12
—Muy bien, mañana iré a recogerte al aeropuerto, no te preocupes, cariño. —Coral se apuntó la hora a la que llegaba Tatiana.
—¡Tengo tantas ganas! Te llevo un par de cosas que tu madre me ha metido en la maleta. Dice que se acordó de ti el otro día y las compró.
—Ah, ¿sí? He hablado con ella hace un par de horas y no me ha dicho nada —murmuró, extrañada, sonriéndole a una clienta mientras le cobraba unas prendas de nueva temporada—. Tat, tengo que dejarte. Hablamos más tarde, ¿de acuerdo?
—¡Por supuesto! Dale recuerdos a Ocean y a John… ¡Me muero de ganas por conocerlos! ¿Está tan bueno John como se ve en las fotos de Internet?
Negó con la cabeza y puso los ojos en blanco.
—Anda, adiós.
—¡Hasta mañana!
Colgó, saludó cordialmente a la mujer y le dio el cambio.
Miró el reloj de su trabajo y sonrió. Quedaba media hora para que se fuera a comer con Ocean, Dante y John.
Fue paseándose por la tienda, poniendo la ropa doblada y bien colocada después de todas las personas que habían pasado a lo largo de la mañana.
Sí, las ventas habían ido bien desde el principio, pero tras hacerse pública su relación con John, el número de clientes había aumentado de forma exponencial.
La fama la había ayudado a levantar un poco más su negocio. Dio un rápido vistazo. No había nadie y estaba todo recogido. Puso el cartel de cerrado, cogió la escoba y el recogedor y comenzó a barrer con rapidez.
La campanilla sonó cuando abrieron la puerta. Coral se incorporó.
—Está cerrado, puede…
Se detuvo al ver a Jack dentro, cerrando tras de sí. Sin soltar la escoba, fue incapaz de ocultar su sorpresa al verlo. Se acercó a ella con una sonrisa, midiendo sus pasos, como si temiese que empezara a chillar. Algo que no era muy extraño que sucediera.
—Coral.
Su tosca voz le confirmó que sí estaba delante de ella y que no se lo estaba imaginando.
—¿Puedo ayudarte en algo? —Se alejó un paso, agarrando con más fuerza el palo.
—No voy a atacarte, Coral —dijo, cansado—. No voy a hacerte nada.
—No tienes muy buena fama.
—Si preguntas al grupo de Bridget, no, efectivamente no la tengo.
—No me hace falta preguntarle a nadie más. —Cogiendo aire, se cruzó de brazos—. ¿En qué puedo ayudarte, Jack?
—El combate de John es dentro de… ¿un mes? ¿Menos? — Ella se tensó y esperó—. Y Patrick sigue… metido en la mierda hasta el cuello.
—Hemos hablado miles de veces con Patrick, no podemos controlarlo. Es adulto.
—No te estoy pidiendo eso. —Parecía impaciente—. Me debe cinco mil dólares.
La boca de Coral se abrió por completo. ¿Cinco mil dólares? Eso era… demasiado dinero. Como si le leyera la mente, asintió.
—Sí, ayer mismo decidió robarme en mi taller varias piezas de coche.
—Eso no es posible, ayer estuvo con nosotros.
—Me faltan varias piezas —gruñó, dando un paso hacia ella—
. Y quiero que me las devuelva.
—¿Y qué quieres que haga yo? —preguntó, confundida—. Patrick me odia. Cada vez que me ve aprovecha para insultarme. Puedo hablar con John…
—Mantén a John alejado de esto, ¿te enteras?
Vale, no debía sacar a John en la conversación. Jack parecía demasiado nervioso y estaban a solas. Recordó cuando John le contó que había apuñalado a Justin años atrás. No quería acabar igual. Ella no tenía ni la mitad de la fuerza que él. No podía defenderse, como mucho, esconderse y huir.
—De acuerdo, hablaré con Patrick hoy mismo. Cálmate, ¿de acuerdo? Yo me encargo. Mañana te las devolverá.
—Eso espero, Coral. —La miró fijamente, cruzándose de brazos—. Quiero mis piezas mañana o iré a por Patrick.
Jack hizo un gesto de despedida antes de salir de su tienda con lentitud.
Unos segundos más tarde estaba sola, paralizada.
Su corazón golpeaba su pecho con violencia mientras intentaba coger aire.
¿Qué demonios había pasado y cómo había acabado metida en aquel embrollo?
Corrió hacia la puerta, echó todos los cerrojos y fue hasta el almacén.
¿Dónde vivía Patrick? ¿A quién podía preguntarle sin levantar sospechas? Cogió su móvil del bolso y comenzó a ojear todos los contactos que tenía hasta que apareció el de Bridget. ¿Ella sabía dónde vivía Patrick? ¿Y qué excusa iba a inventarse para que no se lo contara a nadie?
Sin pensárselo dos veces, marcó el número. Bridget no tardó mucho en contestar.
—¡Coral! ¿Va todo bien? No esperaba tu llamada.
—Sí, sí, todo va bien… Eh… ¿Sabes dónde vive Patrick? Dante me ha encargado que le lleve unos papeles sobre la pelea contra Dmitry. ¿Puedes darme la dirección?
—¡Por supuesto! ¿Tienes dónde apuntarla?
Tras darle una respuesta afirmativa, garabateó la dirección en un trozo de papel con rapidez y cogió todas sus cosas para marcharse.
—Estupendo, gracias. Voy a ir antes de comer con John.
—Muy bien. Me alegro tanto de que hayas conseguido que John se… abra —habló Bridget con cierta emoción en su voz. Coral estaba demasiado asustada como para darse cuenta.
—Oh, yo… Bueno, es cosa suya. Te dejo, ¿vale? Era urgente.
—Por supuesto. Hasta luego, nos vemos pronto.
—Vale, adiós.
Se aseguró de haber echado todos los cerrojos y de haber puesto la alarma, salió de la tienda y fue hacia los aparcamientos de atrás, donde estaba su coche.
Sin perder un segundo, se montó y puso el navegador para que la llevase donde vivía Patrick.
Mientras conducía, se preguntó por qué se había metido en aquel asunto y si no era mejor hablar con John.
Aquello no tenía nada que ver con ella… y aun así se veía incapaz de dejar a Patrick solo. Tenía la sensación de que no había tenido una vida fácil, que las experiencias que había vivido lo habían llevado a ser como era: maleducado, desconfiado e irritante.
Aparcó delante de unos pisos, en el único hueco, miró el número del papel y buscó el que debía de ser el hogar de Patrick. Al encontrarlo, llamó al timbre y esperó con impaciencia. Debía de estar allí, pues sus heridas seguían siendo muy visibles.
La puerta se abrió, revelando un ojo gris que la observaba con ira.
—Joder, tía, ¿es que te gusto o qué? Te veo hasta en la sopa.
Podía haberse reído, pero estaba muy nerviosa.
—Déjame pasar, es muy importante.
—Paso, que te den.
Fue a cerrar la puerta cuando Coral metió el pie e hizo palanca y la abrió de todo. Patrick la fulminó con la mirada.
—Déjame pasar, es muy importante lo que tengo que decirte. —Su tono de voz no admitía réplica y, aunque estuvo a punto de cerrarle la puerta en la cara una vez más, asintió antes de hacerle un vago gesto.
—Entra.
El hogar de Patrick era pequeño, modesto y estaba muy sucio, desorganizado. La televisión estaba pausada, como si lo hubiese pillado viendo una película… porno. O al menos eso supuso al ver a una mujer de grandes pechos sobre un tío.
—¿Qué quieres?
Sacudió la cabeza y estudió su lamentable estado.
—Jack ha venido a mi tienda hace apenas unos minutos. —Él se tensó.
—Maldición, John me va a matar por haberte metido en esto… —murmuró entre dientes, llevándose las manos a la cabeza.
—Tú no me has metido —intentó tranquilizarlo—. Escúchame con atención, tienes que devolverle a Jack lo que le robaste, ¿te enteras?
Los ojos de Patrick se abrieron desmesuradamente.
—¿Qué? ¡Yo no le he robado nada! Me sigue debiendo los dos mil dólares, pero yo no he cogido nada que sea suyo. Lo he estado evitando a pesar de haber recibido mensajes y llamadas suyas.
Coral se apoyó contra la pared, aturdida.
—¿Cómo?
—Eso, que es mentira, yo no le he robado nada. Después de veros anoche, vine a casa. No le he robado nada.
—¿Entonces…? —Coral no entendía nada—. Joder…
—¿Cuánto te ha dicho que le he robado?
—Cinco mil dólares —murmuró apenas sin voz, sintiendo que le temblaban las rodillas.
—¿Qué? —chilló—. No es cierto. No le debo nada.
Joder, tía, estás pálida, ¿estás bien? —No, no lo estaba.
Había invitado a su prima a su casa justo cuando la mierda le había salpicado en toda la cara, pensó con culpabilidad.
No podía permitir que le sucediera nada a Tatiana.
Ella le había dicho a Jack que iba a encargarse de todo…
Pero veía que el asunto era mucho más turbio de lo que había supuesto en un principio—.
Joder… ¿Qué vamos a hacer? —preguntó Patrick.
—No lo sé, pero Jack me ha insistido en no contarle nada a John, y yo… Joder, ¿por qué te juntaste con él? —bramó, enfadada.
—Era un niño, no tenía ni puta idea de nada. —Patrick parecía muy decepcionado.
¿Qué se suponía que debía hacer? Tenía que ir a hablar con Jack y confiar en que creyera su palabra. Patrick parecía verdaderamente asustado; dudaba que hubiese robado tal cantidad de dinero. Su móvil comenzó a vibrar en ese mismo instante. Lo cogió y vio que era John. Debían de estar esperándola.
Sacudió la cabeza, mirando el pálido rostro masculino.
—Le diré a Jack que no fuiste tú.
—No te creerá.
—Lo sé —replicó—. ¿Se te ocurre algo mejor?
John tiene que estar concentrado en su próxima pelea.
Con esto se desconcentrará. ¿Es que nunca piensas en las consecuencias futuras que tendrán tus acciones?
Dios, yo solo quería una maldita vida tranquila y me veo en otra mierda aún más grande —explotó, encarándolo—.
Más te vale pensar en algo, porque no pienso cargar yo sola con esto, ¿te enteras?
Él asintió con lentitud, incapaz de replicar.
Coral no esperó más y salió con rapidez hacia su coche, mirando a todos lados.
¿Cómo demonios iba a comer con Dante, Ocean y John mientras una nueva tormenta se cernía sobre su vida?
Puso el manos libres y llamó a John para asegurarle que iba a estar allí en unos diez minutos.
—¿Y tú has estado alguna vez en un evento tan grande de MMA , Coral?
La profunda voz de Dante llegó hasta ella, aturdiéndola unos segundos.
John frunció el ceño. ¿Qué le pasaba? Parecía perdida, alejada de allí.
¿Acaso tenía demasiado trabajo? Miraba a todos lados, se palpaba el móvil cada vez que vibraba y se relajaba al ver que era su prima o madre. Algo no marchaba bien.
Ella negó con la cabeza.