Irrompible 13
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—¡Coral, Coral! ¡Estoy aquí!

Apenas tuvo tiempo de girarse hacia donde procedía la voz cuando unos brazos la rodearon con fuerza.

El cabello oscuro de Tatiana le tapó la vista y parte de su nariz, y le llegó un atisbo de aroma a bambú.

Sí, esa era su prima. Al separarse, le echó un rápido vistazo.

La espesa melena le llegaba hasta muy por debajo del pecho.

Sus oscuros y rasgados ojos seguían teniendo esas oscuras y tupidas pestañas que le daban un aspecto exótico.

Y cómo no, iba impecablemente vestida. Tatiana siempre había tenido muy buen gusto. Llevaba una cazadora vaquera, una camiseta rosa debajo y unos entallados vaqueros que marcaban sus torneadas piernas.

—Sigues igual de guapa que cuando te vi por última vez —soltó Coral sin poder contener la emoción en su voz.

Su prima volvió a abrazarla.

—No es lo mismo sin ti —susurró Tatiana—. Te echo tanto de menos… Ya era hora de que me invitaras.

Se separó, la ayudó con las maletas y se dirigieron hacia el exterior del aeropuerto.

—Sabes que te he dicho que eres más que bienvenida siempre que quieras venir.

—Como si fuera tan fácil… Periodismo me tiene hasta el co…

—¡Tatiana! —Coral le envolvió el cuello con un brazo y la despeinó—. No digas esas palabrotas. Ya no eres una niña.

—Lo sé… Lo recuerdo cada segundo que estoy en la facultad, cuestionándome qué demonios hago allí. Eso no es lo mío.

—Deberías haber estudiado para ser veterinaria. —Llegaron hasta el coche, que se encontraba en los aparcamientos del aeropuerto, abrieron el maletero y metieron todas las bolsas y maletas, colocándolas lo mejor posible—. Siempre te han gustado más los animales.

—Ya sabes que mi madre no me habría dejado de dar la lata hasta que me independizara… En fin, cambiemos de tema. ¿Qué tal con John? ¿Cómo va todo?

Tatiana se había montado en el coche y estaba vuelta hacia Coral, expectante. Coral arrancó y sonrió.

—Muy bien.

—¿Enamorada hasta las trancas? —Su prima enarcó una oscura ceja.

—Ya sabes lo que pienso del enamoramiento. Lo veo más… como una etapa de tu vida en la que cometes locuras sin sentido. Yo ya pasé esa etapa.

—Pero tienes sentimientos. —Tatiana se puso las gafas de sol y le alcanzó las suyas. Coral se lo agradeció con una sonrisa.

—Claro que los tengo, lo veo casi todos los días y dormimos juntos. Conozco a su hermano y a sus amigos, claro que tengo sentimientos, pero no he perdido el norte. Estoy más cuerda que nunca —dijo, dándose unos golpecitos en la cabeza.

—Si todo va bien, entonces eso quiere decir que eres feliz. Y si tú eres feliz, yo lo soy.

—Gracias. ¿Qué hay de ti?

—Nada interesante, para ser sincera… Bueno, sí, estoy en Estados Unidos. Me moría de ganas de visitar Valley’s Moon y de ver a John entrenar para un evento de la EFL … Demonios, es como estar viviendo varios de mis sueños a la vez. Mis amigas apenas se creían que venía a visitarte.

—Nos tomaremos muchas fotos, no te preocupes —dijo con una sonrisa, ya de camino a Valley’s Moon .

Si sus cálculos no fallaban, en una hora iban a estar allí.

Se preguntó qué le iba a parecer a Tatiana su casa, sus amigas y el pueblo.

Seguro que le encantaba. Era verde esmeralda, con bosques y lagos que reflejaban el cielo, y al ser ella una amante de todo lo relacionado con la naturaleza, iba a sentirse como en casa.

—¿Tenemos un plan para hoy?

—Sí, comeremos con Ocean y Bridget. Por si no te acuerdas, son amigas, pero Bridget está casada con el hermano de John — explicó, intentando no quedarse embobada con los paisajes por los que estaban pasando en ese momento—.

Esta noche iremos a un pub con John y su entrenador para que los conozcas.

Sé que sientes mucha admiración por Dante, así que lo he planeado todo.

Tatiana aplaudió y lanzó un pequeño chillido.

—¡No me lo puedo creer! Iré preparada para que me firmen un autógrafo, por supuesto, me haré una foto con ellos.

No todos los días tiene una la oportunidad de conocer al mismísimo Dante en persona, ¡y qué hablar de John!

La prensa siempre lo tacha de fantasma, alejado del foco mediático, que aparece solo en las peleas.

—Coral escuchó con atención las palabras de su prima.

—Sí, es bastante… poco sociable. Pero ha cambiado, al menos yo no lo siento así. Ya no.

—Por supuesto, eres su novia, ¿cómo demonios va a comportarse de forma distante? Me dijo tu madre que Sebastián estuvo por aquí… ¿Fue muy pesado? —preguntó, buscando algo en su bolso.

—No… Bueno, sí, quiso que comiéramos juntos, pero poco más. Creo que fui muy clara con él, ¿qué buscas? —inquirió, mirándola de reojo.

—Caramelos, ¡aquí están! ¿Quieres uno? ¿No? —Encogiéndose de hombros, Tatiana los volvió a guardar—. Sebastián nunca ha merecido la pena. Se le veía a leguas.

—Pero es muy guapo. Y una chica que no sabe nada de los hombres… lo idealiza. Como me pasó a mí. —Coral fue consciente de que Sebastián formaba parte de su pasado, no le importaba.

—Siempre has sido demasiado para él… ¿Qué tal va tu tienda?

—Bastante bien; ya que estás aquí, te utilizaré para unos nuevos diseños. —Coral le guiñó un ojo, sacándole una sonrisa.

—Por supuesto; que todo sea eso.

Una hora y veinte minutos más tarde, se dirigían hacia el bar de Jojo.

Tatiana se había dado una ducha y se había cambiado de ropa.

Estaba tan nerviosa por la cantidad de nuevos estímulos que la rodeaban que el jet-lag no parecía haberle hecho mucho efecto.

Por el camino se encontró a Fred y a Rose, quienes le dieron una cálida bienvenida a su prima.

Ella los saludaba con efusividad, dejándolos algo perplejos.

Al entrar en el bar, Ocean sacudió una mano desde la mesa en la que se encontraba y fueron hacia ella. Tatiana le dio un tierno abrazo a su amiga antes de coger asiento. Los azules ojos de Ocean la examinaron con atención antes de clavarse en Coral.

—¿En tu familia sois todos tan guapos o sois vosotras la excepción? —preguntó, frunciendo el ceño.

Tatiana se rio.

—Oh, me moría de ganas de conocerte, Coral me ha hablado mucho de ti.

—Coral es demasiado amable con todos. —Ocean sacudió la mano—. Es la primera vez que vienes a Estados Unidos, ¿no? Bienvenida. Veo que también se te dan muy bien los idiomas.

—Llevo estudiando desde que era pequeña —respondió mientras sus oscuros ojos recorrían el sitio por completo—. Esto es una maravilla. Hay muchísima gente.

—El bar de Jojo es muy famoso y familiar, por lo que los padres suelen traer a sus niños para que se distraigan mientras comen.

Además, la comida está bastante bien —Ocean esbozó una amplia sonrisa y llamó a Jojo—.

Te la voy a presentar, le vas a encantar.

¡Jojo! Mira quién ha llegado, la prima de Coral.

—Oh, encantada, querida, bienvenida a Valley’s Moon . ¿Hace mucho que estás aquí? —preguntó la mujer; la cogió de las manos y le dio un suave apretón.

—Gracias, y no, acabo de llegar. Aún no tengo avión de vuelta, pero no me quedaré más de dos semanas. —Tatiana miró a Coral—. Mi prima ha tenido el valor de invitarme a quedarme en su casa.

Coral puso los ojos en blanco.

—Oh, vamos…

—Espero que Valley’s Moon sea de tu agrado. —Le dirigió una sonrisa antes de girarse hacia Coral, con gesto preocupado—. ¿Cómo va John?

—Bien, bastante bien, entrenando muy duro. Tiene bastantes ganas de luchar contra Dmitry. Estoy segura de que se traerá el cinturón.

—Ese tal Dmitry no me da buenas vibraciones —musitó Jojo—

. Me… me transmite inseguridad, es demasiado grande. Aunque John no se queda atrás. En fin, espero que todo vaya bien.

—John le dará su merecido. —Ocean alzó el brazo—. ¿Qué nos recomiendas para comer? Recuerda que tienes que dejarle a Tatiana un muy buen recuerdo.

—Dejádmelo a mí, traeré la especialidad de la casa, ¿hay algo en concreto que no te guste, cielo? —preguntó en dirección a Tatiana.

—Soy un poco tiquismiquis con la comida y no me gusta el marisco. A todo lo demás, estoy abierta.

Jojo asintió y llamó a un camarero que acababa de dejar las bebidas en una mesa.

—Él os tomará pedido de las bebidas y os traerá un entrante. Yo iré a dar la orden de la comida. Me alegro de conocerte, Tatiana.

Su prima asintió y sonrió, mirando al camarero. Debía de tener unos veinte año, más o menos y estaba completamente rojo.

—¿Os tomo nota de lo que queréis de beber? —tartamudeó.

Tatiana, haciendo gala de su descarada faceta con los hombres, tal como Coral recordaba, se echó el largo pelo a un lado, que relució como una cascada de chocolate.

—A mí me puedes tomar lo que quieras —murmuró, guiñándole un ojo.

Coral puso los ojos en blanco. Ocean se rio.

—¡Oh, Dios mío! Es mucho peor que tú, Coral.

—Te lo dije. Tat, deja al pobre chico y pide la bebida. Yo voy a querer una cerveza.

—Yo otra —dijo Ocean, esperando la respuesta de Tatiana.

—Yo… Tráeme un refresco. Tengo calor. Lo dejo a tu elección.

Coral nunca había visto a un hombre correr tan rápido como lo había hecho el camarero.

John golpeó los guantes de Dante siguiendo el ritmo que él marcaba.

Los brazos le ardían por la necesidad de parar y descansar.

Pero estaba acostumbrado al dolor y podía continuar horas.

Tenía todo el cuerpo caliente por el ejercicio.

Su cuerpo intentaba bajar su temperatura con sudor, pero no estaba terminando de funcionar.

Corría por sus sientes y frente, pecho y torso, hombros y espalda, y le pegaba la camiseta a la piel.

—Bien, muy bien. Dame una más… ¡Perfecto! Bebe algo de agua, le diré a Yakiv que se prepare. ¿Estás bien?