ya!
Al principio Yakiv se dedicó a darle golpes y recibirlos, apenas intercambiándolos para medirse; estaba actuando como lo hacía Dmitry, pensó John, recordando los combates que había estado viendo la noche anterior.
Coral se había quedado frita, con la cabeza apoyada en su pecho y despatarrada en la cama, con la respiración profunda y relajada.
John supo cuándo Yakiv fue a atacar para derribarlo, levantando la pierna para darle en la cabeza.
Él aprovechó para agarrarla a mitad del camino y hacerlo girar hasta tirarlo al suelo.
A horcajadas sobre su amigo, comenzó a impactar puños, uno tras otro, escuchando los gritos del resto de los luchadores.
Pero no había acabado. Yakiv le agarró un puño y le estiró el brazo.
John se resbaló y acabó debajo de su contrincante.
Su amigo comenzó a soltar golpes contra él.
Dante no decía nada, solo observaba, junto a Patrick.
Dejó que se confiara, sin reaccionar. Todos parecían preocupados menos su entrenador.
Patrick incluso le estaba chillando, queriendo que actuara.
—Demonios, ¡John! ¡Haz algo de una maldita vez!
No, moverse solo iba a conseguir que Yakiv presionara su cuerpo contra el de él.
Aquello podía dejarlo inmovilizado y hacerlo perder.
Si pensaba que se había quedado sin fuerzas, aún tenía alguna posibilidad de ganar.
Justo cuando sus golpes ya comenzaban a hacerle daño incluso a través de las protecciones, cogió uno de sus brazos y se lo echó sobre uno de los hombros, envolvió las piernas sobre él y se giró.
Una palanca.
—¡Demonios, no me lo había esperado! —bramó Patrick.
Tirando con todo su peso, Yakiv intentaba aguantar, queriendo contrarrestar su fuerza con su tamaño.
Pero sabía que iba a perder, cada vez estaba más rojo y apenas le quedaban fuerzas para continuar luchando contra la palanca.
Unos segundos más tarde, Yakiv golpeó la lona.
John lo soltó y cogió aire, relajando los músculos por toda la fuerza que había que tenido que ejercer sobre un hombre tan grande como su compañero.
Miró a Dante, que enarcó una oscura ceja.
—No me mires así, sabía que estabas esperando a que Yakiv se dejara llevar por el momento antes de atacar. Bien hecho, vete a los vestuarios. Suficiente por hoy. Mañana volveremos a entrenar con adversarios, pero varias veces.
—Joder… —murmuró Yakiv, incorporándose con la ayuda de John—. Demonios, tengo que estar más atento. No sé qué prefiero, si tus llaves o tus puños. Maldición, me duelen las costillas.
—Golpeas fuerte, Yakiv, incluso más que yo, pero te falta controlar a tu adversario en todo momento.
John comenzó a estirar los músculos hacia donde se encontraba su bolsa. Patrick fue hasta él, dejando a Dante y a Yakiv conversar sobre la corta pelea. En sus ojos grises no había ningún indicio del antiguo tono rojizo que los había rodeado.
—Yo… siento que debería disculparme, tío.
Sin dejar de estirar un brazo, lo miró.
—¿A qué te refieres?
—Por Coral, por cómo la he tratado. Ya me disculpé, pero… creo también que te jodí a ti.
—Ya ha pasado, no hay rencores —murmuró, cambiando a la parte inferior del tronco.
Comenzó a estirar sin dejar de mirar a un lado y a otro.
Deseaba más que nada ducharse e ir con Coral, volver a capturar su femenino olor y acariciar su suave cabello.
Se moría de ganas de besarla, de estar a solas con ella y de saborear su cuerpo.
Sí, iban a estar todos juntos, pero eso no quitaba el hecho de que la deseaba…
otra vez—. Coral te ha perdonado, y yo también lo he hecho. Vente a tomar algo si quieres.
—Está bien… —Un tono rojizo apareció en las delgadas mejillas de Patrick—. Gracias, tío.
—Te veo luego.
Tras terminar, John entró con rapidez en los vestuarios, saludando a todos.
Algunos le palmeaban la espalda, otros gruñían.
Matt estaba ya vestido y se iba. Tenía el pelo oscuro húmedo y parecía más relajado.
Era un tipo bastante fornido y alto. Si no se equivocaba, había estado en el Ejército durante diez años antes de meterse a vigilante de seguridad en una empresa de tecnología.
—¿Te vendrás luego? —le preguntó, quitándose la camiseta empapada de sudor.
—Quizás me pase, me acaban de llamar del curro. Tengo que solucionar unos problemas. Ya ni respetan los días libres.
John esbozó una escueta sonrisa y asintió con la cabeza al verlo marchar con rapidez.
Se desnudó, entró en una de las duchas y dejó que el agua caliente relajase sus contraídos músculos.
Había sido un día duro, Dante le echaba cada vez más peso, más repeticiones y un mayor número de ejercicios.
Sí, Dmitry era un hueso duro de roer, y muchos otros luchadores que habían aspirado al cinturón apenas habían durado los primeros treinta segundos del primer round antes de caer desmayados a la lona, con la cara encharcada en su propia sangre.
Él no quería ser como ellos. Quería marcar un antes y un después.
Y no, ya no lo hacía por su padre ni por sus palabras.
Había dejado atrás aquellos fantasmas… El recuerdo de su padre borracho llamándolo inútil, desgraciado y escoria antes de golpearlo con sus duros puños había pasado ante él innumerables veces…
, pero ya no estaba en su mente. Iba a hacerlo por y para él.
Para John las MMA eran algo más que deporte, algo más que salir a la jaula y vencer a tu rival.
Para John era un largo proceso en el que estudiaba a su contrincante, entrenaba, tomaba dietas especiales para controlar su peso, se preparaba mentalmente para sentir los golpes de otros sobre su cuerpo…
Era mucho más. Cada vez que ganaba, algo inexplicable recorría el interior de sus venas, llenándolo de dicha, fuerza y felicidad.
Conseguía acallar sus fantasmas y liberar su furia de forma controlada y razonada.
Dmitry era el último peldaño en su proceso antes de tomar el cinturón y hacerse campeón de su peso.
Lo había visto pelear; escondía muchísimas estratagemas y sus puños eran constantes y demoledores; dejaba a sus contrincantes confusos durante el tiempo suficiente como para dar un golpe certero y volver a hacerse campeón.
Pero esa vez todo iba a cambiar.
Cerró los ojos, se apoyó contra la pared y dejó que el agua se llevase todo el jabón.
Cuando decidió que ya estaba lo bastante descansado, se vistió con rapidez tras coger unos vaqueros y una camisa blanca.
Había sido idea de Coral el tomar algo todos juntos, y supuso que al ser la primera vez que veía a parte de su familia, debía dar una buena impresión.
John odiaba las camisetas, al menos en su mayoría.
No solía encontrarlas de su talla y sentía que lo constreñían y no le dejaban tanta libertad de movimiento.
—¿Acicalándote para ver a tu chica, campeón? —Dante entró en el vestuario; se sentó en uno de los bancos y comenzó a quitarse los botines con pesadez—. Patrick se está encargando de cerrar, ¿tiramos los tres para el pub o pasas antes por tu casa?
—No, voy con vosotros. Lleva tú a Patrick.
—Eso haré —afirmó su entrenador—. Por raro que sea, al parecer ahora te teme más a ti que a mí.
—Está confuso por lo de Coral.