Irrompible 12 #4
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—¿Sabes lo que habría pasado si Patrick no me hubiese mandado un mensaje? —Quiso controlar su tono de voz, pero no podía. Seguía asustado y por su mente pasaban distorsionadas imágenes de todo lo que podía haber sucedido. Ninguna de ellas buena.

Ella no dijo nada; cerró los ojos y negó con la cabeza.

John se sintió mil veces peor. La pegó más a él y se apoyó contra una de las paredes.

Estaba con él, a salvo. La policía iba a llegar allí en unos pocos minutos.

Se alegraba de ver que no estaba malherida.

Sintió de nuevo una ráfaga de ira hasta que ella suspiró entrecortadamente. Se estaba conteniendo.

—Puedes llorar —susurró para que Dante no se enterara.

—No —musitó.

—Coral…

—No —dijo, esa vez más alto—. Solo quiero irme a casa y darme una ducha.

—Está bien —susurró—. Esperaremos a que llegue la policía y luego iré contigo.

Coral se apretó contra él, envolviendo el cuello masculino con sus fríos brazos. Temblaba.

—No me dejes sola. Quédate a dormir, por favor.

Dándole un beso en la frente, su pecho se contrajo. Le ardían los ojos.

—Por supuesto.

Unas horas más tarde y después de haber puesto una denuncia contra Hanks y Laurent , todos salieron de la comisaría.

Patrick lucía muchísimo más mayor, como si le hubiesen echado unos diez años encima.

Dante los esperaba fuera, moviéndose de un lado a otro.

Al parecer, sin nerviosismo. Al verla, le dio un reconfortante abrazo.

—¿Va todo bien?

—Sí, el abogado de John se ha encargado de todo. Parece saber lo que hace.

—Para eso le pago. —John envolvió sus hombros con un brazo y la acercó a su cálido pecho. Ella no se quejó; al contrario, se relajó—. Él nos irá informando.

—Bien —Dante se volvió hacia Patrick—. Te despediría del gimnasio, pero esta vez no has hecho nada.

—Yo no le he robado nada a Jack, al revés, me debe…

—Eso ya no importa —interrumpió John.

Patrick se acercó hacia Coral con cierta rigidez. Sus ojos plateados estaban rojos, pero del cansancio. No había ira ni resentimiento.

—Lo siento… Por todo.

Su escueta pero sincera disculpa le llegó hasta el fondo. No pudo contenerse y le dio un torpe abrazo, y aunque no sintió su respuesta, sabía que algo había cambiado entre los dos. Al separarse, una suave brisa con olor a lluvia llegó hasta ella.

—¿Nos vamos a casa?

—Sí, nos vemos mañana —dijo John en dirección a Dante y a Patrick, quienes asintieron.

El entrenador parecía estar deseando tener un rato a solas con Patrick para darle una fuerte reprimenda.

Se la merecía; por culpa de sus líos había estado a punto de formar un gran escándalo que podía haber manchado el nombre de John…

y, por supuesto, haber dado un buen mazazo a su vida.

Coral nunca se habría esperado que Hanks y Laurent fuesen capaces de violar a una mujer.

Había quedado claro que eran peligrosos.

John abrió la puerta del copiloto. Tras sentarse, él se agachó para besarla en la frente y apoyar la suya ahí. Coral le acarició la mandíbula con la yema de los dedos; sabía que aquel contacto le relajaba. Él le apretó la mano antes de sonreír y cerrar la puerta.

Una vez montados, tomó dirección a su casa, donde iban a pasar la noche juntos.

Coral no sabía qué decir. Permanecieron unos minutos en silencio.

John estaba tenso, su postura lo dejaba claro.

Sus hombros, espalda, cuando cambiaba de marcha…

Sus carnosos labios estaban inexpresivos, al igual que sus ojos azules verdosos.

¿Qué estaba pensando? Coral miró por la ventanilla. El cielo se estaba oscureciendo por una serie de nubes grisáceas cargadas de agua. Iba a llover, pensó con alegría. Ese día iba a dormir escuchando la lluvia caer contra el tejado y el jardín. Desde chica, la relajaba muchísimo.

—Si sigues así de tenso, vas a tener fuertes dolores de espalda mañana —soltó.

John cogió aire y asintió.

—Está bien. Los líos de Patrick han estado a punto de costarte muy caro. Prométeme que, si pasa algo, me lo contarás.

—No podía, John —musitó apoyando la cabeza en el cristal—

. ¿Qué habrías hecho en mi lugar? De todas formas, Jack no pensaba hacerme daño. Quiso defenderme cuando…

—Da igual. —Colocó una mano en su rodilla, apretando con calidez—. Se merece la paliza. Y habría matado a Hanks si no fuese por…

—Ya está, tranquilo. —Quiso relajarlo acariciando sus dedos—

. Mañana viene Tatiana. ¿Dejarás que vayamos a verte al gimnasio?

—Claro. —Sus labios se curvaron en una tenue sonrisa—. Sabes que puedes venir siempre que quieras. Me gusta tenerte cerca.

Sus palabras la derritieron por dentro. John había hecho un enorme progreso desde que habían empezado a salir. Sabía que le costaba, pero lo hacía por ella, por sacar adelante la relación y seguir juntos. Mostraba interés.

—¿Sabes hacia dónde tienes que dirigirte para recoger a Tatiana?

Asintió y su cuerpo se fue relajando poco a poco.

La adrenalina se había ido y sus músculos estaban laxos y ella, caída como un peso muerto sobre el asiento.

Cerró los ojos y apoyó mejor la cabeza. John dejó de hablar y condujo en silencio, quizás consciente de lo necesario que era para ella descansar y alejarse de la realidad durante unas horas.